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VIAJE EN MOTO


Estaba en el vestíbulo de mi edificio tomando aire fresco.  Un vecino recibió la visita de un amigo en motora; pude escuchar la conversación…  le preguntó a mi vecino si lo acompañaba a correr y él le respondió que tenía muchas cosas que hacer, que ese día no.  No pude contenerme y le pregunté si quería compañía porque yo estaba disponible.  Se miraron uno al otro y mi vecino dijo: “Me salvaste” y se despidieron.


Me monté en su motora muy confiada como si lo conociera.  Miró hacia atrás y me preguntó mi nombre, “Sara” -le respondí.


Me sujeté de él con las manos cruzadas en su pecho. A ratos acariciaba su pecho
 y su cintura.  Me estaba divirtiendo muchísimo, viviendo una nueva aventura. Era una mezcla de emociones…libertad, peligro, adrenalina…




Durante el viaje descansé mi cabeza en su espalda y continué sujetándolo como para no dejarlo escaper.


No sabía donde estábamos, pero pude observer que habíamos salido de la ciudad.  Estábamos rodeados de naturaleza y apenas habían autos en la carretera.  Eramos los dueños del camino.


Me sentía muy cómoda y lo manifesté bajando mi mano hasta alcanzar su sexo.  Simpático, una vez que lo hice redujo la velocidad. Acaricié su sexo suavemente hasta sentir dureza y firmeza.  Viró a mirarme pero no protestó.  Regresé mis manos a su pecho y lo acariciaba a ratos.  Nos detuvimos y me preguntó si quería ir a un lugar más privado y asentí con la cabeza.


Condujo hasta un pequeño bosquesito, un lugar hermoso!  Con una pequeña caída de agua, todos esas tonalidades de verde combinadas, pajarillos cantando en la distancia, definitivamente un lugar que me robó el aliento.


Me tomó de la mamo y me ayudó a bajarme de la moto.  Se removió el casco, me tomó por las caderas y me acercó a él para mirarme, me besó.  A la misma vez yo empujaba mis caderas hacia su sexo endurecido y preparándome para lo que pudiera suceder.  Yo me sentía hambrienta por él, fue todo tan rápido, tan descabellado, tan exitante…


Acomodó tu chamarra sobre el pasto y me invitó a recostarme.  Abrí mis mahones y me removí la blusa, me miró con sorpresa pero me imitó.  Sin más ceremonia, sin palabras, sin rodeos me penetró intensamente...  Mis gemidos fueron tan intensos que pudimos eschuchar a lo lejos las aves volando despavoridas.  El hecho de estar a la intemperie y rodeados de naturaleza lo hizo espectacular.  Se tomó el tiempo de complacerme, moverse al ritmo que yo le pidiera… Era sabroso. Sus movimientos, su rudeza y su masculinidad me tenían cautivada…  Elevó mis piernas y las acomodó a los lados de su cabeza para una penetración completa.  Me penetraba con mucha fuerza y sin parar. “Quiero que te toques”-me dijo.  Automáticamente respondí a su pedido, me acaricié los senos y deslicé mis manos por mi vientre hasta llegar al lugar solicitado.  Acaricié mi sexo con calma para disfrutármelo y para que él también disfrutara de la vista que le estaba presentando.  Mis dedos resbalaban por todo mi sexo producto de la abundancia de fluídos.  “Mírame”-me solicitó.  Le clavé los ojos en su mirada sin dejarla escapar.  Tomé ventaja de la situación y me entregué a disfrutar de la pasión gimiendo y acelerando el movimiento de mis caderas… Le anuncié que mi orgasmo se acercaba y me digo: ”Libéralo!”.  Le tomé la palabra y en segundos sentí como mi cuerpo se contorsionaba producto de tanta manipulación.  Fue un orgasmo espectacular, una conglomerado de factores que me llevaron a concluir satisfactoriamente el evento tan deseado.  Le tocó su momento, cambió de posición bajando mis piernas y se mantuvo arrodillado frente a mi moviendo sus caderas a una velocidad exagerada hasta explotar en un fulminate orgasmo.  Todavía fatigado dejó caer su cuerpo hacia mi descansando sobre sus manos en el pasto, me miró fijamente y me besó en los labios, me siguió mirando y yo le sonreí.


Nos sentamos en el pasto y se recostó en mi falta, jugué con su cabello como lo hacen los nuevos amantes.  Una vez recuperado el aliento me llevó de la mano a la caída de agua, el agua estaba fresca, jugamos, nos abrazamos, nos besamos y disfrutamos de nuestros cuerpos desnudos tropezando a drede uno con el otro.


El día estaba por terminar, ya era hora de partir.  Nos vestimos, encendió la moto, me monté y tomó camino.  Condujo despacio, yo lo abrazaba con mis brazos cruzados sobre su pecho, a ratos me acariciaba las manos.  No quería que el viaje terminara, quería quedarme aferrada a él eternamente hasta que tuve que despertar de mi sueño porque llegamos de vuelta a mi edificio.  Nos despedimos con un fuerte abrazo…


De tiempo en tiempo ronda por mi edificio… He aprendido a reconocer el sonido de su moto.  Lo saludo por la ventana, me preparo y partimos.  Siempre visitamos el mismo pacífico y escondido lugar y siempre tenemos sexo de la misma intensa y enloquecedora manera.  Nos hemos tomado el tiempo de conocernos un pocó más, conversamos, nos reímos, sin compromisos… Para mi ha sido una encantadora aventura el haberte conocido Rody…


Artemisa©




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1 comentario:

Artemisa dijo...

Riesgo, libertad...