Tenía mucho trabajo de investigación y opté por visitar la biblioteca para poder concentrarme mejor y utilizar sus recursos.
La biblioteca estaba prácticamente vacía, mejor ambiente para mí. Entendí que el uso del internet era más práctico que leer un libro pero yo necesitaba estar allí.
Estaba ahogada entre libros, ya estaba agotada pero me faltaba mucho por terminar. Levanté la vista para descansarla y tropecé con la mirada insistente de un hombre sentado a la mesa frente a la mía. Hizo un gesto de saludo con la cabeza y me sonrió. Le sonreí y continué con mi lectura.
Un rato más tarde volví a levantar la vista y me volví a encontrar con su mirada. Esta vez me pregunto si podía acompañarme. Le dije que sí. Necesitaba distracción y descanso…
Se sentó a mi mesa y me preguntó que leía. Le expliqué en que consistía mi trabajo. Conversamos brevemente y me excusé porque me hacía falta un libro. Me preguntó si gustaba de un café y acepté.
Minutos más tarde regresé con el libro y él llegó con el café. Abandoné mi trabajo para tomármelo. Nos enfrascamos en conversaciones sobre política internacional, salud y otros temas. Definitivamente era un hombre con educación académica, inteligente y con ideas modernas. Trajo el tema del sexo en la adolescencia. No era necesariamente el tema del que quería hablar, pero lo discutimos como adultos. Compartió conmigo muy explícitamente situaciones relacionadas a este ultimo tema e incluyó algunas de sus anécdotas personales. Fueron detalles fuertes. Yo fui tomando confianza y llegué a compartir con él algunas de mis experiencias personales también. De momento me sentí excitada producto de la conversación, pero lo disimulé muy bien. Eso me provocó observarlo a ver que potencial tenía… Era bien alto, demasiado delgado para su estatura diría yo, no era muy guapo pero tenía sus encantos pero poseía unos mágicos ojos verdes que me tenían hipnotizada de su mirada, pero yo no tenía tiempo para distracciones así que ignoré mis emociones.
Corté la conversación para regresar a mi trabajo. En ese momento descubro que el libro que había buscado no era el correcto y me levanté nuevamente para seguir buscando. Me siguió por los pasillos hasta alcanzarme y me ofreció ayuda para buscar el libro, la cual acepté de buena gana. Fue muy atento y generoso. Tuve la suerte de encontrar el libro que estaba buscando. Cuando lo fui a tomar lo levantó en su mano y me dijo: “Si quieres el libro me tienes que dar un beso”. Dejé escapar una carcajada y la empleada de la biblioteca me llamó la atención. “Este no es lugar para esos juegos” –le dije. “Pues yo tengo ganas de jugar” –me respondió. [Yo quería terminar mi trabajo y eso me martillaba en la cabeza. Después realicé que tenía todavía una semana más para entregarlo así que me relajé un poco y decidí jugar su juego…] “Yo te puedo dar un beso en la mejilla” –le respondí. “Lo acepto” –me respondió. Pero me salió muy listo y cuando me acerqué a besarlo viró su cabeza y el beso aterrizó en sus labios.
No me dio tiempo de condenarlo porque literalmente se me lanzó encima y me devoró a besos. Mi primera reacción fue poner resistencia pero eventualmente caí en sus redes… Me permitió respirar y me preguntó: “¿Quieres más?”. Yo desorientada y confundida balbuceé un “Sí….”. “Pues sígueme” –me dijo.
Caminamos entre estantes repletos de miles de libros hasta que llegamos a la parte posterior de la biblioteca donde había un mostrador fuera de uso y nos refugiamos por la parte de atrás. Me haló por el brazo y caí sentada en el suelo. “¿En dónde nos quedamos?” –me preguntó… “Me estabas robando un beso” –le respondí con una sonrisa. Sentados en el piso me sentó sobre sus muslos de frente a él, acomode mis brazos sobre sus hombros y nos besamos. Me sujetaba por el cuello como para no dejarme escapar, sinónimo de control y poderío. .
Durante la prolongada sesión de besos sentí su sexo abultado, rígido, suplicando ser liberado. En ese momento yo decidí tomar el control, lo empujé sobre su espalda, me levanté ligeramente, le abrí y bajé el pantalón hasta las rodillas, me levante el trajecito que llevaba puesto, tiré de mi ropa interior hacia un lado y me le senté sobre aquella deslumbrante joya que esperaba firmemente por mi.
Lo manejé como me dio la gana. Movimientos circulares, hacia arriba y hacia abajo, hacia adelante y hacia atrás con mucha prisa, no tan sólo para que alcanzáramos un orgasmo, sino por el pánico que sentía de que nos encontraran allí, eso me podía costar mi carrera. Dejé esos pensamientos a un lado por un momento y programé mi mente a disfrutar el momento. De repente mi amigo se encorvó levantando sus rodillas en señal de conclusión. Acelere el ritmo y lo alcancé. Me desplomé sobre él cuando termine. Ambos nos reíamos como si nos estuvieran hacienda cosquillas. A la vez que nos reíamos ambos hacíamos el típico gesto de llamada al silencio…. “Shhhh, Shhhh”. El se subió el pantalón todavía acostado en el suelo y yo me levanté ligeramente pero permanecí escondida detrás del mostrador. Se levantó sobre sus rodillas, miró en ambos direcciones, me tomó de la mano y corrimos de regreso a nuestra mesa. Parecíamos chiquillos haciendo travesuras.
Ya yo había perdido mi concentración, mas tenía hambre y cansancio. Me despedí de aquella aventura. Mi nuevo amigo me ayudó a cargar mis libros hasta el auto y nos despedimos.
En el curso de la semana logré terminar mi tarea de investigación. Llegó el día de la clase, iba orgullosa y satisfecha de haber hecho un buen trabajo. Esperaba una buena calificación… Al presentarme al aula encontró una nota en la puerta que informaba de la renuncia de nuestra profesora, sin embargo hoy conoceríamos al profesor suplente. Comenté con algunos compañeros la noticia y cuando dio la hora entramos al aula. Me senté en la primera fila para esperar por la presentación del nuevo profesor…
Cuando aquel hombre entró al aula no podía creer mis ojos…. ¿Pero cómo es posible? –me pregunté horrorizada. Mi profesor era aquel hombre con quien había tenido una aventura sexual en la biblioteca días antes. Sentí el impulso de levantarme y salir corriendo. “¿Con cuántas más el habrá tenido intimidad de la misma manera que conmigo?” –me pregunté. “¿Se acordará de mí?”…
El profesor se presentó a los estudiantes. Lo observaba muy atenta esperando que aquellos mágicos ojazos color esmeralda notaran mi presencia. Arrancó con su cátedra y me arropó un fuerte sentimiento de frustración. “¡No me había reconocido!” No podía descifrar si eso era bueno o malo…
El profesor caminó entre los estudiantes y cuando regresaba al frente de la clase me puso la mano en el hombro, levanté la vista asustada e insegura para tropezarme con su mágica mirada. Me hizo una rápida reverencia con la cabeza que me provocó sonreír discretamente. Su saludo me dio alivio.
Cuando terminó la clase esperé a que mis compañeros abandonaran el aula y con timidez me le acerqué. Me saludó con efusividad y me dijo: “Yo sabía que serías mi alumna”. Reconocí la materia que estudiabas cuando nos conocimos en la biblioteca, pero preferí darte la sorpresa”. “Definitivamente una gran sorpresa” –le respondí. Me ofreció sus servicios como tutor y me indicó donde estaba localizada su oficina en caso de necesitarlo.
Yo llevaba la calificación más alta de la clase, aún así decidí expandir mi intelecto y una o dos veces por semana lo visitaba en su oficina para tomar tutorías privadas…
Artemisa©
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2 comentarios:
Historia con humor liviano y un final radical. Cuentame en que lugares inusuales has practicado tus artes de amar.
Hola Artemisa soy Admin de GadgetsBlogger.com ,he visto tu comentario en mi blog y me penso a visitar tu Blog ,y me quedo sorprendido por los articulos de tu Blog y quiero felicitarte por los articulos ,son muy buenos.Un Beso
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