“…Y el universo conspiró… dos universos paralelos se fundieron en una sola órbita trasladándose al unísono, bailando en el espacio con libertad…”
Esperaba por mi turno en la fila del banco. Estaba repleto de clientes y la fila no avanzaba. Unos pasos atrás había un grupo de hombres hablando sin parar. Según la fila se movía el grupo de hombres quedó a mi lado, no tuve otra opción mas que asentir a todas las boberías que hablaban hasta que sentí el impulso de levantar la vista para ver a quién le pertenecía aquella potente voz que escuché entre el grupo….
¡Era mi hombre, el ser que había buscado durante toda mi vida estaba a mi lado, mis sueños de la imagen perfecta, a mi gusto, era como un regalo del cielo!…Tan cerca y tan lejos…
Me integré a la conversación de los caballeros aunque los temas no fueran de mi interés tan sólo para disfrutarme sus ademanes, su belleza, su voz…La fila continuó avanzando y no encontraba cómo moverme de su lado, estaba hipnotizada. Durante nuestra breve conversación busqué la manera de saber un poco más de él, pero no me daba luz. Intenté saber a qué se dedicaba con la intención de que me facilitara su tarjeta de presentación, pero tampoco sucedió. Llegó mi turno, completé mi transacción pero permanecí en el banco con el plan de seguirlo hasta el estacionamiento con la excusa de continuar la conversación. Esperé a que saliera primero que yo y al encontrarnos de nuevo le comenté sobre los temas que discutió en el banco mostrando interés por su opinión. No bien me expresé, un hombre conduciendo un automóvil se detuvo a recogerlo. Me extendió la mano y me dijo “Soy Ernesto, que tengas un buen día”, y mirándole fijamente a los ojos respondí: “Soy Alejandra, encantada de conocerte Ernesto” y el sueño de mi vida partió…
Mi día fue de espanto. Estaba torpe y perdida en mis pensamientos. ¿Que puedo hacer para volver a verlo, como consigo sus datos?-me preguntaba una y otra vez. Se me ocurrió regresar al banco, solicité ver el video de las transacciones del día alegando haber perdido mi billetera, con la suerte de que me lo mostraron y allí lo volví a ver. Traté de tomar ventaja de la empleada que me asistió para saber quién era aquél hombre y todos su detalles, pero se negó a proveer información por ser ésta una confidencial. Intenté persuadirla pero no obtuve resultados.
Decepcionada y frustrada regresé a mi casa para poner mi mente en claro, pero no podía dejar de pensar en él. Me recosté en el sofá para recrear las imágenes que guardaba de él en mi mente. Soñé despierta como si sintiera tocarlo, estar entre sus brazos, sentir su calor, escuchar cosas bonitas al oído con aquella elegante voz…
Mi fantasía fue tan real y tan intensa que sentí como mi entrepierna latía con ansiedad. Rocé mi sexo y sentí la humedad a través de mi ropa. Me desvestí, cerré los ojos y me transporté de nuevo a mi fantasía con aquél hombre soñado. Acariciaba mi cuerpo como si fueran sus manos, sostenía mis senos ofreciéndole mis pezones para que los lamiera, llegué hasta mi entrepierna imaginando sus caricias, introduje los dedos en mi sexo para confirmar la humedad que esta fantasía me regalaba, ya era momento de hacerle un regalo a mi platónico amor… Deslizando los dedos en mis abundantes fluidos rocé mi sexo con desesperación hasta alcanzar un relajante e intenso orgasmo cortesía de mi amor. No quise abrir los ojos para no perder contacto con las imágenes reservadas en mi memoria, mas el placer de haber elaborado una fantasía que tanto disfruté….
Pensé que según pasaran los días mi infatuación por aquel sueño de hombre se iría disipando, pero por el contrario aumentaba y en grandes proporciones. Salía a la calle y miraba a todas partes con la ilusión de encontrarlo, visitaba el banco sin necesidad con la esperanza de volver a verlo, compré un marco para fotos con la firme idea de que algún día nuestra foto lo ocuparía, salía del trabajo con prisa para llegar a mi casa, desvestirme, cerrar los ojos y masturbarme soñando con mi hombre anhelado.
Di por terminadas las citas, las salidas, los encuentros amorosos para guardarme para mi amor de fantasía. Me encapsulé en mis cuatro paredes a soñarlo…
Mi mejor amiga, preocupada por mi encierro me propuso tomar un crucero para solteros y solteras con el firme propósito de hacerme olvidar a mi hombre irreal. Nada ni nadie me iba hacer olvidarlo. Soy una mujer perseverante y optimista, estaba convencida de que aquel hombre de aspecto encantador para mis gustos y sentidos, mi sueño dorado, regresaría a mi vida sin importarme cuanto esperaría por él. Aún así, más por complacer a mi amiga acepté la invitación al crucero para convencerme de que no había otro hombre en el mundo, sólo aquel sueño mío, mi hombre. Partiríamos en dos semanas, mientras tanto mis tardes de amor con mi amado no mermaron.
Llegó el día de partir. Mi amiga estaba muy emocionada y confiada en que ambas encontraríamos a nuestro príncipe azul en alta mar. Yo la ignoraba porque no iba a abandonar mi sueño de reencontrarme con el hombre de mis sueños. Abordamos el barco, localizamos nuestras habitaciones y nos integramos en un mundo de solteros al que me sentía que ya no pertenecía. No puedo negar que la pasábamos muy bien entre hombres guapos e interesantes; entre feos y aburridos, pero de todos aprendimos y compartimos libremente. Estábamos rodeadas de muchos hombres de buenas expectativas y muchas mujeres ambientas de sexo y acción. Yo evadía esa atmósfera, yo allí no buscaba nada.
Al cuarto día de navegación le sugerí a mi amiga visitar el salón de fotos para buscar las nuestras. Era un salón enorme saturado de fotos de pared a pared, así que con paciencia buscamos las nuestras. La búsqueda se convirtió en un lapso de tiempo prolongado, decidimos separarnos para aligerar el proceso. A un rato de estar buscando nuestras fotos mi amiga me llamó para mostrarme una de un prospecto que ella conocía tenía las características que me gustaban en un hombre, a la vez lamentándose de no haberlo visto el todo el viaje. Cuando observé la foto sentí un sudor frío, me temblaron las rodillas y sentí un vahído que he hizo perder el balance. Mi amiga desesperada me sostuvo y me preguntó histérica: “¿Qué te pasa, estás bien? Y yo todavía mareada e incrédula, con lágrimas en los ojos le respondí: “¡Ese es el hombre por quien he suspirado los últimos dos años de mi vida, ese es el dueño de mi corazón, ese es Ernesto!” Nos abrazamos para celebrar el hallazgo. De inmediato me compuse y le dije a mi amiga: “No voy a descansar hasta que lo encuentre”.
Corrí a mi camarote, me cambié de ropa, me retoqué el maquillaje y salí con prisa para buscar a mi amor perdido. Era una misión difícil, era un barco enorme altamente poblado y me quedaban sólo tres días para lograrlo. Comencé la búsqueda por los comedores, luego pasé por el gimnasio, el sauna, el área recreativa y deportes, las áreas de descanso interiores y exteriores y el casino sin tener éxito… Ya agotada de tanto andar pasé por el área de la piscina para tomar un descanso, a la vez seguir mirando entre la gente a ver si lo encontraba. Me senté en el bar a pedir un refresco y unos minutos después escuché su inconfundible voz. Se me erizó la piel, me reí sola de la emoción, respiré profundamente, controlé mis emociones y me viré hacia él. Mi corazón latía descontroladamente, lo observé, cerré los ojos para refrescar mi recuerdo y finalmente me convencí de que en efecto era Ernesto. Interrumpí la conversación que llevaba con otro caballero preguntándole: ¿Ernesto?, me extendió la mano y me respondió: “para servirle joven”. Sentía que mi sonrisa me arropaba toda la cara… “Mi nombre es Alejandra, nos conocimos hace unos años en el banco y conversamos brevemente…” “Pues fíjate Alejandra me acuerdo de ti, ¿como no?, ese día llevabas un vestido corto blanco corto, un bolso verde esmeralda y jamás olvidé tus hermosas piernas. Mi bella Alejandra… No sabes cuantas veces he visitado el banco con la ilusión de volver a verte. Aquel día que te conocí andaba de prisa, y reconozco haber sido muy descortés al no ofrecerte mis servicios” (¡Mis oídos no podían creer sus palabras, estaré soñando!). “¿Y a que te dedicas Ernesto?”-le pregunté por curiosidad. “Soy agente de Bienes Raíces y tú, ¿a qué te dedicas bella Alejandra?” “Soy escritora de una columna de sexología para una revista local”-respondí. “Oh sexo, sexo, el bendito y tan codiciado sexo”-exclamó. Solté una carcajada y le pregunte invadida por la curiosidad: “¿Qué significa el tono de tus palabras? “Ven mi bella Alejandra que te voy a contar…” Me ofreció el brazo y me aferré a él como si fuera un salvavidas.
Salimos del área de la piscina y nos ubicamos en una de las áreas de descanso en el interior del barco. Me relató la historia de su vida, una vida llena de sinsabores y fracasos amorosos, “He tenido la mala suerte de que todas la mujeres que han llegado a mi vida han estado solamente interesadas en mi dinero, nadie nunca me ha querido genuinamente y todas se han vendido a cambio de regalos y plata…” “¿Y qué del sexo?-le pregunté sin reparos. “Pues en años no he podido amar a una mujer como quisiera, ninguna ya merecido mi amor completo”-indicó. Lo que Ernesto no sabía era que había encontrado a su mujer anhelada, la que sería capaz de hacerlo feliz en la dicha y en la pobreza, así de ciego era mi amor por él. Me armé de valor y le conté a Ernesto todos los detalles de mi loco amor por él. Lloré al declararme mi amor y le pedí la oportunidad de demostrarle que lo podía hacer feliz. Ernesto fue muy paciente y en silencio escuchó todo lo que guardaba almacenado en mi corazón. Me secó las lágrimas con ternura. ¿Qué te parece si esta noche nos vamos a bailar después de la cena?-me preguntó. “¡Me encanta bailar contigo!”-le respondí con entusiasmo. “Pues es una cita. Nos vemos a las 10:30 en la discoteca” y nos despedimos con un abrazo cariñoso. Yo no podía creer que lo tenía entre mis brazos, era como un sueño evolucionando a la realidad. Un hermoso despertar gracias a que la vida nos volvió a poner juntos en el mismo lugar.
Llegó la noche. Me arreglé como una princesa y caminé con mi amiga al comedor. Apenas probé la comida porque la ansiedad no me dejaba tragar. No paraba de mirar el reloj, no quería llegar tarde a mi primera cita con Ernesto, me hacía falta y quería sacarle el mayor provecho a la noche. No soporté más tiempo en el comedor, me excusé y caminé hasta los balcones del barco a tomar aire fresco y organizar mis emociones. Lloré de felicidad y di gracias a la vida por regalarme esta oportunidad. Dieron las 10:15 y avancé hasta la discoteca para buscar a mi amor.
La disco estaba vacía, sólo los músicos y mi gran Ernesto estaban allí. Respiré profundamente y caminé hasta él. Le puse la mano sobre el hombro y lo llamé por su nombre. Se viró y me saludó efusivamente: “¡Alejandra!” Me ofreció un trago, el cual rechacé porque quería estar en mis cinco sentidos para él, mas apenas había probado bocado en la cena. Nos cambiamos a otro salón donde tocaban música jazz, más acogedor y más íntimo. Yo estaba en las nubes, feliz de acompañarlo, me sentía tan a gusto a su lado que no dejaba de mirarlo para convencerme de que era real…
Ya Ernesto y yo habíamos compartido nuestras historias personales, ahora nos faltaba estructurar un futuro del cual yo me encargaría. Sin importar cuanto lo amaba y lo había deseado por años, tenía que conquistarlo. Bailamos una pieza romántica al ritmo de jazz. Sentí nervios cuando me le acerqué, cuando lo toqué. Ernesto lo notó y me dijo: “No tengas miedo, relájate y disfruta el momento”. Le hice caso y bailamos muy apretaditos. Le pedí una copa de vino para relajarme y me sentí mejor y más a gusto. Nos enfrascamos en conversaciones sobre la vida, la economía, religión y otros temas. Me observaba detenidamente, en silencio. Sentí la sensación de que Ernesto estaba probando mi intelecto y mis estándares. Fui tomando confianza y me manifesté con naturalidad y sencillez para que conociera lo mejor de mí. Abandonamos el salón de jazz y me llevó hasta los pasillos exteriores con vista al mar. El tiempo pasaba despacio y me disfrutaba cada segundo junto a él.
Ernesto me preguntó dónde vivía y me hizo la observación de que vivíamos relativamente cerca. Le pedí su tarjeta de presentación y me dijo, “Las tengo en el camarote, vamos a buscarla, no quiero perder contacto contigo”. “Yo tampoco”-añadí.
Llegamos a la puerta de su habitación y me pregunto, “¿Pasas o me esperas aquí?”, Yo no pude responder, sólo lo miré con expresión de lujuria, con coquetería. Me tomó de la mano y me hizo entrar. Ordenó un servicio de vino a la habitación. Buscó su tarjeta y me la entregó. Yo la aseguré bien para no perderla, esa era la llave de mi futuro con él. Nos interrumpió la entrega del servicio de vino. Sirvió dos copas y ofreció hacer un brindis. Me puse de pie para brindar junto a él, deslicé mi brazo por debajo de su chaqueta y coloqué mi mano en medio de su espalda, Ernesto colocó su brazo alrededor de mis hombros y levantamos las copas: “Brindo por el día mas emocionante que he vivido en años junto a la mujer mas bella, Alejandra, quien me ha devuelto las ganas de vivir y de volver a amar, salud”-y chocamos las copas. No tenía que dar mas rodeos, fueran ciertas o no sus palabras me estaba dando la oportunidad de manifestarme y cerré el brindis besándolo en los labios.
Ernesto era un hombre ceremonioso, tomó ambas copas, las puso sobre una mesa y me besó con pausadamente. Avanzó sus manos por mi cuello y mi escote, me besaba por todas partes. Yo llevé su mano a mis senos para aumentar su excitación. Acarició mis senos y miró por mi escote, “que sexy la ropa interior que llevas”-exclamó. “¿Te la modelo?-le pregunté con coquería. “Si gustas, pero no te quites los tacones”-me respondió. Me removí el vestido y le modelé mi ropa interior de encaje y mis ligas en mis tacones, tal cual me lo solicitó. Ernesto se sentó a la orilla de la cama y me invitó a sentarme sobre sus rodillas de lado contra él. Lo dejé actuar y me exploró el cuerpo despacio, con suavidad. Yo lo observaba con el deseo de devorarlo, levanté su cabeza y lo besé. Según lo besaba tiré su chaqueta hacia atrás y desabotoné su camisa. Le susurré al oído “quítatelo todo”, me levantó en brazos y me depositó en la cama, me acomodé lo mas sexy que pude sin quitarme los tacones, invitándolo a acompañarme. Su erección era plena. Yo llevaba masturbándome por dos años con una imagen parecida a esta creada en mi mente y ahora lo tenía conmigo….
Ernesto se me acercó despacio. Acariciaba mi piel con calma, levantó mi pierna a lo alto y acarició su contorno. “Me encantan tus piernas, son largas, bien formadas, lucen tan sexy con esos tacones”-dijo. Yo guardaba silencio otorgándole libertad para manifestarse… Flexionó mi rodilla y continuó acariciando la piel de mi pierna. “Eres muy suave”-murmuró. Yo mantenía una sonrisa en los labios, me placía tanto su trato, su compañía, el que escudriñara mi cuerpo… Era obvio que me estaba excitando con su buen trato, su ceremonia de macho en celo.
Continuó acariciando mi pierna en dirección al muslo, sus dedos me hacían cosquillas. Se acercó a mis pantaletas y con los pulgares delineó el contorno de mi vagina. Se acercó y aspiró la fragancia natural de mi sexo con un suspiro que verbalizó con placer: “ahhhh” Me bajó las pantaletas hasta la mitad de los muslos y frotó su nariz contra mi escaso vello púbico, besó la piel de mi sexo e introdujo la punta de la lengua por la parte superior de la abertura de mi vagina alcanzando ligeramente el clítoris, lo que me provocó escapar un suave gemido de placer. Ernesto frotó mi clítoris suavemente con el pulgar y se llevó el dedo a la boca para saborear mis fluidos y volvió a besarme la piel vaginal para continuar con su ceremonia. A ese punto yo ya estaba sufriendo de una ansiedad sexual intensa pero gustosa, me disfrutaba el suspenso en el que me tenía.
Ernesto continuó su viaje por mi cuerpo pacientemente… Besaba mi vientre con besos de fuerte contacto, me mordió algunas veces, me llegó a lamer. Yo permanecía recostada sobre la espalda descansando sobre los codos observando detenidamente como mi amor platónico, ya real y presente, se adueñaba de mi cuerpo. Avanzó hasta mis senos y frotó su lengua entre ambos, se montó sobre mis caderas y con destreza removió mi sostén. Descansé mi cuerpo en posición horizontal. Ernesto primero tomó mis senos, uno en cada mano y los apretó firmemente. Tomó mis pezones rígidos y erectos entre sus dedos índice y pulgar identificando su definición y estado. Acarició la piel de mis brazos desde los hombros hasta las manos, tomó mis manos, entrelazó sus dedos entre los míos y colocó mis manos en su cintura, se inclinó sobre mi cuerpo y me besó apasionadamente. Sumida en ese beso tan deseado, Ernesto tomó ventaja y muy diestramente acomodó su pene en mi vagina hasta lograr penetrarme. Me contorsioné de placer al sentirlo entrar en mi cuerpo.
“¿Te gusta Alejandra?”-me preguntó. Me encanta Ernesto, no te detengas”—balbuceé. Disfrutaba intensamente el contacto directo de su pene inerte y duro rozando mi clítoris. Sus movimientos eran a media velocidad, me estaba disfrutando a mi tanto como yo a él.
Entre el placer y las ganas, me invadió una mezcla de emociones a tres tiempos: aquel día cuando lo conocí en el banco-la imagen fotografiada en mi mente cuando me extendió la mano; el momento que estaba viviendo-mi amor de sueños estaba en mis manos, en mi cuerpo, un sueño convertido en realidad; qué nos deparará el destino, habrá un futuro entre nosotros… Inevitablemente brotaron lágrimas de mis ojos, una mezcla de placer por sexo sabroso, recuerdos y anhelos acompañados de dudas…
Opté por vivir el momento, vivir la realidad aunque fuera sólo por una vez… Abrí los ojos para marcar mi recuerdo del momento y disfrutar la expresión de este hombre fogoso que me entregaba su sexo después me haberme masturbado por tanto tiempo con él en mente. Me entregué completamente, gemí de placer genuino, Ernesto era muy diestro en sus movimientos y habilidades, me había hecho sentir especial…
Ernesto continuó con movimientos más acelerados, cerraba los ojos, elevaba la cabeza y me penetraba en silencio pero con muchas ganas. Contribuí moviendo mis caderas contra su sexo con fuerza, con ansias de orgasmo, de dulce conclusión para ambos. No fueron necesarias las palabras, nuestras miradas desafiantes se cruzaron para comunicar el gusto por lo compartido, por el mismo deseo de completar esta intensa la ceremonia de pasión y placer. Sin mediar palabras explotamos al unísono liberando nuestros cuerpos de tensión y ganas complacidas. Ernesto se mantuvo dentro de mi cuerpo y me continuaba penetrando con movimientos lentos para drenar hasta la última gota de su encanto. Interrumpió el silencio diciendo: “Siento las contracciones de tu sexo en el mío como un respiro profundo para relajarse” Le respondí con un suspiro de relajación imitando la reacción de mi sexo. Todavía dentro de mi cuerpo se inclinó y me besó en los labios en repetidas ocasiones.
Nos incorporamos con calma, pausadamente…. Ernesto se recostó a mi lado, volteó la cabeza y me dijo, “No te quitaste los tacones” Flexioné una rodilla y crucé una pierna sobre la otra. Me acarició la piel y me dijo: “Me encantan tus piernas”
Me volteé sobre el estómago, flexioné las rodillas y crucé las piernas para exponerlas con coquetería. Ernesto se puso de lado y elevó su cabeza y la colocó sobre la palma de la mano. Me observó, me acarició el rostro, me acomodó el cabello y añadió: “He disfrutado tanto este momento contigo… Te quiero volver a ver, ¿aceptarías compartir conmigo ya en tierra? Yo primero sonreí, asentí con la cabeza y añadí: “Esperé dos años para encontrarte, no te voy a perder otra vez…” Ernesto me respondió con una sonrisa, una sonrisa sencilla, una sonrisa de agrado, de halago…
Pasamos el resto de la noche juntos y el resto de los días de crucero. Finalmente realicé que la vida me había condonado el derecho a ser feliz con el hombre de quien me enamoré a tontas y a locas, lo era intensamente a su lado. Sin importarme su dinero o su posición, me hacía feliz su compañía, sus atenciones, sus besos y la manera tan sabrosa que me hacía el amor, aún con los tacones puestos. Era un hombre completo y me llenaba a cabalidad. Mis deseos, mis sueños fueron cumplidos…
Una semana después de haber regresado a casa escribí una nota a la compañía del crucero: “Participé del viaje para solteros y solteras. Encontré mi amor. Gracias”
Artemisa©

4 comentarios:
Bravo, bravo,
Me quito el sombrero, tu imaginación merece un aplauso de pie. "Ernesto se mantuvo dentro de mi cuerpo y me continuaba penetrando con movimientos lentos para drenar hasta la última gota de su encanto". La frase "Drenar su encanto" es sencillamente genial. Dice el refrán que de poetas y locos todos tenemos un poco y de cierto te digo que me encanta tu locura y más aun tu poesía.
Estupenda!!! Definitivamente esta en mi lista de mis favoritas
..."Yo no podía creer que lo tenía entre mis brazos, era como un sueño evolucionando a la realidad. Un hermoso despertar gracias a que la vida que nos volvió a poner juntos en el mismo lugar"...
Asi me sentire cuando vuelva a ver a mi amado.
Simplemente GENIAL...
Q padre historia ... Me envolvió x completo deje todo lo q estaba haciendo x leerla de principio a fin... Pocas personas tienen la magia de transportarte y hacer q q sientas las cosas como si fueras tu la q esta viviendo la historia ..... Me envolviste cazadora felicidades!!!!! Eres la mejor :):):) salu2
Exelenteeeeee!!!!!!!!!!!
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