En una noche serena, el cielo estaba despejado, conducía de regreso a casa y me deleitada con la vista al cielo hasta que extrañé la luna. La busqué y no la encontré.
Un caminante parecía buscarla también porque lo observé mirando al cielo. No me pude contener y detuve el auto para preguntarle, ¿Buscas la luna, adónde se metió? El hombre primero reaccionó con sorpresa y me observó, pero me respondió: “Hoy es noche especial de luna, tenemos Súper Luna de Perigeo¹.” “Lo sé, por eso la ando buscando”-le respondí. “¿La ves, yo no la encuentro?”-le pregunté. “Debe estar hacia el este y desde aquí no se ve, es temprano todavía”-añadió. “Eso debe ser. ¿Quieres ayudarme a buscarla?”-le pregunté. “Pues sí, no me la quiero perder”-y se montó conmigo.
Conduje en dirección hacia el este y allí estaba la señora luna. De blanco intenso, resplandeciente, impresionantemente grande. Nos estacionamos, nos bajamos del auto, nos sentamos a la orilla del capó y guardamos silencio para observar tan magistral ícono de la naturaleza. Mi compañero de viaje para el evento lunar me preguntó: “¿No sientes distinto, una energía diferente?” “Siento la sangre fluir por mis venas con velocidad, siento mi corazón latir con intensidad, siento una excitación extraña que me quema el cuerpo”-le respondí sin reparos. “No lo puedes haber descrito mejor, algo así es lo que siento”-añadió. “Tiemblo y no es de frío.”-agregó. Me le acerqué y le pasé la mano por la espalda y los brazos para calmarle esa sensación extraña en su piel. Yo no temblaba pero tenía la piel erizada, lo pudo sentir cuando me le acerqué. Me colocó el brazo sobre los hombros para dar consuelo a mis sensaciones.
Continuamos contemplando la luna abrazaditos. Respirábamos al unísono. Esa energía intensa y novedosa inundaba nuestros cuerpos. Nos inyectaba de lujuria, de deseos por experiencias nuevas. Coincidimos en mirarnos y muy despacio fuimos acercando nuestras bocas hasta tropezar nuestras lenguas para enredarse en un beso. Mi compañero espectador de luna me movió de su lado a frente a su cuerpo, me pegó las manos en el trasero y me llevó a sentir su masculina protuberancia. Me sacó un suspiro. Me gustó lo que sentí. Le busqué los labios y nos enfrascamos en otro interminable beso. No me despegué de su cuerpo. Me acarició toda. Avanzaba sus manos por mi cuerpo tocando cada centímetro a su alcance. Respiraba intensamente. Yo mantuve mi cuerpo muy cerca del suyo. Con movimientos suaves le pegaba y despegaba las caderas de su pelvis para sentir su bulto hacer presión contra mi vagina, ya impregnada de mi elixir.
Me comenzó a besar el cuello y me fue envolviendo cada vez más en su artimaña. Me jugó con el cabello hasta que literalmente me despeinó, sin quejas, todo sabroso, quería cada vez más y más. Me devoraba como lobo en celo manejado por el salvaje instinto de penetrar a su hembra con ebriedad lujuriosa. Yo me sentía fácil, me dejé llevar, algo en mí no me permitía detenerlo. Me gustaba su manoseo, sus besos, su erección…
Sin encomendarse a nada ni a nadie introdujo la mano en mis pantalones. Deslizó los dedos en mi resbalosa y hambrienta vagina. Estaba bien mojada y al sentirme dijo: “Que rico, ya estas lista.” “Hace rato”-murmuré. Se abrió el pantalón y me dijo: “Siéntelo” y me dirigió la mano a su entrepierna. Abrí los ojos con expresando sorpresa. Me topé con miembro rígido, durísimo y le pregunté: “¿Todo para mi?” “Todo para ti”-repitió serenamente. “¿En dónde?”-le pregunté. “Donde tu lo quieras”-respondió. “No, me refiero ¿Adónde nos vamos a entregar en esta noche de mágica luna?” Miró mi auto y resultó ser muy compacto. Observé su mirada y le dije: “En el auto no, te quiero disfrutar completo.” “¿Vamos a mi casa”?-me preguntó. “Vamos”-respondí.
No era mucha la distancia de donde estábamos a su casa. Se bajó del auto y se detuvo para mirar al cielo. Me invitó a acompañarlo y contemplamos la majestuosidad de la luna en todo su esplendor. Mirarla nos envolvía de una magia especial que culpamos por hacernos sentir de esa manera, pero agradecidos de habernos encontrado en el camino.
En su casa, justo al entrar, sin haber cerrado la puerta aún nos besamos con desespero, con ansiedad por sexo, por sentirnos, por probarnos… nos despojamos de la ropa sin separar nuestras lenguas, gimiendo, rabiosos por entregarnos. Me llevó hasta el sofá y me inclinó hacia el frente para penetrar mi dulce y resbalosa vagina. Fue una penetración con fuerza, pero meritoria, era lo que nos pedía el cuerpo. Alcancé mi vagina y me acaricié suavemente deslizando los dedos en mis abundantes fluidos. Mi compañero espectador de luna desbordaba su energía con movimientos enérgicos. La situación se puso cada vez mejor, era una sinfonía de sonidos; sus caderas impactando mi trasero, mis fluidos vaginales hacían eco de sus movimientos, gemidos intensos de placer rotundo. Mis caricias se convirtieron en la urgente necesidad de masturbarme. Me acaricié con frenesí, desesperada por alcanzar ese orgasmo tan deseado. El deseo se apoderó de mis sentidos y se concentraron en mi entrepierna. Sentía sabroso, rico… y lo alcancé con satisfacción. Mi amigo alcanzó su éxtasis a la misma vez y recogió sus fluidos en la mano y me los embarró en el trasero. Ya aliviados por tan intensa y satisfactoria descarga me enderecé y me mantuve de espaldas contra su pecho, podía sentir los latidos de su sexo posteriores a un orgasmo. Me abrazó por la cintura y me susurró al oído: “¿Te gustó? A lo que respondí: “Me encantó.”
Me viré de frente a él, lo miré con fijación a los ojos y con una sonrisa en los labios le dije: “Agradezcamos a la luna porque con sus hermosos destellos nos inyectó de pasión y gracias a ella nos hemos compartido…”
Artemisa©
¹ - "El 19 de marzo de 2011, una Luna llena de gran tamaño y rara belleza se elevará en el este en la puesta del Sol. Es una Súper Luna de Perigeo, la más grande en casi 20 años"

4 comentarios:
La luna para muchos es su confidente, su amiga; para otros es la responsable de sus sentires.
En esta historia -NOCHE DE LUNA- la luna jugo un papel crucial; no solo fue la que le inyecto vibraciones a estos dos seres, sino tambien fe testigo de sus emociones compulsas.
No soy cientifica ni astronoma. ¿Que la luna tenga esa fuerza superior que nos haga sentir diferentes? No lo se y hasta prefiero no saberlo.
Escojo seguir creyendo que si y apropiarme de ella para obsequiarsela a alguien especial que me ilumine tanto como ella...
QUE ESPECTACULAR ESTA ESTA HISTORIA, NOCHE DE LUNA LLENA SIEMPRE CAMBIA NUSTROS DESEOS DE UNA MANERA EXTRANA PERO RICA, BUEN TRABAJO!!!!!
FRANK
Que tal Artemisa, te felicito, es una estupenda historia, coincido contigo, creo que la luna es misteriosa y que proyecta cierta energia, que no vemos solo sentimos y a veces ignoramos, pero ahi está. Te lo digo por experiencia, porque asi fue como hicimos el amor una vez mi esposa y yo solo cobijados por la luz de la luna.
Me gusto la forma en que te referiste a los fluidos vaginales como un elixir, desde mi punto de vista es una miel que me gusta beber.
Saludos
Tremenda historia, y si definitivamente la luna cambia nuestros sentidos, lo digo por experienca
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