“Mi querido y fiel diario: A veces pienso que algún día vas a desaparecer mis palabras por tantos pesares que te confío, pero te suplico que no me abandones…
Hoy amanecí rebelde, decidida y determinada a ser feliz. Ya me cansé de ser fea, boba, tímida, ridícula, mal vestida, pasada de moda, sin la experiencia de amar y ser amada y todavía virgen. Han sido tantos los años que vengo sufriendo la misma agonizante historia que ya me aburre; ¡tengo que cambiar!
Ya me cansé de pasar noches en soledad mirando tele hasta el amanecer por miedo a acostarme y morir por mi propia lástima. Mi corazón esta vacío porque nadie nunca me ha amado, ni yo a mi misma querido diario, ¡ni yo a mi misma!
Tengo planes, que aunque me causan temor, los voy a tener que llevar a cabo si quiero probar de aquello que llaman amor. Me voy a liberar de las ataduras de ser “vieja” e intentaré comenzar a vivir. ¿Se puede empezar a vivir después de los treinta y tantos? Yo espero que sí, creo que llegó mi turno de lanzarme a la calle en busca de aventuras, de felicidad, de vida; a la vez tengo el temor de seguir siendo ridícula y despreciada, ayúdame a transformarme, apóyame y acompáñame… cuento contigo…”
Estoy en el proceso de comenzar mi vida, dicen que nunca es tarde para vivir y ser feliz…
Me armé de valor e hice una cita en una academia de refinamiento para aprender a caminar con feminidad, elegancia y coquetería. Mis clases comenzaron rápido. Participaba de ellas junto a un grupo de chicas extrovertidas, seguras de sí y más jóvenes que yo por más de una década. Perdí el miedo y hasta de ellas aprendí, me tomaron cariño (o pena) y se entusiasmaban en documentarme para ayudarme a salir adelante. En su mayoría, y para mi sorpresa, las chicas contaban tantas experiencias de vida que envidié pero sanamente. Las escuchaba con detenimiento para obtener de ellas la mayor información posible.
Las clases de refinamiento concluyeron. Aprendí cómo pararme con la espalda erguida, a caminar con elegancia, a sentarme con buena postura y otros detalles femeninos que eventualmente pondría en práctica, una vez hubiese completado mi transformación.
No le veía el sentido a esmerarme a este punto, quería completar mi paquete de cambios para poder lucirlos con gracia y seguridad. Me faltaba mucho por aprende pero nada ni nadie me detendría…
De las clases de refinamiento pasé a la de vestimenta. Según mis medidas, la instructora alegaba que poseía lo que ella consideraba “un buen cuerpo” al que le podía sacar partido al pulirme completamente. Dejé de comprar ropa en almacenes de descuento y a invertir un poco más de dinero en piezas más finas, más duraderas y de mejor calidad y entalle. La primera vez que salí de compras con mis nuevas instrucciones me sentí sola, perdida y frustrada, temerosa de ser atraída por la misma trapera y exceso de tela que acostumbraba usar para esconderme detrás de un ropaje y pasar desapercibida. Salí corriendo de la boutique a regresé a casa espantada y entre sollozos por no saber qué hacer para convencerme de qué comprar. Había tanto para escoger, pero mis malas costumbres en el vestir –aún habiendo participado de las clases- se apoderaban de mí. Le solicité a la instructora ayudarme en la selección de piezas de buen gusto como me había indicado y me complació. Esa aventura sí fue excitante. Su conocimiento era basto, fue gentil y paciente para ayudarme a escoger.
Ya había dado varios pasos de progreso. Mi ropa nueva la guardé para ese momento especial donde presentaría la transformación completa de mi nueva persona.
Querido diario: tengo ropa nueva, me veo los contornos del cuerpo y aún sigo aterrorizada de salir a la calle vestida sexy y moderna. Todas las noches modelo frente al espejo mi ropa nueva para ir acostumbrándome a llevarla puesta. Ya me estoy adaptando a apreciar la caricia que me provoca la seda en la piel, cómo la fibra de algodón permite que mi cuerpo respire y cuán bien me lucen los mahones[1] sobre el trasero. Todavía me falta mucho, pero aprendo lo más rápido que puedo. Ya estoy despertando ansias por ese gran día…
Ahora vamos a trabajar con el rostro. Afortunadamente gozaba de una piel sana y saludable porque jamás me había aplicado maquillaje. Visité varios centros de cosméticos en tiendas por departamento. Invertí cientos de dólares en maquillaje, y quedé satisfecha porque me habían enseñado como jugar con los colores de mi rostro, destacar lo que ellos consideraron mis encantos y jugar con los colores para el día y la noche. ¡Otro proyecto completado! Pero entendía que algo faltaba para empujar un poco más mi seguridad y soltura ante los hombres. Necesitaba que supieran que existía. No sabía bailar ni moverme con coquetería. Ya había aprendido a caminar y pararme correctamente, pero faltaba algo más de soltura y movimiento.
Analicé dos opciones: tomar clases de la danza del vientre o aprender a bailar en un tubo. Esto no se lo consulté a nadie, me avergonzaba, pero decidí aprender a bailar en un tubo. No necesariamente para considerarlo con una posible fuente de ingresos, pero sí – y como dije antes- para soltar mi cuerpo y aprender a expresarme con él.
Querido diario: hoy fue mi primera clase de baile en el tubo. No es difícil, pero me falta flexibilidad e imaginación. La instructora se esmera conmigo y lo estoy disfrutando. Las clases son bajo una música muy intensa que me ha empezado a despertar los sentidos.
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Querido diario: hoy tomé mi tercera clase de baile, he progresado mucho, sigo las instrucciones meticulosamente. Ya respondo al ritmo y me siento más cómoda al practicar movimientos eróticos que espero algún día me sean útiles para conquistar a un hombre. Sabes que no busco príncipes, sólo un hombre que me haga sentir el corazón y se gane mi amor….
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Querido diario: hoy fue mi quinta sesión de baile. ¡Fue sensacional! He aprendido a sentirme tan cómoda con mi cuerpo que hoy llegué a casa tan excitada que sin reparos y con parte de la ropa puesta me masturbé para calmar mi excitación de tanta contorsión y erotismo. Hoy al masturbarme no me sentí culpable. Reconocí que era necesario, me disfruté un orgasmo detrás el otro. Sentí sabroso, ¡mejor que nunca! Mañana es mi última clase donde tendré que hacer una pequeña demostración de lo aprendido. Ya tengo pensada una rutina, me voy a practicar, deséame suerte.
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Mi fiel diario: mi presentación en la clase de baile fue un éxito. Pude bailar sin torpeza y la instructora me facilitó. Sigo en mi batalla de superación y progreso. Ya te contaré qué sigue… Gracias por serme fiel.
El próximo cambio se concentró en mi cabello. Tenía una cabellera abundante pero maltratada, reseca y sin brillo. Visité un salón de estilismo he hicieron magia con mi cabello. Luego de un corte, aplicación de destellos, estilo e instrucciones de cómo manejarlo me sometí a la remoción del exceso de cejas y vello facial no deseado. También me depilé donde nadie nunca me había tocado y me dolió mucho, pero la belleza tiene un precio…. Terminé con la piel del rostro y otras partes de mi cuerpo rojas e inflamadas, pero una vez más quedé satisfecha por el resultado porque van acorde con mis planes. Salí del salón y me puse un sombrero para esconder parte de mi nuevo regalo.
Querido diario: hoy estuve en el salón de belleza, ¡quedé que parezco otra persona! Hoy practiqué toda la noche mi nueva personalidad y te puedo decir que me estoy acostumbrando a gustarme. Me puse un vestido nuevo, me maquillé y ya con el pelo listo me miré al espejo a contemplar mi nuevo semblante. Modelé por toda la casa imaginando hombres en mi camino, moví mi cuerpo con sensualidad y daba pasos largos y seguros. El lunes voy a regresar a la oficina con mi apariencia de mojigata, no estoy preparada para exhibirme así todavía en el trabajo, pero el próximo sábado me voy a transformar en la nueva mujer que he preparado durante los últimos meses y saldré a la calle para hacer el experimento de cómo se proyecta mi nueva imagen…
La semana transcurrió despacio, pero las ganas de que llegara el sábado me animaban a seguir adelante, “Total, si ya había esperado tanto, que más da esperar unos días más”-pensé.
En la semana visité una tienda de lencería y me compré la ropa interior más sexy y provocativa que encontré. La vendedora me dijo: “Vas a volver loco a tu novio, mientras menos lleves mejor será” Le sonreí con amabilidad guardando el secreto de mi transformación.
Llegué a casa y me desnudé para probarme los nuevos hilos y encajes que se hacían llamar “ropa” interior. Me encantó mirarme al espejo luciendo semidesnuda y provocativa. Cerré los ojos e imaginé las manos de un hombre acariciando mi piel y removiendo mis pequeñas piezas. Imaginé ese contacto lujurioso que tanto deseaba experimentar. Ese hombre imaginario introdujo su mano en mis pequeñas pantaletas y me disfruté la sensación de encontrar mi vagina bañada en jugos de deseo. Me quité la ropa interior y me dediqué a acariciar mi suave piel y mi cuerpo hambriento de placer, deseoso de sentir caricias y me acaricié el sexo simulando ser “ese hombre” hasta alcanzar placer…
Llegó el viernes y abandoné la oficina llena de energía y esperanza.
Querido diario: es sábado, ¡hoy es mi gran noche! Me voy a preparar temprano para que todo me salga bien. Antes de irme te prometo dejar una foto en tus paginas para que disfrutes mi transformación, mi nuevo YO… Deséame suerte fiel amigo…
Con calma y paciencia me preparé. Días anteriores sentía que me disfrazaba, hoy me sentía cómoda como mujer renovada, con seguridad, positiva y convencida de que conocería un banquete de hombres de los cuales podría escogería. ¿En qué basarme para escoger el mejor? No lo sé, deberé apelar a mis instintos ya que carecía de experiencia con el sexo opuesto….
Lista para salir, después de mirarme al espejo prolongadamente y asegurarme de que cada detalle estuviera en su lugar según mi plan, me tomé una fotografía instantánea y como le prometí, la coloqué entre las hojas de mi diario y partí.
Visité en club muy popular localizado en un hotel en el mismo centro de la ciudad. Llegué cerca de las once de la noche. El valet se hizo cargo de mi auto y con seguridad caminé despacio hasta la entrada del salón. Hacía el esfuerzo por lucir interesante, coqueta y a la vez discreta e interesante, en fin; una mezcla de características que no poseía pero me esforzaría por hacerlas florecer. Hasta el momento me sentía cómoda, mi timidez no atacaba y con suavidad y elegancia me mezclé entre la gente. La música –muy moderna- me corrió por el cuerpo y de camino al bar ya llevaba el ritmo en los pies y las caderas. Mi interés primordial era disfrutarme la noche a plenitud. Para mi sorpresa levanté miradas y respondí a un grupo de guapos jóvenes con una mirada sensual acompañada de una sacudida del cabello como me habían enseñado las chicas compañeras de la clase de modelaje y refinamiento. Hasta ahora me sentía bien y acoplada al ambiente y a mi evolución.
En el bar pedí una bebida tropical con ron blanco. Viré mi espalda contra el bar y me llevé el trago a la boca para cruzar miradas entre los presentes y localizar un buen candidato. ¡Había hombres para escoger!
Me sentía satisfecha a ese punto sólo de poder respirar el mundo moderno. Terminé el trago y todavía no había pasado nada. Quizás estaba demasiado ansiosa y mi falta de experiencia no me ayudaba mucho, pero no abandonaría aquel lugar sin antes tener algún tipo de contacto con un hombre. Me viré hacia el bar nuevamente para pedir otro trago y se me paró al lado un hombre que me comentó que su amigo me quería conocer. Asentí y sonreí con suavidad sin negar que el corazón me latía con tal fuerza que llegué a pensar que se me saldría del pecho. “¿Estás sola, te interesa?”- me preguntó el hombre. Le respondí levantando el hombro acompañado de un gesto con los labios dejándole saber que no tenía inconveniente. Me señaló dónde estaban ubicados y una vez tuve mi bebida en mano me acerqué a su mesa. Uno de los hombres se levantó, el cual interpreté sería el que se había interesado en mi. Me extendió la mano y se presentó: “Hola, me llamo Pedro”, “Yo soy Betty”-respondí y me invitó a bailar. Bailamos varias piezas y aunque me sentía motivada no me atraía. No era feo, pero simplemente no era lo que buscaba. Me invitó a conversar y lo acompañé por cortesía. Era el peor compañero de la noche, no supo mas que hablar de él mismo y ya aburrida le dije que creía haber visto unas amigas llegar y las quería saludar. Me despedí y lo olvidé.
Verdaderamente unas amigas hubiesen sido útiles una noche como esta, pero no quería deberle nada a nadie. Continué con mi exposición y búsqueda….
Otro chico me invitó un trago, lo acepté. Esta vez preferí que compartiéramos en la barra para evitar amarrarme a otro baboso como el anterior. Era agradable, pero muy pendiente a las otras chicas en el club. No me prestaba mucha atención y rápido le perdí el interés.
Me quedé sentada en la barra ahogando mis frustraciones. Me tomé dos tragos más y escuché este monólogo a mi lado: “Eres la mujer más guapa que he visto aquí en toda la noche. Sé que no te vas a fijar en mi, no soy bien parecido, pero si supieras que tengo buenos sentimientos, soy sencillo y sincero.” Jamás viré a mirarlo, le di tiempo para que continuara su “presentación”. “Aunque no lo parezca tengo mucho para compartir y más para dar”-añadió. Yo sonreía cada vez que ofrecía las características que yo busca. Yo humildemente sólo buscaba alguien con quien compartirme, buscar la felicidad en buena compañía y empezar a vivir. Este misterioso hombre, a quién todavía no le había fijado la vista encima, pidió un trago y cuando se lo sirvieron comentó: “¡Mira, una sombrilla de papel amarilla, son tan simpáticas y tan delicadas! En ese momento mis ojos se abrieron con sorpresa, una que nadie jamás entendería. Sentí un golpe en la espalda que me recordó mis años de bobería, pero a la misma vez me vi reflejada en él. ¿Será posible que exista mi versión en masculino? ¿Será genuino al decir que es sincero?-me pregunté. Era necesario conocerlo y sin esperar más me viré hacia él. “Hola, soy Betty, ¿me permites conservar la sombrilla?-le pregunté. “Yo las colecciono y me faltaba sólo una amarilla”. “Claro que sí Betty, es toda tuya”-respondió con cortesía. “No pude evitar escucharte, ¿Te dirigías a mi?-le pregunté. Miró a ambos lados y respondió: “Yo no veo ninguna otra mujer a mi lado”. Sonreí y lo observé fijamente a los ojos y no pude dejar de sonreír al observarlo. Él mantuvo la vista fija en mis ojos y también sonrió. Le guiñé un ojo para demostrarle mi agrado y me invitó a pasar a un lugar menos bullicioso para conversar.
Para ese momento ya sabía que se llamaba Humberto, que era un genio de las computadoras, poseía su propio negocio (el cual yo conocía como uno de prestigio y fama). Me llevó a los jardines del hotel. Un ambiente y atmósfera hermosos. Nos sentamos cómodamente a continuó platicándome de su vida. Yo guardé silencio la mayor parte del tiempo. Me limitaba a hacerle preguntas sencillas. Mi vida acababa de comenzar y realmente no tenía mucho que contar. Conversamos con armonía hasta que salió el sol. Me hizo sentir tan a gusto que no quería estropear la velada con una invitación imprudente pues durante la noche entendí que si quería algo duradero, no había necesidad de precipitarlo. ¡Que noche!
Nos despedimos en el estacionamiento, intercambiamos números de teléfono e hicimos planes para cenar el lunes en la noche. Me monté en mi auto y conduje a mi casa con una sonrisa en los labios bañada de sorpresa por todo lo que había aprendido de mi y de la vida con sólo callar y escuchar a un sabio feo. Humberto tenía grandes posibilidades de mejorar su apariencia. “Si yo pude cualquiera puede”-pensé con esperanza y comodidad, convencida de que mi transformación valió la pena y quien menos esperé me despertaré interés. Llegué a casa y con cuidado me desvestí para no estropear mi nuevo atuendo, me removí el maquillaje como toda una experta y me acosté a dormir rendida. “Cuando me levante analizaré mi fortuna y me dedicaré a compartirlo con mi diario, eso me ayudaría a convencerme de la realidad pues seguía hipnotizada por mi vivencia”.
Querido diario: ¿Por dónde empiezo? Anoche volví a nacer. Mi transformación dio resultado. Conocí a un hombre que me interesa. No es guapo, pero es sensible y con un alma y corazón atractivos. Mañana vamos a salir a cenar. No sé qué más decirte, estoy absorta en mis pensamientos, analizando lo que la vida me ha puesto de frente, todo para mi es nuevo y siento que es demasiado para procesarlo en unas líneas. Sí te puedo decir que me veo reflejada en este hombre que conocí. Siento que él necesita tanto amor como yo. Sabe apreciar la delicadeza de las sombrillas de palpel, ¿recuerdas que te conté las colecciono? Ya veremos qué pasa… Después te cuento más. Gracias por siempre atenderme…
Mi domingo fue silencioso y sentía que no podía despertar de un sueño. La magia de Humberto me hacía sentir diferente, me hacía sentir bien, pero tenía la corazonada de que él no sería una simple aventura para mi. Después que me dedicó toda la noche en tan dulce y respetuoso trato me sentía insegura de utilizarlo para aprender de él y luego darle una patada para que saliera de mi vida. Era un buen candidato para compartir a largo plazo y no sabía si yo estaba preparada para tal compromiso. Yo quiero comenzar a vivir y no me quiero sentir limitada ni comprometida por un hombre que acabo de conocer. Mi falta de experiencia sigue apuntando a no saber qué hacer y en realidad no lo sé. Hoy me he convencido de que cambié mi apariencia, pero mi personalidad sigue siendo la misma. Algo menos boba, pues he buscado dentro de mí destrezas y herramientas para desenvolverme, pero estoy hasta confundida.
Querido diario: Estoy pasando por una etapa nueva en mi vida y no sé ni cómo expresarte lo que siento. Todo para mi es nuevo y he descubierto que sigo siendo la misma por dentro. ¿Lo que llevo adentro es suficiente para sobrevivir? Es que no quiero sobrevivir, ¡quiero vivir! Me voy a recostar, ya estoy cansada de tanto pensar y no encontrar respuestas y mis dudas. Después te cuento más. Buenas noches.
Me acosté temprano a pensar y analizar las opciones que tenía. No encontraba que fueran muchas, pero me entregaría a soñar y ver que me traería el amanecer…
Amaneció con un sol brillante y un día hermoso. No tenía deseos de ir a trabajar y llamé y me reporté enferma. Necesitaba más tiempo para tomar una decisión y en el estado catatónico que me encontraba no iba a poder concentrarme en la oficina. Me preparé una taza de café y continué en el limbo. Sentía mi mente llena y vacía a la misma vez. Me senté a leer el periódico para distraerme un rato y entre páginas, política, malas noticias y el crucigrama de salpicó una idea a la mente. “Voy a llamar a Humberto e invitarlo a mi casa a media mañana. No puedo continuar con esta incertidumbre de qué va a pasar en mi vida y entre nosotros, si algo. A lo mejor estoy precipitando las cosas, a lo mejor se niega, pero no pierdo nada con intentar”. No quería esperar a la cena, me sentía desanimada por tanto pensar y no saber qué hacer… Lo llamé y aceptó, bien, ¿y ahora qué?”-me pregunté.
Me duché, me puse la pequeña ropa interior que me había comprado, la más sexy de todas y me vestí sencilla. Me arreglé el cabello y limité mi maquillaje a lo básico. Cerca de las 11:30 Humberto tocó a mi puerta. El corazón me latió con fuerza cuando escuché el timbre. Lo recibí con un abrazo el cual me correspondió. Lo invité a pasar y conversamos brevemente sobre los eventos de la mañana. Puede entender que Humberto notó mi preocupación, dudas o inseguridad, yo sé que algo se me tiene que haber reflejado en el rostro porque me hizo esta pregunta: “¿Tu te sientes bien? Te noto distinta a la otra noche.” “Estoy bien”-le respondí. “¿Tu necesitas algo de mi?”-me preguntó. Yo sonreí y respiré con profundidad sin saber qué decir. Humberto se me acercó y con suavidad tomó mi mano e insistió en saber qué me sucedía. Seguí muda y en ese perturbante silencio me viré hacia él y lo miré fijamente a los ojos. Sé que mis ojos gritaban “entiéndeme, no sé que hacer, pero te deseo”. Acompañé la mirada con una caricia en el rostro y mi próxima reacción me dejó sorprendida. Con delicadeza lo acerqué a mis labios y nos fundimos en un beso. Mi inexperiencia en el contacto físico con un hombre me provocó una excitación tremenda. Era mi primer beso y me encantaba la sencilla intimidad de sentir los labios y la lengua de un hombre contra la mía. No disimulé mi excitación y dejé escapar livianos gemidos de placer por despertarme tantas sensaciones e instintos. Estaba maravillada de lo mucho que un beso activaba los sentidos.
Humberto comenzó a acariciarme sobre la ropa por el área del pecho y alcanzó mis senos. En tan breve contacto ya sentía en mi vagina el derrame de fluidos y contracciones que me provocaban desearlo ansiosamente. Me fue reclinando en el sofá y se acomodó sobre mi cuerpo. No nos dejamos de besar y me enloquecía la sensación de su sexo punzante en mi entrepierna. “Vamos a mi cuarto”-le susurré. “¿Si tu quieres…”-me respondió. Nos levantamos a lo guié hasta mi cama, lo ayudé a desvestirse y me quité la ropa quedándome en mis pequeñas piezas íntimas. Su ropa interior mostraba manchas de humedad y alcancé ver cómo caían gotas de sus fluidos en sus pies. Me sentí cómoda entendiendo que estaba tan listo como yo para compartir nuestros cuerpos. Se me acercó como un lobo y me acarició por todas partes. Me viró contra su pecho y me introdujo la mano por el lado de la parte baja de mis pequeñas pantaletas. No tardó en encontrar mi canal de pasión y me introdujo los dedos, se los embarró de mis jugos y me acarició el clítoris con suavidad. Yo no necesitaba mucho estímulo ya para llegar a un orgasmo, pero había mucho más que quería experimentar. Traté de despegarme para no terminar así pero se me hizo muy difícil rechazar tan sabroso contacto. Humberto me murmuró al oído: “Déjalo salir, termina así que yo tengo más para ti”. Y como chiquilla obediente levanté los brazos y me aferré de su cuello para que besara el mío. Moví mis caderas para incrementar el roce de sus dedos con mi clítoris y con energía y emoción; gemidos fuertes y rigidez corporal alcancé mi primer orgasmo en sus manos. Recibir la estimulación de un hombre fue una experiencia divina, pero insistía en no terminar ahí el encuentro.
Sabía que tenía que gratificarlo a él también y le pedí se acostara en la cama. “Déjame complacerte y yo a ti, acomódate de palmas y rodillas”-me dijo. Y nuevamente lo obedecí, mi curiosidad por sentirlo todo me provocaba someterme. “¿Era eso bueno o malo?”-me pregunté. No me molesté en perder el tiempo en analizarlo, necesitaba sentirlo dentro de mi cuerpo. Las ansias por ser penetrada me invadían de manera intensa y no podía negarme a recibir lo que deseaba y sentía que necesitaba. Con lógica dificultad Humberto me logró penetrar. Una vez dentro de mi cuerpo sus impactos fueron sedosos gracias a mi abundante lubricación. Humberto no hizo preguntas ni comentarios, de lo que me alegré. El deseo mezclado con el bienestar de ser penetrada y gustarme tanto me motivaron a mover las caderas en contra de su ritmo para hacer del momento uno más completo. No tendría la experiencia, pero me dejé llevar por mis instintos. Él no dejó de moverse y me dijo: “Sigue tu que me gusta”. Me tomó por las caderas y mantuve el movimiento de mi cuerpo acompañado de gemidos hasta provocarme la sensación de la cercanía de otro sabroso orgasmo. “¿Te falta poco?”-me preguntó. “Muy poco”-le respondí. Y comenzó a penetrarme nuevamente con mucha fuerza lo que me causó emitir fuertes gritos de placer. Él esperó a que yo concluyera mi gustazo y desbordó sus fluidos calientes sobre mi espalda y trasero. La curiosidad me mataba y giré la cabeza para observarlo una vez que sentí sus salpicones tocar mi piel. Gritó de placer tanto como yo y una vez que terminó con su eyaculación me acarició la piel embarrándome con su resultado, el cual entendí que también fue sabroso y liberador para él.
Me levanté sobre las rodillas para pegarme contra su cuerpo y me abrazó por la cintura, dejé caer mi cabello hacia un lado y me dio besos en el cuello. Entre beso y beso me preguntó: “¿Te gustó?” A lo que respondí: “Mucho”. “¿Quieres más?”-me preguntó. Y le respondí que sí, pero que quería ducharme primero y lo invité a pasar a la ducha conmigo…
Nos abrazamos bajo la ducha de agua fresca para calmar nuestros sudores y residuos de un fogoso encuentro. Nos besamos como adolescentes y nos enjabonamos uno al otro con caricias y contactos lujuriosos. Mis ganas de continuar experimentando y probando más de los ricos placeres del sexo me provocaban algo de ansiedad, pero mientras Humberto continuara con las mismas ganas que yo y conservara la energía para lograrlo, todo estaba bien para mi. Bajo el agua nos acariciamos los cuerpos. Yo me aproveché del momento para observar de cerca los detalles específicos del sexo masculino. Las fotos de revista ilustran, pero no hay nada mejor que ver con las manos. Exploré la textura de su miembro fláccido y en descanso, más me entretuve reviviéndolo para convencerme de que poseía la capacidad de lograrlo. Le enjuagué sus partes íntimas y me lo introduje en la boca para sumar experiencias y mi historial vacío. En un momento dado me pidió detenerme y me dijo que regresáramos a la cama. Tuve mis dudas si era que no había demostrado suficiente destreza en saborearlo, sí sé que su erección fue masiva….
Nos secamos y salimos del baño. Ya era pasado el medio día y Humberto se quejó de hambre. Yo no tenía nada preparado y mi mente no estaba en las de enfrascarme en la cocina a improvisar un menú, así que me invitó a ordenar una pizza. Me pareció buena idea e hice la llamada. En la espera por la pizza pasamos a la sala para esperarla cerca de la puerta. Estábamos envueltos en toallas y al sentarse, su sexo se asomó recordándome su existencia. Me hablaba de trivialidades y sin prestarle mucha atención me le arrodillé entre las piernas y continué saboreando y activando su sexo. Le latía según se erguía y para mi sorpresa mi vagina imitaba sus latidos. “¡Esto también me excita!”-pensé con sorpresa. Humberto se fue relajando en el sofá, abrió más las piernas y se quedó callado. Yo nunca había probado un pene y me complació la sensación de sentirlo renacer en mi boca. Cuando ya se retorcía de placer tocaron el timbre de la puerta; ¡claro la pizza! Ya hasta la había olvidado. Humberto se tapó con la toalla y abrí una fina rendija en la puerta para recibirla y pagarla, la coloqué sobre la mesa de centro y regresé a darme banquete con su sexo, el cual continuaba rígido. Me solicitó montarme sobre él. “Esto me han dicho que se siente bien”-pensé. Sin reparos lo monté. Fue una penetración suave gracias a que mis jugos ya estaban presentes y le pedí: “Dirígeme para que sea a tu gusto”. Me tomó por las caderas y comenzó a mecerme con suavidad. Yo sentí maravilloso, su sexo entero dentro de mi cuerpo me hacía sentir llena, pero el estar sobre él me otorgaba el poder de controlarlo. Llevé sus manos a mis senos y me aferré al espaldar del sofá para reforzar mis bruscos movimientos. La sensación de rozar mi clítoris contra su cuerpo y su piel me provocaba cosquillas por todo el cuerpo. Quería rendirlo pero a la misma vez me urgía terminar. No hice preguntas, no pedí permiso, no me encomendé a nada y me esforcé por alcanzar otro sabroso orgasmo que me dejó rendida. Humberto sin haber terminado su jornada me pidió sentarme sobre él, pero dándole la espalda. Lo complací con gusto ¡y que sorpresa para mi fue esa otra posición! Al tener los pies en el piso me impulsaba sobre su miembro con más fuerza en movimientos bruscos de entrada y salida. Me tomó por la cintura y me impulsaba todavía más. Éramos eco uno del otro con gritos de placer. Mi vagina bien lubricada permitía que su pene resbalara completo de entrada y salida. Aferré las manos sobre sus muslos y me esmeré en satisfacerlo con rudeza según él me movía, pero una vez más mi sexo respondió a los estímulos de mi amigo y me esmeré para los dos. En el momento de él alcanzar su orgasmo me dejó de mover en saltos y me aferró a sus caderas con su sexo completo dentro de mi vagina, entonces me movió en rotación y a mi lo que me hizo fue un favor. Logré alcanzar otro fenomenal orgasmo unos segundos después que él y me lo saboreé tanto o más que los anteriores.
Habiendo ambos terminado me acarició la espalda y me dejó tomar aire. Una vez me compuse, después de disfrutar de las sabrosas sacudidas corporales que me provocaban los orgasmos, me levanté, lo besé en los labios, nos limpiamos con las toallas y pasamos a disfrutar de la pizza. Busqué unas sodas para acompañarlas y la degustamos juntos.
Durante el almuerzo yo no dije mucho. Quería evitar preguntas sobre mi virginidad o dudas sobre mi inexperiencia. Pero estaba enteramente satisfecha de haberme podido disfrutar varios orgasmos y haberlo podido llevar al mismo lugar. Aún así, quería más….
Después de comernos la pizza Humberto me pidió descansar un rato y lo acompañé hasta mi cuarto y le preparé la cama. Lo instalé y le dije que iba a recoger el comedor y regresaba en un rato. Lo dejé con los ojos cerrados, le apagué la luz y cerré la puerta con sigilo. Antes de salir del cuarto tomé mi diario y me acomodé en el comedor y tracé estas líneas:
Querido diario: ¡Acabo de vivir mi primer encuentro con un hombre! Besé y me besaron, compartimos nuestros cuerpos, tuvimos intimidad, inundó mi cuerpo con el suyo, para ser mi primera experiencia ha sido todo muy satisfactoria. ¡Estoy viva! No siento vergüenza, los sentimientos de culpa son emociones de un pasado que siento ya tan lejano… De ahora en adelante caminaré en la dirección que el sol me alumbre dejando atrás las sombras de lo que fui, de esa otra “yo” que no vivió, sólo existió.
Mi querido y fiel diario: ¡Ya soy toda una mujer! He conocido un mundo nuevo y por primera vez en mi vida he encontrado la felicidad física que creía inexistente, imposible de alcanzar, irreal, sólo de novelas y películas. Sí existe y me ha tocado vivirla y me la estoy saboreando. He probado tantas cosas en tan corto tiempo que no tengo tiempo ni para descansar, pero esta vez lo hago para no perderme de nada, para que no se me pase el tiempo sin vivir a plenitud como merezco. Distinto a muchos, YO estoy viviendo mi primera oportunidad y no la voy a dejar escapar.
Te agradezco todos los años que me has acompañado, que me has sido fiel, mi mejor amigo; mi único amigo. He sabido mojar tus páginas con mis lágrimas de soledad y angustia, desbordarte mi corazón vacío, ávido de todo, irónico ¿no?
Aprendí en mi búsqueda que no existe la bella completa. En ocasiones tenemos que sacrificar o carecer de algunas cosas para lograr otras. Yo buscaba aventura y vida, encontré mi otro yo, un alma afin con quien compartirme y me llena más que modelar el cuerpo o llevar tacones. Me acepta como soy y lo acepto como es, te repito, es mi reflejo en masculino...
Aprendí en mi búsqueda que no existe la bella completa. En ocasiones tenemos que sacrificar o carecer de algunas cosas para lograr otras. Yo buscaba aventura y vida, encontré mi otro yo, un alma afin con quien compartirme y me llena más que modelar el cuerpo o llevar tacones. Me acepta como soy y lo acepto como es, te repito, es mi reflejo en masculino...
Hoy te escribo por última vez, me despido de ti y me despido con un adiós. Soy egoísta, lo sé, pero que bien se siente vivir para uno mismo. Supiste soportarme por tantos años y lo que creaste fue un monstruo en oscuridad, no te juzgo ni te reprocho, no conocía nada más. Hoy despunto, brillo con luz propia y con pesar te digo que ya no te necesito. Tengo reposando en mi cama un hombre que respira aire, con un corazón que late y sangre que le fluye por las venas, que carga necesidades de hombre y que sabe complacer a una mujer; y soy yo esa mujer. Ya tu cumpliste la misión de socorrerme en ausencia de vida, pero hoy vivo.
Gracias por tus años de compañía y consuelo, ahora me rodeo entre humanos, éstos me hablan y los escucho con detenimiento para aprender cada detalle de todo lo que me había perdido.
Gracias por tus años de compañía y consuelo, ahora me rodeo entre humanos, éstos me hablan y los escucho con detenimiento para aprender cada detalle de todo lo que me había perdido.
Tu tiempo terminó y ahora morirás en la hoguera y contigo mi patética vieja vida…Una vez más gracias por haberte entregado a mi por tantos años….Adiós mi fiel amigo...
[1] jeans, pantalones de mezclilla
Artemisa©

3 comentarios:
Brillante, una versión erótica de betty la fea.
La introducción estuvo soberbia, si no es la mejor que te he leído, por lo menos es la mejor que recuerdo.
Curioso mencionar cuanto me llego la imagen de un "sabio feo".
Describes en tus líneas lo que yo llamo, el animal que todos llevamos dentro, es el equilibrio impuesto por las sociedades entre lo racional y lo animal. Es algo así como negar la naturaleza y entregarse a los parámetros sociales.
Alabanza para todos aquellos que han logrado liberar el animal que encierran en su interior.
El balance es importante pero a la madre naturaleza no la podemos engañar.
De mi parte podría decirse que el animal que llevo dentro lo tengo atado con hilo de coser y se me suelta con gran facilidad, por eso siempre que puedo miro a lo alto con reverencia y me repito, "Que obediente y buen muchacho he sido".
Interesante lo que cuentas, tu relato permite bucear en la mente de una mujer.
No es facil ser diferente... Llegamos al mundo con ventajas y desventajas, atributos y carencias o excesos. Yo entiendo que cada individuo es hermoso tanto fisica como espiritual y mentalmente, triste del que utiliza mal sus dones.
"Betty" fue astuta, no reconocida como hermosa por la cruel sociedad, se transformo fisicamente, le gusto, lo disfruto, logro su proposito, pero al final reconocio que seguia siendo la misma de siempre en su interior y eso la llenaba mas... Por eso colecciona "SOMBRILLAS DE PAPEL"
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