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SED

Tenía deseos de ejercitarme y salí a dar una caminata.  Era un encantador día de primavera.  El cielo azul muy claro, brisa fresca, los árboles florecidos, me sentí en contacto directo con la naturaleza.

Pasaba todos los días por la misma carretera.  Siempre veía a este hombre forzudo y buen mozo en los alrededores de su casa.  Era tanta la frecuencia con la que nos veíamos que ya nos saludábamos con la cortesía de buenos vecinos.

Ese día durante mi caminata pasé por la misma carretera de todos los días y para mi sorpresa allí estaba él limpiando su auto.  Nos saludamos con un simple “hola, buenas tardes” y continué mi caminata.


En el camino de regreso y para mi sorpresa, estaba allí todavía.  Me estaba esperando con un vaso de agua fresca y una flor de su jardín.  “Que detalle” pensé…. Y me dio conversación…

Comentamos sobre lo simpático de vernos casi a diario y que inesperadamente surgió la oportunidad de conocernos.  Pero él añadió que tenía la curiosidad de saber más de mí...

Compartimos muchas anécdotas y perdimos la noción del tiempo hasta que anocheció.  Me invitó a pasar a su casa para tomar un refresco, “que más da!’–pensé y acepté.

Era un hombre sencillo, recuperándose de un matrimonio fracasado, trabajador, interesante, seductor…

Pasamos a su casa y me invitó a ponerme cómoda mientras me servía el refresco.  Me senté en su sala y lo esperé.  Me sirvió el refresco acompañado de frutas frescas, “otro elegante detalle”-pensé…

Brevemente volvió a tocar el tema de su divorcio el cual escuché atentamente sin hacer comentarios, pero pude sustraer entre líneas que era un hombre necesitado de atención, sexo y amor.  Yo no se las podía facilitar todas, pero sí una de ellas…

Me invitó a acompañarlo a preparar la cenar.  Prometió prepararme un plato exquisito y acepté su invitación. Me sentí en total confianza y le pedí si me podía duchar porque estaba sudada y necesitaba refrescarme para poder acompañarlo en la cocina.  Asintió, me facilitó una toalla y me guió hasta al baño.

Estaba disfrutando de la ducha y él entró al baño y me preguntó si quería algo limpio para vestir.  Yo estaba de espaldas y cuando me viré me tropecé con sus ojos disfrutando mi cuerpo.  Le sonreí… Se acercó y deslizó un dedo por mis cuervas.  “Me haces cosquillas” le dije.  “¿Me quieres acompañar?” le pregunté.  No lo pensó dos veces y me acompañó. Yo comencé a enjabonarlo por la espalda y me disfruté acariciarle el cuello, los brazos… Cuando de repente se viró hacia mí, me agarró por la cintura y me acercó hacia él.  Me miró muy seriamente por unos segundos y arropó mis labios con su boca. Nos besamos con sed, con deseo…

Se tomó la molestia de explorar todo mi cuerpo. Con dulzura, con curiosidad, con inocencia, como si hubiese sido el primer cuerpo femenino que hubiese tenido entre sus manos.  Yo lo dejé explorarme, sentir mi piel mojada, acariciarme con el jabón y las burbujas…

Salimos de la ducha y partimos hacia la cocina para preparar la cena. Lo disfrutamos, nos reímos muchísimo y nos sentamos a cenar.  Se lució con sus destrezas culinarias, me complació con plato delicioso según me lo ofreció. Terminada la cena, se excusó por no tener postre disponible.  “Oh no te preocupes, de eso encargo yo…” –le respondí.

Había visto en su nevera un frasco de jarabe de chocolate… “¿Estás listo para el postre?”-le pregunté.  Me respondió afirmativamente.  “Muy bien, pues espérame en tu habitación”. Fui a la nevera, tomé el jarabe de chocolate, me desnudé y me forré el cuerpo con el jarabe y caminé hasta su habitación.  “Este es tu postre” -le anuncié… Se levantó de la cama y entre carcajadas comenzó a lamer todo el chocolate de mi cuerpo.  Según me lamía me acariciaba y me besaba.  Yo me sentía como un dulce pecado…

Probó mi cuello, mis senos, mis pezones, mis hombros, mi estómago y se arrodilló en el piso para lamer mi sexo embarrado en chocolate.  Después de disfrutármelo por un rato lo puse de pie y pedí que se acostara en la cama sobre su espalda, tomé el jarabe y bañé su sexo también.  Lo lamí de la misma manera que él me degustó a mí, con gusto, saboreándolo, inyectándolo de pasión y ganas…

Habiéndonos comido todo el chocolate de cada uno me monté sobre él y comencé a bailar mis caderas con suavidad.  Luego de un rato giró nuestros cuerpos para quedar sobre mí. Continuó con los mismos movimientos suaves y poco a poco comenzamos los dos a avanzar… Con fuerza y determinación me seguía penetrando hasta que mi cuerpo quedó rígido producto de un intenso orgasmo… En su momento, ya listo para reventar esparció todo sus fluidos sobre mi estómago los cuales mezclé con más chocolate y me saboreé hasta la última gota. Estaba complacido y no paraba de reír.  Me tomó de las manos y me dirigió hasta la ducha para limpiar los residuos de dulce de nuestros cuerpos.

Ahora camino con frecuencia… Por la misma ruta y siempre me detengo en su casa para buscar mi vaso de agua y robarle una flor de su jardín…. 

Artemisa©



3 comentarios:

Artemisa dijo...

Confianza, buenas atenciones y unos sencillos detalles la llevaron a convertirse en su dulce pecado...

Artemisa dijo...

Hoy cruze unas breves palabras con la figura que me inspiro a escribir esta historia, se mostro confundido/sorprendido, yo me pregunto si se sentira alagado despues de leerla... Haberme inspirado en "ti" no es un pecado, solo mis pensamientos lo son, es magia, gracias por existir!

Anónimo dijo...

MMMM esto me motiva. Resulta que corro todos los dias durante 30 minutos y hay una vecina en la comunidad que es divorciada y varias veces me ha invitado a tomarme un juguito o refresco, pero siempre le digo que no, que estoy cerca de casa. Pero la proxima vez que me invite, creo que aceptare, es posible que pueda disfrutar de una rica cena como la de tu historia