Iba conduciendo un poco más rápido de lo que el nivel de velocidad estipulaba en esa zona. Hice un viraje a la derecha para tomar un desvío y me topé con un oficial de seguridad. Éste me miró detenidamente y con seriedad. Reduje la velocidad y continué la marcha. El oficial continuó mirando mi auto y eso me provocó inquietud, mi auto tenía todos los permisos al día. La inquietud se convirtió en curiosidad y retrocedí. ¿Algún problema con mi auto oficial?-le pregunté. “Reduzca la velocidad y conduzca con cuidado”-me respondió. “Así lo haré señor oficial” respondí y continué la marcha. Aunque fue una muy breve conversación la que sostuvimos, observé detalles que saltaban a la vista. El oficial era bien joven, alto, musculoso y parecía que su uniforme lo llevaba pintado al cuerpo. Sus ojos, misteriosamente escondidos tras unos lentes reflectores.
Ese era mi día de suerte. Me acababa de librar de un boleto por violar la ley de velocidad y sentí el compromiso de gratificar al oficial. Me acerqué a la tienda de abarrotes más cercana y le compré agua fría embotellada pensando en el sacrifico de estar por horas y horas expuesto al sol. Regresé hasta él y le ofrecí el agua con la excusa de agradecerle por velar nuestras calles. Aceptó el agua sin protestar, pero ni una sonrisa me regaló. “Fue un gesto genuino de buena ciudadana, no debía esperar nada a cambio”-pensé.
Mi semana continuó de carreras como siempre. Tenía que tomar nuevamente el camino donde había visto a aquel oficial. Esta vez no esperé a pasar por allí, sino que antes de llegar le volví a comprarle una botella de agua, esta vez con la intención de que me regala una sonrisa. Sé que era un capricho femenino, ¡pero así somos!
Me acerqué despacio hasta verlo apostado entre unos arbustos. “Bunas tardes oficial, no sé si me recuerda, pasé por aquí hace unos días, hoy regresé para obsequiarle agua, esta fría, ¿la acepta?”-le pregunté con candidez. El oficial, con la misma seriedad que lo había caracterizado anteriormente, caminó hasta mi auto y antes de tomar la botella se recostó del marco de la ventanilla, se removió las gafas de sol –exponiendo unos hermosos ojos negros- y me dijo: “Que placer tenerla por aquí nuevamente, ¿a qué se debe este detalle?” “Sabía que iba a pasar por aquí y me acordé de usted. Muy sacrificado su trabajo señor oficial, todo el día bajo el sol…y solo”-le respondí “Así es. Muchas gracias por el agua, me hacía falta. ¿La voy a volver de nuevo por aquí?”-añadió. Sonreí con picardía y le pregunté: ¿Me quiere volver a ver? “Me gustaría”-respondió con su habitual seriedad. “Vuelvo si me regala una sonrisa”-le solicité. Lo pensó y segundos después sonrió mostrando una hermosa y perfecta dentadura. Tenía una cara de dioses, un cuerpo sólido y perfecto, una estatura impresionante; el paquete perfecto que me complacía. Utilicé mi astucia para ir mas allá y le propuse lo siguiente: “¿Por qué no nos encontramos en otro lugar, cuando usted no esté trabajando? Hizo un gesto de aprobación y añadió, “Mañana no trabajo, a las 2 de la tarde en la entrada principal del Parque de las Flores, ¿le parece bien? “Me parece perfecto”-le respondí. Me extendió la mano como el que cierre de un trato, se la tomé y sostuve, y le pregunté: “¿Cual es su nombre oficial?” “Mi nombre es Ricardo, me llaman Rick, ¿y el suyo?-preguntó. “Me llamo Esmeralda”-respondí. “Hasta mañana Esmeralda”-se despidió. “Hasta mañana Rick”-me despedí y partí.
Mi día comenzó tan complicado y de carreras como de costumbre, pero a partir de las 2 de la tarde me tomaría un descanso bien merecido para compartir con Rick, tenía la esperanza de que fuera una cita interesante….
Llegué al Parque de las Flores y Rick me esperaba con una botella de agua. Me reí a carcajadas y la acepté con gratitud.
Después del protocolo de habituales saludos me preguntó: ¿Cuál es tu historia? Nos sentamos en un banquillo y charlamos brevemente sobre mi viva, mi trabajo, mis planes… ¿Y cuál es la tuya?-le pregunté. “Soy soltero, llevo dos años en la fuerza policial, mi trabajo me gusta pero no me encanta, me gusta vivir la vida a plenitud y mi trabajo me limita mucho”-respondí. ¿De qué manera te limita?-le pregunté. “Quiero enamorarme, vivo muy solo, no salgo por seguridad, necesito tener cerca una mujer que atienda mis necesidades, que me mime, que me quiera y a veces mis turnos son muy largos y o trabajo a deshoras”-añadió.
Yo también estaba muy sola, él me atraía muchísimo y me era muy agradable, pero mi vida era demasiado complicada para añadirle un compromiso más, aún así me dejó pensando en que ya era tiempo de conseguirme un hombre para darle lo mejor de mí y que también me atendiera. “Que pena no poder complacerlo en este momento de mi vida, es tentador…”- pensé. Pasamos juntos un rato muy agradable. Nos despedimos dejando las puertas abiertas para volver a vernos. Yo no sabía cuándo, ni pensé que se volvería a comunicar conmigo…
Pasaron unos seis o siete días y para mi sorpresa Rick me llamó. Me alegró mucho su comunicación e hicimos planes para vernos sábado en la noche. No sabía que esperar de esa cita… Rick propuso ir al cine pero esa idea no me entusiasmó. “Puedo rentar una película y la vemos en mi apartamento, si te sientes más cómoda de esa manera, claro esta.”-añadió ¡Me encanta la idea! Dime la dirección y allí estaré el sábado. Rick vivía al otro lado de la ciudad pero no a gran distancia.
Llegó el sábado y me personé a su apartamento fresca y cómoda, Rick ya había buscado la película. Me invitó a pasar y nos acomodamos. Yo no era fanática de perder dos horas de mi vida sumida ante una película, pero estábamos juntos y a ver que pasa…
Una vez que comenzó la película me recosté en su regazo con la precaución de no quedarme dormida, me aburrían las películas, ya buscaría la manera de entretenernos a mi manera…
Experiencias previas me había enseñado que las caricias en el órgano más grande del cuerpo; la piel, bien administradas, se podían convertir en mensajes e invitaciones de índole sexual. Utilicé el recurso… Me acomodé lo más cerca posible de su entrepierna para evaluar su reacción. Extendí el brazo para acariciarle la pantorrilla ya que llevaba pantalones largos. Caricias suaves y de buen contacto con su piel lo hicieron reaccionar con rapidez. Sentí un bulto en su entrepierna, reflejo esperado, seguimos… Rick deslizó su cuerpo ligeramente hacia abajo en el mueble para acomodarse mejor. Acarició mi cuello y tiene que haber sentido que se me erizó la piel porque escuché cuando emitió una suave carcajada. Yo sonreí de placer, me encantó sentirlo, hacía bastante tiempo que no tenía contacto físico con un hombre y cualquier acercamiento en ese momento me era placentero. Continué con las caricias subiendo por sus piernas por encima de su ropa. Acarició mi cabello hasta llegar a las raíces y le dio un tirón. Entendí su mensaje. Me volteé sobre la espalda y lo observé con una sonrisa en los labios. No se dijeron palabras, no hacían falta.
Me senté a su lado de lado hacia él y acomodé mi pierna sobre la suya con la rodilla haciendo un suave contacto con su entrepierna. Coloqué mi mano en su cuello para acariciar su cabello y con destreza y suavidad lo fui acercado a mí. Nos besamos con hambre, con deseo, con necesidad. Las manos de Rick avanzaron por mi cuerpo hasta llegar a mi trasero, el que arropó con su enorme manaza y apretó con firmeza. “Le gusta fuerte”-pensé…
En el veloz intercambio de caricias de no saber por donde más tocarnos y de besos salvajes e intensos, me acosté en el sofá y él se acostó sobre mí. Amarré mis piernas sobre sus caderas y aquel hombre ya no sabía que más hacerme. Me devoraba con desesperación. Levantó mi blusa y mi sostén y también devoró mis senos. Yo le acariciaba el cabello y lo observaba como quien supervisa las instrucciones de ensamblaje de un manual. …Hasta que articuló diciendo: “Estoy loco por ti, entrégate ya” “Desvísteme”-le solicité. Siguió mis instrucciones con ansiedad, con torpeza, desesperado… Me sentó en el sofá, me tiró de los muslos, separó mis piernas, besó la piel interior de mis muslos y acarició mi vagina con su lengua succionando sediento. Coloqué mis pies sobre sus hombros y me disfruté cada caricia de su lengua. Cerca de un inevitable orgasmo lo separé de mi cuerpo y le pedí penetrarme, pero antes le dije: “Me gusta tu fuerza, sorpréndeme con algo más.”
En silencio Rick trajo sus esposas y me recitó lo siguiente:
“Usted es arrestada por el delito de enamorarme.
Tiene el derecho de quedarse conmigo esta noche.
Todo lo que solicite se le otorgará con la obligación de reciprocarlo.
Comprométase a entregarse y darlo todo.
Tiene la entera libertad de manifestarse como mejor le plazca.
Puede usar estos beneficios en cualquier momento, sin hacer preguntas, con los ojos abiertos o cerrados.”
De mas está decirles que me reí a carcajadas, pero mi risa no afectó mi nivel de excitación. Rick me colocó las esposas con las manos en la espalda y me penetró como un torpedo. Una vez más enredé mis piernas sobre sus caderas y lo acercaba a mí con fuerza para sentirlo todavía más profundo. Grité con histeria, estar limitada de manos no era cómodo pero le permitía a Rick hacer de mí lo que deseara y esa parte sí me encantaba. Se fajaba como un toro. Según me penetraba rozaba todos los puntos necesarios para llevarme a alcanzar un orgasmo que hacia mucho tiempo no experimentaba, ¡él lo hizo todo! Yo sólo me limite a gemir, gritar, pedir más y disfrutar…me complació como a una reina exigente…
Reconociendo por mis estremecimientos que ya estaba complacida, Rick se retiró de mi cuerpo y de dos apretones bañó mi cuerpo con su espectacular conclusión. Su desbordamiento se esparció por todas partes hasta salpicar a mis labios, lo que saboreé como jarabe dulce. Me removió las esposas y me preguntó: “¿Pasas la noche conmigo?, tengo más para darte.” Caminé por la sala, me puse su sombrero de uniforme y le respondí: “Si señor oficial, tengo que pagar por mi delito”. Nos abrazamos entre risas y besos.
Esa fue la primera muchas noches que me quedé con Rick. Eventualmente me dio la oportunidad de manifestarme e hice de él lo que se me antojó. Jugábamos con fuerza y nos gustaba a los dos. Sus esposas llegaron a formar parte clave de nuestros juegos con “restricciones”. Nos amamos sin sentimiento pero con abundante pasión…
Artemisa©

1 comentario:
La piel; nuestro organo mas amplio. Elastico, suave -en la mayoria de los casos- que esconde nuestras entrañas como caja de seguridad, oculta el flujo de nuestra sangre, de nuestras palpitaciones. Sensible a las caricias, motor de impulsos y deseos, conector desde un comienzo hasta una conclusion. Utilizalo! Acariciate, acaricia la piel de tu pareja...
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