Me hospedaba en un hotel por concepto de un viaje de negocios. Inadaptada a los cambios de hora tenía dificultad para conciliar el sueño.
Bajé al vestíbulo del hotel y llegué hasta el salón de música. Estaba prácticamente vacío. Se encontraba un artista tocando el piano. Me le acerqué sigilosamente para observar sus manos acariciar las teclas. Me hipnotizaba su destreza, su ligereza en los dedos, su concentración. Deslizaba sus dedos por el teclado con rapidez, con determinación. Tocaba melodías que yo conocía pero de la manera más hermosa que las había escuchado. Me sentí romántica, melancólica deseaba atención y compañía. Me recosté sobre el piano para sentir la vibración de las cuerdas. Las sentía por todo mi cuerpo, por dentro y por fuera, me excitaba su destreza…
Me senté sobre el piano y lo miré con ojos tristes y melancólicos. ¿Por qué nunca aprendí a tocar un instrumento?-me pregunté. Esto debe ser relajante, pero que bueno por artistas que lo comparten para el deleite de espectadores.
Sentí el impulso de acostarme sobre el piano y me fui dejando caer despacio sobre la espalda. Cada vibración producida por aquel maestro me erizaba la piel. Cerré los ojos y puse mi mente en blanco para conectarme totalmente con aquel regalo de magistral destreza.
Me viré sobre el estómago y me deslicé hasta mirar el teclado desde “arriba” para disfrutar de la carrera de sus dedos entre blancas y negras. Las vibraciones del instrumento invadían mi cuerpo y cosquilleaban mi sexo. La soledad me aburría y el deseo de compañía se incrementaba. Me sentía viajar por el espacio disfrutando de pensamientos eróticos por el efecto de la música; sensación inevitable, la música energizaba mis sentidos, mis apetitos, mis deseos…
Inevitablemente sentí el impulso de acariciarme para complementar este momento apasionado conmigo misma… “¡Imposible!”-pensé. Necesito un hombre que me haga sentir viva como la música… Del aburrimiento y la nostalgia pasé a sentir deseos intensos de compartir mi cuerpo con un hombre diestro en el arte de amar…
El maestro al piano observaba mis movimientos según me acariciaba el vientre, la piel, los muslos, los senos y tocaba con mayor intensidad. Me obsequió piezas larguísimas y mi excitación aumentaba, no sé si quería complacerme o lastimarme, pero sí sé que disfrutaba la estampa.
Acostada en el piano sobre mi espalda me deslicé hasta que mis pies tocaron el borde de la tapa del piano, estaba descalza… Crucé las piernas y extendí los brazos. Me sentí libre, dueña de las notas, de las vibraciones…
El maestro me seguía obsequiando con piezas intensas y extensas. Mi cuerpo seguía respondiendo a las vibraciones de las cuerdas, me sentía húmeda en la entrepierna y con ganas de amar y ser amada. Lentamente comencé a separar las piernas y me deslicé otro poco más hacia el frente del maestro, doblé las rodillas y mirándolo con picardía me introduje la mano en las pantaletas. Cerré los ojos por un instante por el placer que sentí al acariciar mi sexo resbaloso. El maestro tocó una pieza suave y lenta para dar comienzo a mi viaje. Me deslicé otro poco y descansé los pies en el teclado, ya era momento de responder a mis carisias, a mi invitación a tomarme.
El maestro me aló por los muslos y me acercó todavía más a él hasta su cara alcanzar mi sexo. Me bajó las pantaletas con rapidez y se zambulló en mi entrepierna saboreando mi sexo con desesperación. Levantaba mis caderas para dárselo todo, me las agarraba y se escondía en mi sexo. Saboreaba mis fluidos con gusto, me lamía con fuerza y me hacía estremecer de placer… Con la misma destreza que manejaba las teclas del piano llevó sus dedos a mi entrepierna y me manipulaba como todo un maestro. Entre sus dedos y su lengua me llevó a experimentar un orgasmo espectacular. Mientras me encontraba en ese típico trance de regresar a la realidad y recuperar mis sentidos, mis piernas templaban y mis pies tocaban el teclado del piano. El maestro se sentó en el banquillo y me acarició desde las rodillas hasta los pies. Me sentí totalmente relajada, incapaz de sentir una vibración más que retumbara en mi sexo, me satisfizo completamente.
Ahora me tocaba devolver el “favor”. Me di vuelta sobre el piano y me viré de cara al maestro. Lo miré detenidamente y me le acerqué para lamer de su rostro los residuos de mis fluidos. Me tomó por las mejillas con ambas manos y me besó con romanticismo; propio de un artista, de un poeta del sonido… Le pregunté: ¿Qué quieres de mí, que te puedo dar? Sonrió con sarcasmo y me respondió: “Ve y descansa, regresa mañana.” Me bajé del piano y me paré a sus espaldas, lo abracé por el pecho y le susurré al oído: “Sube a mi habitación.” “Me arriesgaría a perder mi trabajo por ti, pero no en este momento. Ve y descansa, regresa mañana.”-respondió.
Al próximo día, temprano en la mañana partía de regreso a casa. No pude agradecer con placeres el gesto tan elegante de aquel maestro. Ordené un ramo de rosas blancas para serle entregado en la noche, le escribí una nota que recitaba: “¡Bravo Maestro!”
En el vuelo de regreso me entretuve escuchando música en mi iPod, clásica por supuesto; piano ¿por qué negarlo? Me provocaba sonreír, cerraba los ojos y me transportaba a la noche de anoche… ¡Que noche!
Artemisa©

5 comentarios:
La musica exalta los sentidos. Que placentero es vivir una aventura con una persona diestra, que comparte su arte, que siente como tu, que te complace. Que triste es partir y dejar un encuentro inconcluso, pero que sabroso es recordarlo...
Excelente. Una vez mas me veo reflejado en el espejo de tu inspiración. Aunque no he sido llamado maestro ni he recibido una flor, si he tenido flores que han regresado por mas "rocío". Por eso con humildad miro a lo alto y me repito, "que obediente y buen muchacho he sido".
kcfeo, GRACIAS por tus palabras, me alagan! Comentarios como los tuyos son los que me estimulan a eseguir escribiendo.
kcfeo ha hecho un nuevo comentario en la entrada "¡BRAVO MAESTRO!":
Excelente. Una vez mas me veo reflejado en el espejo de tu inspiración. Aunque no he sido llamado maestro ni he recibido una flor, si he tenido flores que han regresado por mas "rocío". Por eso con humildad miro a lo alto y me repito, "que obediente y buen muchacho he sido".
kcfeo, GRACIAS por tus palabras, me alagan! Comentarios como los tuyos son los que me estimulan a seguir escribiendo. Gracias por visitar el blog!
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