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NOCHE DE COPAS

Un antiguo jefe me encontró a través de una red social y me citó a su apartamento para tomar unas copas.  Teníamos que ponernos al día de todo lo ocurrido en nuestras vidas desde que dejamos de trabajar juntos.

Él, más que un jefe fue un compañero de trabajo y un buen amigo.  Compartíamos mucho en común aunque era extranjero y tenía otras costumbres.  Siempre me atrajo, pero nunca se lo dejé saber.  Nunca supe si lo notó.


Llegó la tan esperada noche.  Llegué a su apartamento, sencillo, pequeño, pero acogedor.  Nos dimos un abrazo eterno. 

Para mi sorpresa los años no lo habían cambiado.  Seguía siendo el mismo; jovial, moderno, con un estupendo sentido del humor, aunque siempre romántico.  Estaba tan guapo como lo recordaba, con unas canas que lo hacían lucir más interesante y con su mejor atributo…era sexy sin esforzarse… Nos sentamos a charlar.  Él había preparado el ambiente con velas, música suave y buen vino. Finos detalles y en buena compañía, ¿que más podía pedir? Nos contamos nuestras vidas, nos reímos, cantamos; en fin valió la pena aquella visita.

Yo estaba sentada en el extremo del sofá, él se levantó a buscar otra botella de vino y cuando regresó se sentó a mi lado y puso su brazo alrededor de mis hombros.  Yo me acomodé más pegadita de él.  Comenzó a jugar con su nariz en mi cuello y mi cara y puso magia en práctica.  Cambió su tono de voz a uno más serio y profundo, me llamaba por mi nombre y me preguntaba si me gustaban sus caricias.  Yo estaba excitada con sus avances y trataba de imaginarme que más pasaría allí esa noche…

Nos acabamos otra botella de vino y se levantó a buscar otra.  Regresó con mi copa, se paró a mi lado y pude notar que su sexo se definía claramente a través de sus pantalones, lo acaricié y lo atrapé en mi mano, me levanté del sofá  y busqué sus labios para besarlo con desesperación sin dejar de acariciarlo.  Se rió a carcajadas, quizás fui muy impulsiva, pero me sentía provocada.  Yo no sabía lo que él quería de mí, pero sí sabía lo que a ese punto yo quería de él.  Ya era muy tarde para retractarnos…

Me invitó a pasar a su habitación y continuamos besándonos apasionadamente en el camino.  Me tentaba, me provocaba, poseía el don natural de la seducción…  Deseaba ser suya y entregarme a él, pero él no mostró prisa y comenzó a jugar conmigo. 

Nos sentamos a la orilla de la cama.  Me tomó una mano y entrelazó sus dedos entre los míos, con su mano libre acarició la piel de mi brazo y llevó mi mano hasta sus labios para besarla, acarició mi cabello, lo acomodaba detrás de mi oreja, deslizaba sus dedos suavemente por mi cuello…  Abrió los primeros botones de mi blusa y comenzó a acariciar mis senos.  Me recosté en la cama y él me imitó pero de lado para continuar manipulándome.  Avanzó sus dedos por mi estómago, acariciaba mi piel con calma, con gusto…

Desabotoné mi pantalón para abrirle la puerta a mi sexo y siguió el camino.  Me acarició con delicadeza, jugó con mi lubricación y se lamió los dedos.

Me levanté de la cama y lo levanté a él.  Desabotoné su camisa y le acaricié el pecho…  Le removí el cinturón y le abrí el pantalón… Lo acosté de nuevo en la cama y lo besé donde mismo él me había besado; en los labios, el cuello, el pecho, el estómago…  Le bajé el pantalón y le besé su miembro con suavidad y delicadeza, según el me manejó a mí.  Me terminé de desvestir, me senté sobre sus caderas (sin penetración) y continué besándolo y acariciando su piel…  Tenía su sexo entre mis piernas y lo rozaba contra el mío.

Cambiamos de posición, esta vez él estaba sobre mí.  Acarició mis senos y chupó mis pezones arrugados y punzantes.  Siguió bajando hasta llegar a mi sexo húmedo y resbaloso, dio media vuelta y llevó su sexo a mis labios para ambos poder compartir el placer de nuestras bocas…  Fue una posición inesperada, pero sabrosa.  Nos esmeramos en complacernos.  Yo llenaba mi garganta con su sexo rígido y bien formado, él lamía mi sexo como un gato sediento.

Se levantó, me besó e intercambiamos nuestros sabores.  Se acomodó sobre mí y me penetró con suavidad.  Todos sus movimientos habían sido lentos, sin prisa.  Ese era su estilo y me preparó con calma para el final, que esperaba fuera espectacular.

Jugó penetrándome a ese paso lento por largo rato.  Admiro tanta resistencia.  En ese ritmo despacio e incansable me llevó a alcanzar el orgasmo más delicioso de mi vida.
Continuó con movimientos más rápidos y profundos hasta alcanzarse un espectacular orgasmo.  

Aprendía que el ser extranjero no lo hacía diferente, era producto de una siembra en otra tierra y nada más. Le entregué mi cuerpo y me supo complacer como todo un maestro, y los maestros nacen en cualquier terreno fértil. 

Fue una noche alegre, larga, intensa e inolvidable.  Espero no tener que esperar mil años más para que compartamos otra copa de vino y más…

Artemisa©


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1 comentario:

Artemisa dijo...

Aquel capitan de empresa ese dia me hizo un regalo. Ya no habia diferencias patron-empleada, el ya no daba ordenes, ya yo no tenia que cumplir con la cuota de ventas, nos entregamos, nos probamos y nos gusto el sabor de nuestros sexos. "Que era extranjero", que mas da, yo tambien lo seria en su pais y tambien naci en tierra fertil...