Recibí una invitación para un cóctel en un área exclusiva de la cuidad. Era una actividad de mucho prestigio, más un honor el ser invitado. Me preparé temprano, me puse un vestidito negro en seda muy corto, nada de ropa interior y me pinté los labios color carmín.
Llegué a la dirección del cóctel, por fortuna a tiempo. Un ujier me llevó de la mano y anunció mi nombre al llegar a la escalinata central de aquella majestuosa residencia. “Démosle la bienvenida a la señorita Leila”-anunció y todos me saludaron. Se repetía esa dinámica cada vez que llegaba un invitado.
Entre el grupo de invitados encontré caras conocidas y me les acerqué para saludarlos. Eran amigos que hacía mucho no veía y se encargaron de ponerme al día de todos los chismes de los allí presentes. Entretenida entre mis amigos pude escuchar el anuncio de la llegada de Dante. Desconocido para mi y mis amistades, “modelo de revista” y muy bien acompañado. Según se integró entre los invitados cruzamos miradas y nos sonreímos.
Mi noche giró en torno a perseguirlo con la mirada. Lo miraba con coquería, con seducción, con deseo… Cada vez que nuestras miradas tropezaban me sonreía mientras yo me lo devoraba con la vista. Volví a capturar su mirada y moldeé mis labios simulando un beso y abrió sus ojos ampliamente y le floreció una sonrisa en los labios. Finalmente respondió a ese beso simulado y se me acercó. Tomó entre sus manos la mía, la sostuvo con delicadeza y dijo: “¿Y cuál es el nombre de esta flor?”, “Leila”-le respondí. “Eres muy guapa Leila”-y diciendo esto besó mi mano. “Soy Dante”-añadió. Mi pensamiento automático fue “estas a pedir de boca”, pero mantuve la cordura…
Minutos más tarde su acompañante apareció. “Leila, conoce a mi hermana”-dijo. Su hermana me regaló la noche. “Terreno libre”-pensé. Nos apartamos de su hermana y mis amigos para conversar con más intimidad. Sus primeras palabras fueron: “Me tienes caliente con esas miradas asesinas. Te desvestiría y te haría el amor sobre el piano” “¿Y por que no?”-le pregunté seca y tajante. Dante respondió con carcajadas. “Yo hablo en serio”-le insistí. Dante me acaricio el brazo desde el hombro hasta la muñeca y tomó mi mano, se la llevó a los labios y una vez más la beso. Me derretía con su estilo elegante y romántico….
Dante me dirigió hasta una terraza al aire libre en la parte posterior de la casa. Continué con mi coqueteo y mis avances para envolverlo con mi magia. Nos sirvieron champagne y me ofreció un brindis “Por la belleza de Leila, la mujer más hermosa que he conocido en mi vida; a la que deseo hacerle al amor”. Incliné mi cabeza hacia el frente como una niña, rozándome los labios con el borde de la copa con coquería y dije: “Salud!”. “¿Sabes Leila?, ese color de lápiz labial te queda de encanto. Tus labios me invitan a besarte” y levantó mi barbilla delicadamente para perdernos en nuestras miradas y me hizo un guiño que me hizo saltar el corazón. Me queje de frío y Dante me ofreció su chaqueta. Se posó detrás de mí dando la espalda a la multitud al igual que yo y según la colocaba sobre mis hombros introdujo su mano a través de mi escote para sentir mis senos y encontrarse con mis pezones erguidos y rígidos producto del frío. Se acercó a mi cuello, me rozó con sus labios y emitió un “Mmmmm”.
Su ceremonia de romanticismo me tenía en la palma de sus manos. Mi sexo latía con ansias de ser acariciado, atendido. Ya que no llevaba ropa interior sentía la humedad empapando mi entrepierna y me lo estaba disfrutando. Dante se paró frente a mí recostado del barandal de la terraza y paseó su vista por mi cuerpo de arriba abajo. “Me encantas Leila”. Yo le respondí tomando su mano e introduciendo su dedo del corazón en mi boca. Él me respondió tomando mi mano y llevándola a su entrepierna. Acaricié su abultado miembro con suavidad e imité su expresión: “Mmmmm”. “¿Te gusta?”-me preguntó. “Me encanta”-le respondí. “¿Lo quieres tocar?”-me preguntó. “Y también probar”-le respondí. Hizo una pausa para mirarme con seriedad muy fijamente a los ojos. “¿Sabes Leila?, yo diseñé esta casa y en el diseño incluí un sótano, me gustaría mostrártelo, ¿me acompañas?”-dijo. “Me encantaría verlo”-le respondí. Extendió su brazo en ángulo y yo entrelacé el mío sobre el suyo.
Entramos a la casa con el firme propósito de devorarnos. Caminamos entre la gente hasta llegar a una puerta que llevaba al sótano. Bajamos las escaleras, Dante adaptó los focos a media luz y me tomó por la cintura acercando mi cuerpo al suyo. Nos besamos con deseo... Fui sintiendo como su sexo se levantaba nuevamente. “¿Qué vas a hacer de mi?”-me preguntó con sensualidad y le respondí en voz baja: “Te acomodas en esa silla y yo me encargo del resto”. Dante me obedeció. Me arrodillé frente a él y abrí su pantalón para exponer su miembro erguido y tambaleante. Lo arropé con mi boca y repetí un “Mmmmm”. “¿Te gusta Leila?”-preguntó y le respondí cerrando los ojos e introduciendo su sexo completo en mi boca y escuché otro “Mmmmm”. Al rato me dijo “Ven acá que te quiero sentir” Me puse de pie y levanté una pierna y la coloqué entre las suyas. Acarició mi sexo y bañó sus dedos en mis fluidos, me preguntó: ”¿Todo esto para mi? “Todo esto por ti”-le respondí. Dante se puso de pie, dejó caer sus pantalones, se desabotonó la camisa y yo levanté los brazos para que me removiera el vestido. Me sujetó por el torso y me dijo “salta” yo apreté mis piernas fuertemente de sus caderas. Caminó hasta la pared, acomodó su sexo en la entrada del mío y me penetró con fuerza. Me sostenía por las caderas y comenzó a moverse sin piedad.
“Te estoy haciendo el amor Leila, ¿te gusta?-me preguntaba una y otra vez. Yo le respondí: “Me gusta Dante, me encanta, no te detengas, dame el gusto de regalarte un orgasmo”. Dante se esmeraba en complacerme y lo hacía muy bien; tan bien que se me erizaba la piel cada vez que me dejaba caer sobre su sexo, era una penetración profunda, completa…hasta que le anuncié a Dante que ya tenía que terminar, no podía aguantar más, “llévame al orgasmo que es todo para ti…”-le pedí; y me respondió: “dos empujones más y te regalo el mío también” y contó uno y dos y efectivamente, ¡nos desbordamos de placer!. Me aferré a su cuello por unos segundos hasta que le dije que me dejara caer. Me temblaban las piernas y no dudo que a él también.
Dante sudó copiosamente, sacó su pañuelo para secarse el sudor y yo se lo tomé de la mano para hacerlo por él. Me miraba con dulzura, me admiraba… E interrumpió el silencio para decir con emoción: “¡Leila te hice el amor!” “Lo disfruté muchísimo”-le respondí. Lo ayudé a vestirse y me puso mi vestidito, me abrazó y me besó en la frente con dulzura. Ya estábamos listos para enfrentarnos al mundo nuevamente. Subimos las escaleras en silencio. Dante iba acariciándome el trasero hasta que llegamos a la planta superior. Fingimos seriedad, Dante me ofreció el brazo y caminamos entre la gente como si no hubiese pasado nada… Para nuestra fortuna muchos de los invitados ya habían partido. Nos tomamos una copa de champagne y salimos al balcón a refrescarnos. Dante se excusó para pasar al baño y yo aproveché el momento para partir….
Dante me hizo pasar un momento especial, sabroso, que era precisamente lo único que yo esperaba de él. Pero me aterrorizó al repetirme tantas veces que me estaba haciendo el amor; yo no buscaba amor, yo buscaba sexo y quedé bien complacida.
Esa noche escribí en mi diario: “No todos los hombres están preparados para vivir una aventura. No es importante si son guapos, colegiados, miembros de la alta sociedad, sensuales o románticos. Confunden la pasión con el sentimiento…”
Artemisa©

1 comentario:
Cuando tenemos carencias o necesidades, por ejemplo de alimentos - vamos al mercado a comprar ese pan que tanto apetecemos. Leila visito "el mercado". Salio al mundo a buscar su pan y lo encontro de buena calidad y con estilo, se lo comio y regreso a casa satisfecha. Nos hemos convertido en instrumentos, maquinas de uso (desechables por cierto), somos libres - tanto como nuestros deseos, somos latas de estante que consumimos y para que nos consuman; la etiqueta mas vistosa vende mas. Busquemos nuestro "pan" en ese espacioso mercado que nos rodea. ¡Asi es la vida!
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