Vistas a la página totales

ANGEL PROTECTOR

Formaba parte de un grupo de modelos que participaba en la promoción un licor. Ésta en particular era la celebración el cierre de verano en una de las playas más concurridas del país. Se esperaban miles de asistentes.

Era un ambiente desenfrenado, enfermo, ruidoso, lujurioso, cuerpos semidesnudos y de ebriedad rampante. No puedo negar el haberme sentido amedrentada por las masas, pero era mi trabajo. Mi refugio era el promotor y encargado de la promoción de la bebida; Frank, mi ángel protector. No lo perdía de vista ni él a nosotras, a mí particularmente me provocaba una sensación de seguridad tenerlo cerca. Se caracterizaba por proteger a las modelos y nos trataba muy bien. Era amable y cariñoso, muy comprometido con su trabajo y con nosotras.


Finalmente la actividad iba a comenzar. Las modelos subimos a la tarima y parecía que aquello se iba a caer. Música ensordecedora y gritos a granel. Se hizo la presentación del licor, le tirábamos muestras al público. Nos convertíamos en las “señoritas de las sonrisas coquetas” para complacer la vista con nuestros encantos. Modelábamos nuestros cortitos vestidos con la marca del licor estampado. Estas demostraciones eran una degradación femenina intensa, pero tenía el cuerpo para ello y necesitaba pagar mis estudios.

En un abrir y cerrar de ojos el público comenzó a salirse de control. Muchos hombres subieron a la tarima, las modelos nos agrupamos en una esquina y una cortina del servicio de seguridad nos protegió. Perseguía con la vista a Frank. El pobre estaba desesperado, sudaba galones intentando establecer control. Se logró alcanzar mejor orden del público y la presentación continuó. Las modelos hacíamos nuestro trabajo bajo tensión. Los hombres, como bestias salvajes, nos gritaban lo que ellos consideraban halagos y piropos pero en forma de improperios. Aunque me sentía protegida por la presencia de Frank, eran demasiados contra uno. Aún así continué con la demostración deseando que terminara lo más pronto posible. Hacía oídos sordos para no escuchar las “ofertas” de aquella masa de ebrios.

¡Terminó la presentación! Las modelos caminamos en fila con elegancia, para abandonar la tarima, yo era la última. El plan usual era que el servicio de seguridad nos escoltara hasta nuestro tráiler. Desafortunadamente nos quedamos cortos de agentes de seguridad y me dejaron atrás sola. Sentí pánico al darme cuenta que no tenía protección. Pude dar unos pasos y pensé que saldría de allí ilesa hasta que me dieron un manoplaso en el trasero. ¡Lo sabía, no me podían dejar sola! Inmediatamente sentí cientos de manos sobre mi cuerpo. Me apretujaron los senos, me rasgaron el vestido, me tiraron del cabello, me manoseaban como a un pedazo de carne… Me puse histérica, grité, lloré despavorida, busqué a Frank entre el caos y lo vi corriendo desde lejos en dirección hacia mi. Cuando logró llegar a rescatarme me levantó en brazos y me arrebató de las garras de las bestias. Se abrió paso entre la muchedumbre y me llevó al tráiler de los promotores. Ya el resto de las chicas había partido.

Frank se aseguró de activar la cerradura del tráiler y me bajó al suelo. Me tambaleé y me sostuvo. Con voz serena me preguntó: “¿Estás bien Lunita?” Yo no pude articular palabras. Estaba tan nerviosa, horrorizada, me sentía violada y sucia. Me temblaban las manos. Frank muy generosamente me llevó a sentar y me trajo agua. Las lágrimas empapaban mis mejillas, fluían solas, no podía contener mis emociones. Frank se había sentado frente a mi, me tomó una mano y pacientemente esperó a que recuperara el control. Ya un poco más serena me pidió ponerme de pie y me abrazó con mucha fuerza, por largo rato… Me acariciaba el cabello y me besaba la cabeza como el que consuela a una hermana. “Ya me siento mejor. En tus brazos me siento segura” e irrumpí en rabia diciendo: “¿Qué pasó, por qué me dejaron sola al final de la cola?” “No sé Lunita, no sé que pasó, discúlpame por favor” “Tu eres mi niña bonita y me avergüenza y duele tanto que esto te haya sucedido, discúlpame por favor.” Sacó su pañuelo y me secó las lágrimas. Podía ver en su rostro angustia y frustración. Asentí con la cabeza y me senté, respiré profundamente y le pregunté: “¿Y ahora quién me va a sacar de aquí? Ya se llevaron a las otras chicas. “No te preocupes Lunita, yo te voy a llevar, nos vamos pronto”-me dijo y me dijo y sus palabras me dieron consuelo.

Frank salió del tráiler y coordinó con la seguridad que nos escoltaran hasta su vehículo. Estábamos a las afueras de la playa, en esa área prácticamente no había gente, aún así yo sentía pánico. Frank me avisó que ya podíamos salir y me abrazó muy pegadito a su cuerpo, caminamos hasta su auto y partimos. Estábamos a dos horas de nuestra área de residencia. El viaje sería largo y tedioso, pero tenía a mi ángel protector a mi lado. Por largo rato me mantuve en silencio. Trataba de borrar de mi mente el incidente y no podía. Entiendo que Frank se dio cuenta, primero me dio mi espacio y al rato me puso conversación. “¿Te sientes mejor Lunita?” “Sí”-murmuré en un tono de voz muy bajo y lágrimas brotaron de mis ojos. Frank me soltó el cinturón de seguridad y me pidió me acercara a él. Yo necesita consuelo, calor sincero. Me le acerqué como me lo solicitó y me pasaba el brazo por la espalda. Yo recosté ligeramente la cabeza sobre su hombro. Según me acariciaba la espalda me besaba en la frente.

En esa posición condujo Frank por largo rato. Dentro de mi espantoso mal rato, estar tan cerca de él me provocó un drástico cambio de emociones. De joven frágil e indefensa comenzó a despertarme la mujer hambrienta. Sentir la fuerza de Frank tan cerca de mí, sus caricias en la espalda, sus besos en la frente… Me fueron erotizando y despertando deseos. Usaba una colonia muy agradable a los sentidos, perfectamente rasurado, delineando los vellos de bigote y barbilla. Era corpulento, de espalda muy ancha, manos grandes, voz gruesa pero agradable, sabía modular el tono para hablarme con ternura y cariño.

Frank interrumpió mis pensamientos lascivos para solicitarme espacio y quitarse la camisa.  Llevaba debajo una camisilla blanca muy ceñida al cuerpo. Lo ayudé a quitársela y me hizo señas para volver a acomodarme a su lado. Respiraba su fragancia profundamente y me seguían despertando los sentidos. Como llevaba la cabeza sobre su hombro, con un leve movimiento rocé su cuello con la nariz y le comente: “Hueles bien” Frank sonrió y me preguntó: “¿Te gusta?” y mi respuesta se limitó a emitir un sonido de aprobación. Me acerqué nuevamente a su cuello y lo besé con suavidad llevando mi mano al otro extremo del cuello para acariciarlo. Me tomó la mano y le depositó un beso. Observaba como Frank dejaba caer los párpados en señal de agrado. Le acaricié el pecho, deslicé los dedos a lo largo de su brazo, el cabello… Frank se limitaba a sonreír. Extendió el brazo disponible y lo colocó sobre mi muslo. Me acarició la piel, me daba apretones firmes.

Íbamos por una larga, monótona e interminable autopista. Muy poco tráfico. Frank se detuvo a la orilla de la carretera y se viró a devorarme a besos. Fue un intercambio total. Se había despertado el deseo entre ambos. Nos besábamos con desesperación. Me sostenía el rostro entre las manos y me besó en la frente. Continuamos la marcha.

Sintiéndome cómoda y dueña del momento le solté la correa y le introduje la mano en los pantalones. Me facilitó el camino despegando el pantalón y pantaloncillo de su cuerpo. Me tropecé con una erección poderosa que presioné con gusto. Frank se acomodó en el asiento y redujo la velocidad. Lo acaricié por un buen rato. Disfruté la dureza y rigidez de su miembro en mi mano, pero el espacio era muy limitado y su erección prominente. Libremente se bajó la cremallera y expuso su miembro. Lo continué acariciando hasta que me miró y me pidió: “Bésalo” y con gusto lo complací. Pude escuchar un “mmmm” cuando me lo introduje completo en la boca. Lo besé, lamí y succioné como mejor pude considerando el poco espacio, pero no me detuve. Sus testículos descansaban presionados por el elástico de su ropa interior, los acaricié con la yema de los dedos muy sutilmente. Las piernas de Frank temblaban. “Me estás haciendo cosquillas”-dijo. Me limité a su robusto y bien formado sexo.

La respiración de Frank se fue acelerando y yo respondía con movimientos más rápidos. No me detuve en ningún momento. Frank no perdió el control en la carretera ni detuvo la marcha. Me acarició el cabello y esas caricias pasaron a ser empujones de mi cabeza para llevarlo a un orgasmo. Frank eyaculó libremente tras el volante mientras yo me tragaba los resultados de su liberación. Inhaló y exhaló profundamente y me dijo: “Que rico Lunita.” Sonreí suavemente sin decir una palabra.

Me acomodé a su lado, separé las piernas, puse los pies en el asiento y me empecé a acariciar. Frank me dijo: “Acércate para sentirte”. Me moví un poco y continué deslizando los dedos por mi empapada vagina. “Mira como estoy, es tu culpa”-le dije con un sarcasmo pícaro. Frank me dijo: “Déjame ver si es verdad” y me acarició con suavidad. “Que suave Luna, se siente sabroso”-me dijo y se mordió los labios. Continué con mis caricias, él me estimulaba con palabras… “¿Sientes rico, te gusta?”-preguntó. “Sabroso Frank, sabroso”-respondí en voz baja y entrecortada. “Te comería toda”-dijo. “Me encantaría”-le respondí. Frank detuvo el auto, se estacionó a la orilla de la carretera y me dijo “Acomódate”. Me deslicé hacia atrás y descansé la espalda contra la puerta, separé las piernas, Frank se inclinó y se zambulló en mi entrepierna. Según me lamía y succionaba, movía mis caderas para que su lengua se deslizara por todo mi sexo. “Que rico Frank, no pares”-le pedí. No respondió, pero no paró. Gemí con gusto. “Sigue, sigue que se acerca”-balbuceé. Me concentré en los espectaculares movimientos de la lengua de Frank, me hacían volar… “Ay ay ay ay ay ahhhh”-grité desbordando mis pulmones. Frank me tiró un beso y continuó el camino. El resto del viaje fue sereno. No mencionamos el incidente en la playa, no era necesario. Nuestro intercambio me renovó, me devolvió la sonrisa.

Ya en nuestra área Frank me preguntó: “¿A tu casa o a la mía?” y le respondí “Ráptame ángel mío…”



Artemisa©


4 comentarios:

Artemisa dijo...

Mi mas sincero agradecimiento a una persona muy especial que compartio conmigo una experiencia vivida y me inspiraro a escribir esta historia! ;-)

Artemisa dijo...

Luna se sintio abusada y violada cuando fue manoseada por desconocidos, no le nacia la obligacion, pero le entrego su cuerpo a Frank porque a el si lo escogio.

Sexo, placer o como lo quieras llamar, en todas las etapas que envuelve; ya sea compartido, inducido por manos amigas, cibernetico o hasta por telefono no es una obligacion, es una opcion.

Asegurate de complacer a tu pareja, compañera/o, amigo/s con derechos o hasta un/a desconocido/a en un encuentro casual bajo mutuo acuerdo y aceptacion. Tiene que haber congruencia y deseo a partes iguales.

Es un principio basico = no tomar lo que no es nuestro y mucho menos a la fuerza. Comparte y compartete con el fin de disfrutar, no de ofender ni arrebatar lo que no te pertenece.

Que tengan buen sexo!

Anónimo dijo...

ESA ES LA IDEA DISFRUTAR DEL SEXO AL MAXIMO SIN REGLAS DESPUES QUE HAYA LA ACEPTACION DE AMBAS PARTES. SE VALE TODO!!!!!!!!!!!!!!!
SIEMPRE SORPRENDES CON UNA BUENA HISTORIA
FRANK

Artemisa dijo...

Que honor el haber recibido tu visita al blog Frank-mi Angel Inspirador! Me reitero en darte las gracias por haber compartido conmigo tus anecdotas.
Bajo acuerdo mutuo, se vale todo, muy cierto, ese es la "moraleja." :-)