Era el campeonato de la serie final. Teníamos que ganar ese partido y lograr el trofeo anhelado. Las gradas estaban repletas. Todos vestidos de azul en señal de apoyo.
Salí muy tarde del trabajo, todos mis amigos ya habían llegado al partido, pero tenía que ser testigo de la victoria de nuestro equipo. Apretujada entre fanáticos y ensordecida por los vítores logré acomodarme en las gradas. Tenía a mi lado un grupo de estudiantes con las caras pintadas del color de nuestro equipo. Todos estaban ebrios, sudorosos, pero su energía era contagiosa.
Nuestro equipo ganaba por una gran ventaja, era una era emoción indescriptible. Era seguro que ganaríamos el partido. Nuestro primer trofeo en 17 años, “¡adelante equipo!” –gritábamos todos.
El chico que estaba a mi lado gritaba con energía, se vivía las jugadas. El equipo demostró sus habilidades con una estrategia de juego sensacional que puso a todo el mundo de pie. En su emoción por la anotación me tomó por las mejillas y me besó. Le presté poca importancia y continuamos disfrutando el partido.
Llegó el tiempo medio y el ambiente se serenó. El chico de la cara pintada me miró y con sorpresa me dijo: “Mis disculpas, te di un beso porque te confundí con otra persona, ¿tu no eres Marta, verdad?” –me preguntó. “Tienes una gemela en el campus”. –añadió. (y claro está que esa estrategia ya yo la conocía). “Soy Reina” –le respondí. “El beso no me molestó, estamos ganando y hay que celebrar” –dije. Rió a carcajadas y me dijo: “Que linda eres”. No pude descifrar si lo de linda era por mi apariencia o por no haber protestado por dejarme dar un beso…
Me invitó una cerveza y me dio conversación. Tocamos temas relacionados al colegio. El chico de la cara pintada interrumpió la conversación para preguntarme si estaba segura que su beso no me había incomodado. Le insistí que no, que compartía su emoción. Tomó ventaja de mi respuesta, me puso el brazo sobre los hombros y me preguntó: “¿Y ese beso, te gusto?”. Entonces fui yo a la que le brotó una carcajada. Bajé la cabeza para ganar tiempo y pensar en la respuesta, levanté la cabeza, lo miré con seriedad y le respondí: “Me gustó, ¿por qué, tienes más para mí?” Mi respuesta le borró la sonrisa del rostro, no pudo disimular su expresión de sorpresa… Nos miramos fijamente y fuimos acercando nuestras bocas lentamente y nos conectamos en un prolongado beso. Nos separamos y me miró con seriedad observando fijamente mis ojos. Yo sonreí con picardía y me besó nuevamente. El partido iba a continuar y la voz por el altoparlante me hizo saltar lo que provocó que nos interrumpiera. Los dos nos reímos por mi reacción y me abrazó como gesto de consuelo.
Continuó el partido y nos pusimos de pie para dar ánimos al equipo. La adrenalina nos arropó nuevamente. Cada vez que nuestro equipo anotaba me daba un beso en la mejilla. Estaba disfrutando de un momento memorable y mi espíritu era de celebración y fiesta.
Otra anotación otro beso, pero esta vez no lo dejé escapar…Lo agarré por la parte inferior de la barbilla y lo besé con gusto. Repitió su expresión de sorpresa mirando profundamente a mis ojos. Se me acercó al oído (porque era de la única manera que nos podíamos comunicar) y me preguntó si quería que partiéramos o esperábamos hasta que terminara el partido. “Me da lo mismo” –respondí. “Como tú prefieras” –añadí. Mi amigo de la cara pintada no lo pensó dos veces y me hizo un gesto para que nos fuéramos.
Salir de allí entre aquella multitud fue casi imposible pero lo logramos. Una vez alejados de la multitud, me puso el brazo por los hombros y yo lo amarré por la cintura. Alejados un poco del bullicio le pregunté: “¿Y cómo te llamas chico de la cara pintada?” Me extendió la mano y dijo “Hola Reina, soy John, mucho gusto”. “Mucho gusto John” –le respondí siguiendo su juego. Yo conocía todas sus artimañas, nada de eso era nuevo para mí, pero si eso lo hacía feliz…
“¿A dónde vamos?” –le pregunté. “Ven conmigo, ya verás” –respondió con actitud misteriosa. Caminamos hasta la parte posterior de las gradas y entramos a un pequeño cuartito que me hizo pensar que en algún momento fue una oficina. Estaba rodeado de cristales por donde se podía mirar la parte posterior de las gradas y entre medio de ellas el campo de juego.
Me acerqué a la ventana principal a ver que alcanzaba mirar. John se me acercó por detrás, puso sus manos en mi cintura y me besó el en cuello. Me lo disfruté por largo rato… Deseaba más acción así que llevé sus manos a mis senos para que los acariciara. Fue dando pequeños pasitos hasta que me pegó contra la pared para presionar su sexo contra mi trasero. Movía sus caderas para presionar con más fuerza. Estaba de plácemes disfrutando la sensación de aquel bulto punzante contra mi cuerpo. Me viré hacia él para besarlo y continuó presionando su cuerpo contra el mío.
Comencé a explorar su cuerpo apretando sus brazos musculosos, sintiendo su pecho bien definido y se quitó la camisa para darme libertad. Enlazados en un beso caminamos hasta una mesita que estaba al otro lado del salón. John se sentó y me acercó a su cuerpo con rudeza. Me gustaba su actitud de control… Seguí explorando su cuerpo hasta llegar a su entrepierna y sin dejar escapar mis labios se abrió el pantalón. Me tomé mi tiempo para tocarlo hasta que decidí que ya era el momento…
Por ropa interior llevaba pantaloncitos cortos, lo que me pareció tan sexy… Le pedí que se acostara en la mesita y expuse su sexo para admirarlo. Lo empuñé con fuerza y John levantaba la cabeza mostrando ansiedad esperando que me lo llevara a la boca. Antes de probarlo preferí jugar con él, me quité el sostén y ubiqué su miembro entre mis senos. Los apreté con fuerza para que lo pudiera disfrutar. Hice movimientos simulando una penetración y John sonreía con satisfacción. Se recostó de nuevo y aproveché el momento para comérmelo. John levantó la cabeza de nuevo para observar el proceso. Mientras me lo saboreaba lo miraba fijamente a los ojos pero no logré captar su mirada, él estaba más pendiente de mis movimientos...
El chico de la cara pintada estaba pasándola de lo mejor. Dejaba escapar lamentos de placer: un “aaaayyy” prologado. Me provocaba sonreír cada vez que lo escuchaba. Por sus lamentos entendí que su nivel de excitación fue avanzando y pensé que terminaría en mi boca, pero no fue así. Se levantó y aproveché para bajarme los pantalones y me senté en la mesita. John levantó los brazos y estiró todo su cuerpo, exponiendo su majestuosa erección, como el que se prepara para un evento olímpico. Entonces sí tuvimos contacto con las miradas, se me acercaba lentamente como un lobo listo para devorar su presa. Separé mis piernas para invitarlo a tomarme y con sus acostumbrados movimientos bruscos me penetró con mucha fuerza. No me lamenté como él, pero dejé escapar un gemido desde lo más profundo de mis pulmones…
A John definitivamente le gustaba jugar rudo y me penetraba con rabia, mordía sus labios y me miraba fijamente en busca de aprobación a través de mis ojos. Yo me desconecté del mundo y de su mirada para concentrar mis cinco sentidos en la batalla entre nuestros sexos. Su estilo era particular pero me encantaba. Considerando que su método era tan intenso me levanté de la mesa, doblé el torso y levanté las caderas para que continuara penetrándome en esa posición. Fue como abrir los caminos al placer… Sus caderas rebotaban contra las mías con fuerza, se movía rápido, su sexo salía y entraba inundando mi interior. Me dio una nalgada que me provocó ardor en la piel. El placer fue tan poderoso y tan intenso que mis gemidos se convirtieron en gritos de placer, jamás había sentido igual sensación.
…Y llegó el momento de la verdad… John se encargó de que yo terminara antes que él, así que continuó con movimientos perfectos tocando todos los puntos correctos. Cuando me encontré al borde del orgasmo me estimulé con los dedos para un final espectacular…Todavía me cuesta trabajo describirlo. Mis gritos de placer retumbaron en aquel salón compitiendo con la algarabía que se escucha afuera y John me decía “grita con fuerza que me gusta escucharte”. Fue una experiencia fuera de este mundo… Se me erizó la piel, me temblaron las rodillas, lágrimas corrieron por mis mejillas y finalmente me reconecté de vuelta al mundo.
…Entonces llegó el momento de John, se retiró de mi cuerpo y me pidió terminar en mi boca, me buscó los labios y acercó su miembro a mi boca esta vez con suavidad y delicadeza. Con sólo succionarlo unas pocas veces reventó en mi boca como una explosión atómica… Sus jugos tibios y pegajosos emanaban con fluidez, sin fin, hasta desbordarse de mi boca… Y repitió aquel “aaaayyyy” esta vez con energía y no de lamento. Me extendió las manos para ayudarme a levantar del suelo. Colocó su brazo alrededor de mis hombros, me acercó hacia él en forma de abrazo y me apretó con fuerza.
“Estás bien? –me preguntó tomando mi cara en sus manos. “¿Por qué estás llorando?” –me pregunto preocupado. “No estoy llorando, a veces sucede que lágrimas emanan de mis ojos sin control en momentos como este, estoy bien, créeme” –respondí. “¿Estas segura?” –me volvió a preguntar. Asentí con la cabeza muchas veces acompañada de una sonrisa y se soltó una carcajada. “Que linda eres” –comentó. “Me tiemblan las piernas” –le dije. “Eso se te quita, ven, vamos a caminar”…
Abandonamos aquel salón dejando el eco de nuestro placer impregnado en las paredes. Rápidamente nos contagiamos con la alegría del ambiente. “¿Quieres ver el final del juego?” –le pregunté. “Nah, el título ya es nuestro” –respondió.
“Te invito a una cerveza” –dijo. “Acepto” –respondí. Caminábamos despacio entre la multitud, siempre con su brazo sobre mis hombros. “Te ves bien con la carita pintada de azul”. –me dijo. …Y entre sonrisas continuamos nuestro camino…
Artemisa©

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