En épocas de verano era casi insoportable estar en mi habitación por ser demasiado caluroso y los precios de la electricidad seguían subiendo como la espuma. Era un lujo usar el aire acondicionado así que tuve que buscar opciones… Una amiga me recomendó un abanico de techo y me recomendó dónde conseguir uno de alta calidad, eficiente y con servicio de instalación incluido. Lo consideré y visité la tienda que me recomendó para evaluar opciones.
Me recibió un vendedor y se tomó el tiempo de mostrarme la variedad que tenían disponible. Muy amablemente me ofreció también la instalación del aparato, la cual acepté por carecer del tiempo para buscar en electricista y por la urgencia que tenía en resolver mi problema.
Dos días después recibí la llamada del instalador del abanico notificándome que ya estaba en camino. La voz me pareció familiar, pero después pensé que sería demasiada casualidad que quien me lo vendió también me haría la instalación. “Que más da, siempre y cuando lo instale bien no tengo inconveniente”-pensé.
Llegó el señor Pagán a mi casa y confirmé mi intuición, era el mismo caballero que me había vendido el abanico. Lo invité a pasar a mi cuarto y me indicó qué muebles tenía que mover para facilitarle su trabajo. Me ayudó a hacer los cambios y comenzó a trabajar. Lo dejé solo para que se concentrara en su trabajo no sin antes ofrecerle mi ayuda en caso de necesitarla. “Pues en algún momento la voy a necesitar, fíjese que no traigo ayudante y para montar la lámpara voy a necesitar otras manos”-me indicó. “Pues me deja saber cuándo”-le respondí y me fui a la cocina a prepararle algo de tomar porque como les dije, en mi cuarto hacía mucho calor.
Regresé a mi habitación con una pequeña bandeja cargando su bebida y unas servilletas para que se secara el sudor. Encendí el aire acondicionado para hacerle más cómoda la tarea y me lo agradeció. El señor Pagán utilizaba una escalera para hacer la labor, como me le acerqué de frente su sexo alcanzaba la altura de mi cara y de sólo darle un ligero vistazo sentí una sensación de lujuria inesperada que me estimuló a provocarlo y coquetearle… Yo llevaba puesta una blusa con un escote pronunciado que al inclinarme mostraba mis encantos. Utilicé mi escote como recurso. Lo invité a bajar la escalera y tomar su bebida. Se bajó y dejé caer una servilleta al suelo para obligarlo a mirarme, sabiendo que al ser tan cortés se inclinaría a recogerla y su mirada se escaparía para mirar mis pechos. “¡Dicho y hecho!” Así mismo sucedió. Él miró rápido por mi escote y levantó la vista a mis ojos, yo lo observaba con naturalidad como si nada hubiese visto.
Cruzamos palabras mientras se tomaba su refresco y lo sorprendí observando que sus manos eran muy bonitas y las mantenía bien cuidadas para estar haciendo ese tipo de trabajo. Le pedí si me permitía tocarle la mano, aceptó y con tranquilidad se la acaricié y se la acaricié entre las mías destacando su suavidad. Él se limitó a darme las gracias y sonreír.
Me entregó el vaso vacío y se subió a la escalera para continuar trabajando. “Como la puerta está cerrada para que no se escape el aire fresco, me voy a quedar aquí con usted para estar disponible cuando me necesite”-le dije con inocencia. “Yo no tengo inconveniente, esta es su casa”-me respondió. Guardé silencio para dejarlo concentrarse y esperar a que me indicara cuándo ayudarle. Mientras tanto lo desnudaba con la mirada…
El señor Pagán cumplía físicamente con los requisitos básicos para pasar un buen rato, “a ver si cede”-pensé. “¿Cuál es su nombre señor Pagán?”-le pregunté. “Alfonso”-respondió. “Me parece un nombre muy elegante, ¿me permite llamarlo por su nombre? Señor Pagán me parece muy serio y le añade años que usted no tiene”-le dije. “Ja, ja gracias, claro que me puede llamar Alfonso”-respondió. “Yo soy Ivette para ti”-añadí. “Ven Ivette, dame una mano anda, sostenme esta pieza”-solicitó y yo muy diligente lo ayudé. Malintencionadamente me le paré de frente, con algo de distancia, pero justo al nivel de su sexo, quería que me pescara observándolo y lo logré. Alfonso miró hacia abajo y yo lo pesqué a él mirando por mi escote, “esto va bien”-pensé. Para sorprenderme aún más, cuando volví a observar la entrepierna de Alfonso me tropecé con un área abultada que me produjo sonreír. Le hice una pregunta para experimentar su vulnerabilidad: “¿Estás cómodo Alfonso, no prefieres quitarte la camisa para que no te ensucie?” “Estoy cómodo, pero si tu prefieres que me la quite lo puedo hacer…”-respondió con picardía. “Ya este hombre es mío”-pensé.
Alfonso se bajó de la escalera, se soltó la hebilla de la correa, el botón del pantalón y se quitó la camisa. Se iba a cerrar la correa y salté a decirle: “no te la cierres, la prefiero así, me economizas tarea”-y le hice un guiño acompañado de una sonrisa. Alfonso se me acercó, puso una mano en la pared a mi lado y me preguntó: “¿qué tu quieres de mi Ivette, que buscas? Le respondí dándole un beso en los labios y diciéndole: “esto es lo que busco”. Alfonso me miró a los ojos por unos segundos, me miró los labios, me colocó una mano en la nuca y me besó de manera agresiva y sabrosa hasta que se despegó y me dijo: “Te voy a dar todo lo que tu quieras, pero déjame terminar de instalarte el abanico ¿esta bien?” Entorpecida por el espectacular beso que me había dado me limité a asentir con la cabeza.
Se subió a la escalera y me pidió la pieza que antes me había pedido sostener. Se la entregué y esperé a que la colocara para seguir provocándolo… Como seguía parada frente a él le acaricié con los dedos el prominente bulto que se levantaba en su pantalón, me le acerqué más y lo mordí suavemente. No aguanté más las ganas de tenerlo y le terminé de abrir el pantalón, saqué su sexo de su ropa interior y me eché completo a la boca. Alfonso me dijo: “Me voy a caer” Se lo guardé, le subí el pantalón y me limité a esperar por él…
Al cabo de unos 20 minutos Alfonso bajó la escalera, se dejó caer el pantalón, se expuso el miembro y sosteniéndolo con una mano me preguntó: “¿Era esto era lo que tu querías?” Yo sonreí y le respondí: “lo quiero todo” y lo empujé sobre mi cama, me acomodé entre sus piernas y le devoré el sexo con frenesí. Una vez alcanzó un grado de excitación intenso me despojé de mi ropa y me le senté arriba. “Ahhhhh que rico”-exclamé. Moví mis caderas para disfrutarme su presencia en mi cuerpo. Alfonso me acariciaba los senos, me apretaba con fuerza al punto de lastimarme un poco, pero en momentos así ese dolor es hasta placentero y con la cercanía de un orgasmo hasta ignorado. Alfonso me agarró con firmeza por la cintura y sin cuestionar quién estaba listo y quién no, nos manifestamos como fieras buscando un orgasmo. “Sigue moviéndote Ivette, no pares”-exclamó ansioso y lo complací hasta detectar por su rigidez corporal y expresiones de placer que había logrado mi cometido. Quedé satisfecha de igual manera porque me froté el clítoris contra su cuerpo de la manera más brusca y me complací como si hubiese estado sola olvidándome que era un hombre el que me asistía en mis necesidades sexuales.
Ambos nos dimos unos minutos para recuperar el aliento. El evento había sido breve, pero intenso y consolador. Me levanté de su cuerpo, me salí de la cama, me puse una bata y le pregunté: “¿Te tomas algo?” a lo que respondió: “Dame agua por favor”. Antes de salir de mi habitación le pedí que no se moviera de la cama, que regresaba en unos segundos, que por favor me esperara. Alfonso se quedó en la cama, cruzó los brazos detrás de la nuca y me esperó. Cuando regresé, aunque menos tenso pero aún latiendo, le limpié el miembro con lamidas suaves hasta dejarlo sin rastros de nuestro desmesurado encuentro, más sólo dejando atrás mi saliva. Terminé y le ofrecí el agua que me había pedido. Se levantó de la cama, se la tomó, se vistió y me preguntó: “¿en qué más te puedo servir?” “Enciende la abanico para verlo funcionar”-dije. Lo encendió, lo graduó y le probó todas las velocidades. “Buen trabajo”-le dije sonriendo implicando ambos menesteres.
Alfonso recogió sus herramientas, regresó mis muebles a su lugar, caminó hasta la puerta, me dio un beso en los labios y se despidió diciéndome: “Cuando necesites la instalación de otro abanico, lámparas, amor, o cualquier otro equipo que conste de electricidad me llamas” y respondí “Así lo haré Alfonso, quedé satisfecha, te llamaré…”
Artemisa©

1 comentario:
Desde el electricista hasta el electrizante
desde el servicio hasta el servidor
muchos tenemos un don
Ser donante de pasión.
Por borbotones me sale la emoción
cuando se habla de donación
Por eso procuro ser
Un donante de pasión.
Kcfeo
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