El la incesante búsqueda por aventuras, conocer gente nueva y pasarla bien me inscribí en varias redes sociales para probar suerte. El proceso fue lento. No interesaba reconectarme con viejas amistades, no era mi propósito primordial, sólo buscar con quién entretenerme. ¿Era eso malo? Muchos lo hacen, ¿Por qué yo no?
Mi idea de buscar un amigo con derechos a través de las redes sociales era más enfocada en que eran los hombres los que más utilizaban el recurso, pero yo era desafiante y no tenía miedo de aventurar. Yo escogería, no sería escogida…
Conocí muchos hombres, ente ellos muchos soñadores, fantasiosos, mentirosos, vendedores de sueños, hombres atrevidos a presentarse como galanes con la gran dificultad de que ni su madre los podría mirar a la cara, hombres que le vendían el alma al diablo por tener una aventura con una desconocida, hombres que se hacían llamar perfectos, otros que se ofrecían como materia para matrimonio y muchos hombres más que se hacían llamar perfectos. Entre tantos y ya perdiendo las esperanzas de dar con lo que yo específicamente buscaba conocí a Vidal.
Vidal era un hombre muy trabajador, con un matrimonio fracasado, un puñado de hijos, nada religioso, pero su marcada virtud era ser un hombre libre, vivía sin ataduras; eso sí, muy comprometido con sus asuntos personales, familia y trabajo, pero de alma libre, navegante, paseadora; además muy sencillo, me atrevería a identificarlo como sincero, muy respetuoso, comedido y para mi satisfacción muy caliente; eso lo supe más adelante. Vidal era un hombre experimentado en el arte de la conquista, pero su estilo era poco usual, era metódico, no era incisivo, pero sí muy astuto, persuasivo y seductor de la manera más subliminal que se puedan imaginar. Se presentaba tan completo que hasta era difícil creerle su plataforma, pero de la misma manera era constante en su historia, sin prisa, determinado a convencer a cualquiera con sus principios con paciencia y sin prisa.
Vidal y yo compartíamos casi a diario a través del Internet. Yo siempre mantuve una postura escéptica y de pocas palabras convencida de que, aunque buscaba una aventura en libertad, era casi imposible de creer en las versiones que por ahí estos hombres que se presentaban como “perfectos” para mi interés, eran cajas de misterios, posibles focos de enfermedades y sacos de problemas. No estaba en posición de ser el paño de lágrimas de nadie y todos eran víctimas de mujeres malas (según ellos), abusadoras e interesadas sólo en su dinero. Patético ambiente, pero Vidal tenía otras características que lo hacían diferente, real, su sencillez brillaba y con el tiempo y después muchas horas de intercambio cibernético me fui convenciendo de que era 1 entre millones y me estaba persuadiendo la idea de que sería para mi y satisfacer mi propósito.
Eventualmente llegué a sentir remordimiento porque mis intereses eran muy vanos y se tomó la molestia (ajeno a mis propósitos) de darme algo más que yo desconocí que también me faltaba; que me atendieran, que me entendieran, que me dedicaran tiempo para apreciar mis sentimientos. Eso sí, y que quede claro, jamás le hablé de mis problemas, que no eran demasiados, pero que todos tenemos y mi nuevo amigo siempre se mantuvo en su postura, firme elegancia, transparente sin esfuerzos y su sencillez continuaba sobresaliendo.
Sucedió lo que era obvio y esperado… el tema del sexo emergió. Ambos lo manejamos con destreza y sensatez, aunque yo conservaba mis intereses primordiales en secreto. Vidal era algo retraído pero eventualmente descubrí que era fiel creyente de llegar hasta donde lo dejaran llegar. Tenía una filosofía algo compleja basada en sus experiencias previas, era algo así como…. “Si te voy a tener para perderte, prefiero no tenerte para no perderte”. Complejo, justo, sensato…
Yo me sentía en la total comodidad de expresarme libremente. Yo sí sabía hasta dónde lo podía hacer llegar y eso me daba el espacio para jugar con el tiempo y los eventos según se me antojaran, aún así Vidal no gozaba de iniciativa y a veces me dificultaba el que se expresara como yo quería y me diera lo que yo necesitaba escuchar. Eventualmente también aprendí de él que “no podía esperar escuchar lo que quería que me dijeran, ni me hicieran lo que necesitaba. La comunicación entre dos, sin importar cuán seria, profunda o comprometida sea, no se podía forzar, pero amoldándonos uno a la vida del otro las cosas funcionarían mejor.” Un día me dijo: “Ya tu estás en vida y de ahí no hay quién te saque, aunque desaparezcas de mi lado y no te comuniques conmigo nunca más ya llegaste ami y aquí te vas a quedar”. Sus palabras eran profundas y verdaderamente tenía razón. Yo lo hubiese expresado de otra manera, quizás una más práctica, pero sin restarle su mérito y aceptación. Para mi era más sencillo, “todos tenemos derecho a tener un pasado”, eso lo abarcaba todo. Sin importar quién pasó por mi vida, siempre permanecería en mi recuerdo, pero verdaderamente me interesaba este hombre más allá de darme un banquete, para compartir libremente, claro que sin ataduras, pero no sólo utilizarlo, también compartir un poco más allá de sólo sexo. “¿Cómo él fue despertando esa inquietud en mi?” No tengo ni la mejor idea, pero me fue seduciendo con mucha calma y fui desplomándome rendida por él.
Un buen día, ya cansada de no poder entender la entonación de sus mensajes y comentarios, el frío o el calor que ponía en sus palabras, le ofrecí mi número de teléfono y pasamos a otra etapa de comunicación. Su voz era seductora, muy articulado, inteligente, paciente tal como se había proyectado en nuestras largas charlas por Internet; en fin, era encantador. Demostraba claramente que no era el líder en una relación, pero no aceptaba lo que no le pareciera bueno, defendía sus instintos y convicciones tal como lo había expresado cuando sólo nos comunicábamos por escrito.
A esa nueva etapa de comunicación a la que pasamos le hacía falta algo. Según de amenas eran nuestras conversaciones, de igual manera estaban bañadas de sobriedad y mucho respeto. Partiendo de la premisa de que Vidal me había hecho hincapié en que no gozaba de iniciativa tomé la primera palabra a la hora de disfrutar como adultos. En ese momento no importaba que fuera sólo por teléfono, era con picardía y escuchando la respiración del otro al otro lado. Ya no hacían falta más esfuerzos de conquista, ya nos habíamos envuelto demasiado en la vida del otro para abandonarlo todo, así que propuse que disfrutáramos lo mejor posible dentro de las limitaciones que teníamos de distancia para disfrutar. Y nuevamente el tema del sexo hizo su esperada aparición. Lo puse yo, que quede claro. Era yo la que tenía apetito por la diversión y según ya me lo había comentado, Vidal caminaría un paso a la vez, según yo le diera el espacio.
Una noche silenciosa en ambos lados, calurosa y lenta, ya ambos acostados en nuestras respectivas camas, se me ocurrió preguntarle: “¿Hace mucho calor, que llevas puesto?” Y Vidal se limitó a decirme: “nada”. Mis pensamientos vieron la luz verde encendida para finalmente romper el hielo y no para sólo hablar de sexo, sino también practicarlo de alguna manera. Mi voz cambió a una más suave y armoniosa, con seriedad pero sin perder la sonrisa de los labios le dije: “Si estas desnudo, ¿Te acariciarías para mi?” y él respondió: “Ya lo estoy haciendo”. ¡Y otra sonrisa se marcó en mis labios! “¿Y tú no te acariciarías para mi?”-me preguntó y con la misma sobriedad suya le respondí: “Ya lo estoy haciendo”. Y nos siguió un prolongado silencio hasta que Vidal lo interrumpió con un suave gemido. Eso me invadió de más lujuria y comenzamos a intercambiar placeres…
Vidal: “¿Qué sientes entre tus piernas?”
Yo: “Estoy bien mojada, se me resbalan los dedos en la vagina”
Vidal: “Eso suena sabroso” “¿Te gusta sentirte así?”
Yo: “Me encanta” “¿Y que sientes tú?”
Vidal: “Mi miembro está bien rígido, duro, quiere reventar”
Yo: (no pude evitar gemir de placer al escuchar sus palabras acompañadas de mis caricias consoladoras) “Que rico…” “¿Y a qué quieres llegar?”
Vidal: “A desbordarme de placer y que lo hagas conmigo”
Yo: “¿Que haga qué contigo?”
Vidal: “Que te complazcas tu también, que te sigas acariciando y termines con un orgasmo que te haga gritar de satisfacción”
Yo: “Yo te puedo acompañar…”
Y otro lapso de silencio prosiguió…
Yo: “¿Vidal?
Vidal: “Dime mi amor”
Yo: “¿Te acaricias la punta del miembro para mi, dime qué sientes?”
Vidal: “Siento divino, imaginando que eres tú quien me acaricia, la tengo que siento que me va a reventar”
Yo: “Ay que rico” “¿Quieres terminar ya?”
Vidal: “No todavía, me gusta mucho” “¿Cómo vas tú?”
Yo: “Estoy bien babosa, muchos fluidos, siento contracciones en mi canal de amor, te deseo…”
Vidal: “Que bien me haces sentir Lula”
Yo: “No aguanto más, quiero terminar ya”
Vidal: “¿Y que esperas muñequita? “No esperes por mi, libérate, disfrútalo que yo me entretengo escuchándote, grita para mi por favor”
Ya no dije nada más. Me acaricié con rapidez, las ganas de alcanzar un orgasmo eran inminentes. Vidal me había inyectado la mente de los detalles que yo quería y necesitaba escuchar… Solté el teléfono, me lo coloqué boca arriba sobre el pecho y a la vez que me acariciaba entre las piernas me acariciaba los pechos deseando también que fuere él quien manoseara mi cuerpo… Gemí con gusto, me disfruté cada segundo de aquel orgasmo de adolescentes, ¡por teléfono a estas alturas de nuestras vidas, imagínense! Pero así de sabroso fue, aunque sola pero fue completo, se me erizó toda la piel según mi cuerpo se contorsionaba arropado de placer y bienestar. Me incorporé rápido, aún sintiendo temblores en el cuerpo para seguir atendiendo a Vidal, tomé el teléfono….
Yo: “Ahhhh ya…” Vidal no respondió con palabras, pero me disfruté muy atenta cada uno de sus gemidos y quejidos, su momento llegaba… “Apriétate el miembro con fuerza, rápido, deja escapar esos fluidos para mi, son míos y los quiero ya, anda Vidal, regálamelos…” Y como su hubiese oprimido un botón la expresión en la voz de Vidal me anunció su liberación. Guardé silencio para seguir escuchándolo hasta el último suspiro y fatigado me dijo:
Vidal: “Que rico Lula, me encantó escucharte”
Yo: “A mi también me gustó mucho escucharte a ti. ¿Sabes? nunca había compartido con un hombre que expresara sus sensaciones, me disfruté cada uno de tu viaje”
Vidal: “Yo también lo disfruté por ti y por mi”
Y después de una corta charla nos despedimos y acordamos repetir otro encuentro por teléfono con la esperanza de que fuera tan satisfactorio como éste…
Al día siguiente, a media tarde recibí un mensaje de texto suyo que leía: “Te deseo esta noche, ¿puedes? Una sonrisa invadió mi rostro y le respondí: “Me llamas a las 10:30” y no nos comunicamos más. Esa noche y muchas noches más nos compartimos nuevamente y siempre fue tan maravilloso y explosivo como la primera vez…
Eventualmente ya la comunicación a ciegas no era suficiente para satisfacer nuestras necesidades, nuestros cuerpos pedían contacto y acordamos conocernos personalmente. Nos citamos en la playa y nos tomamos la hora de almuerzo para compartir. Nos comunicamos por teléfono para avisar quién llegara primero a la playa. Yo llegué primero y en unos minutos él llegó. Desde que me vio, aún en el auto, ya sonreía. Yo estaba igual de feliz y estaba convencida de que nuestro encuentro era ya necesario y sería agradable. Inesperadamente comenzó a llover, nos hablamos por teléfono y sólo yo tenía un paraguas, “¿Qué hacemos?-le pregunté. Me voy a estacionar más cerca de ti y vienes con tu paraguas hasta mi auto. No llovía copiosamente. Según me acerqué a su auto, se bajó y me recibió con los brazos abiertos. Bajo el paraguas nos dimos unos besitos en los labios y nos observamos a los ojos detenidamente, Vidal me dijo: “Eres tan linda” Sonreí y le dije: “Bésame” y nos enfrascamos en el beso más deseado, largo y sabroso de mi vida. Nos separamos para tomar aire y Vidal me dijo que nos acomodáramos en su auto porque la lluvia era más fuerte.
Nos acomodamos en su auto y de compartir otra mirada no tuvimos que decir más. Nos besamos tantas veces, apenas hablamos. En medio de otro interminable beso, sintiéndome en confianza y ciega por mi estado de excitación le froté el miembro, ya muy marcado sobre los pantalones. Vidal se separó de mis labios, me observó, no dijo nada, pero no me acarició más allá del cuello, el cual besaba con desesperación y me encantaba cuando escondía sus dedos en mi cabello. Me sostenía para besarme, lo que visualicé como un gesto de hacer cierto contacto físico para realizar que me tenía entre sus manos. Fue muy generoso en su repartición de besos, pero no tomó la iniciativa de tocar mi cuerpo. Ya me lo había advertido, yo tomé el control. Llevaba una blusa por fuera del pantalón, entré la mano por el ruedo de la blusa, me removí el sostén de un seno y le llevé la mano para que lo acariciara. “¡Que suave es tu piel, que marcado es tu pezón, me encanta!” y para mi sorpresa, después de unas ligeras caricias me acomodó el seno de vuelva en el sostén y me dijo: “Tu no eres mujer de una aventura en un auto. Te quisiera comer completa, pero este no es lugar para ti”. Yo me limité a sonreír halagada por su consideración y estima hacia mi persona…
Nuestra hora pasó muy rápido. Se nos hizo difícil despedirnos. El intercambio de lenguas y sabores, suspiros y caricias era tan satisfactorio que no nos podíamos despegar. Mi cuerpo me pedía a gritos que me perdiera con él hasta el fin del mundo, pero había prioridades que tenía que atender. Preferí bajarme de su auto sin decir adiós. Me siguió hasta el mío y nos volvimos a devorar a besos, que difícil se nos hizo, pero comenzó a llover de nuevo y nos vimos obligados a finalmente partir. De auto a auto le dije: “Besos de amor por todo el cuerpo” y partí.
Regresé a la oficina desorientada y sonriente. No sentía hambre, claro, ¡si me acaba de almorzar a mi galán! Pasé al baño y según caminaba sentía como la humedad provocada por el encuentro previo me hacía resbalar las nalgas. Esa noche se lo comenté a Vidal y nos reímos muchísimo. Él quedó complacido de saber que me había excitado tanto.
Una semana más tarde nos volvimos a encontrar. Nos saludamos con un abrazo y un beso espectacular, sumamente prolongado como de costumbre y delicioso. Me sorprendía la compatibilidad que teníamos al besarnos. No nos tuvimos que adaptar uno al otro, besábamos prácticamente de la misma manera y el enlace fue perfecto desde la primera vez.
Nos citamos en otra playa y ese día también llovía. “¡Que suerte la nuestra!”-pensé. Repetí lo anterior y me mudé al auto de Vidal. Los besos eran igual de necesarios que la primera vez, ambos los disfrutábamos mucho, esta vez los acompañamos de más caricias y navegamos las manos por nuestros cuerpos en libertad. No había olvidado las palabras de Vidal: “Tu no eres mujer de una aventura en un auto”. Pero saturada de pasión y deseo, ansiedad sexual que tenía que ser satisfecha en el momento me abrí el pantalón, levanté el elástico de mis pantaletas (bien combinados con mi atuendo) y le dije a Vidal “Sin miedo”. Entró su mano y con lo babosa que ya estaba acarició mi vagina con frenesí. “Más despacio por favor”-le tuve que solicitar. “Es que me vuelve loco tocarte, estás bien mojada y me encanta”-me respondió, pero disminuyó la velocidad de sus caricias y entre contacto vaginal y besos me arrastró a un orgasmo intenso que me dejó prácticamente sin voz. “¿Tienes algo de tomar aquí?”-le pregunté y sonrió con picardía y me dijo que nnnno. Yo entendí muy bien su mensaje y le pedí tocarle el miembro, pero esta vez no sobre la ropa, quería sentir su piel. Titubeó un poco, pero cedió y expuso su miembro encendido para mi degustación y calmar mi sed. Ya sus fluidos se asomaban y me los saboreé con la punta de la lengua para luego atragantarme todo su sexo. La naturaleza había sido generosa con él y su miembro era sedoso, rosado, bien formado y con una cabeza prominente, esponjosa, digna de ser acariciada con los labios y todo lo demás….
Se disfrutó ese orgasmo como si nunca antes hubiese experimentado uno. Me acarició los oídos con gemidos suaves y prolongados. Me pellizcaba la piel del trasero, yo hubiese deseado una nalgada, pero esta vestida y me era imposible detenerme en mi faena para pedir algo cuando él se la estaba disfrutando tanto. Lo complací hasta el final, me tragué hasta la última gota de sus jugos y según le seguían emanando gotas, las seguí saboreando hasta dejarlo limpio y sin rastros. Me senté y le dije: “Ya no tengo sed” y nos reímos de mi ocurrencia. Nos premiamos con más besos, los disfrutábamos mucho y él no se cohibió de besarme después de yo haberme tragado sus fluidos. Ese gesto me gustó mucho, era un hombre muy pulcro y reconociendo su higiene se sintió cómodo de hacerlo, entendí.
Esta dinámica entre nosotros había nacido de una comunicación simple por Internet. Ya estábamos experimentado nuestros cuerpos y entendía que ya estábamos listos para entregarnos por completo…
Después de compartir infinidad de besos Vidal me anunció que tenía algo que comunicarme. Lo escuché en silencio. Vidal me explicó que tenía que hacer un viaje de trabajo y estaría fuera por dos largas semanas. Se me arrugó el corazón y no pude disimular mi tristeza. Lo deseaba intensamente, me atrevo a decir que el deseo era mutuo y sabía que lo iba a extrañar… Me trató de consolar repitiéndome una y otra vez que regresaría. “Son sólo dos semanas Lula, cuando regrese tendremos todo el tiempo del mundo para seguir compartiendo”. “Voy a regresar a ti, créeme, nos vamos a dedicar más tiempo, nos vamos a disfrutar y te voy a complacer en todo lo que quieras”. Yo me limité a asentir con la cabeza, no tenía opciones, más que aceptar su partida y esperar por él…
Nos despedimos con un fuerte abrazo. Me besó toda la cara; piel, ojos, nariz, labios; ¡toda! Yo me limité a mirarlo arropada de una mezcla de sentimientos que mis ojos reflejaban. Esta feliz de haberlo visto, de haber tocado nuestros sexos, pero a la misma vez tenía el mal sabor de su partida. Nada ni nadie me garantizaba que regresaría a mi y no podía tener pensamientos optimistas, me obligaba pero no podía. Lo que en un momento consideré como una posible aventura pasajera se había convertido en una interacción muy agradable, complaciente y satisfactoria. Mi comportamiento me convenció de que había despertado sentimientos por Vidal y eso me confundió todavía más. Finalmente me esforcé por regalarle una sonrisa y haciendo un esfuerzo por no llorar me despedí de él confiando en que lo volvería a ver…
¿SERÁ PACIENTE LULA Y ESPERARÁ POR VIDAL?
¿REGRESARÁ VIDAL Y BUSCARÁ A LULA?
¿PASARÁN A LA TERCERA ESTAPA?
¿ESTARÁ LULA VERDADERAMENTE ENAMORADA?
…LEE LA SEGUNDA PARTE DE “EN TRES ETAPAS”
LA PRÓXIMA SEMANA…
Artemisa©

1 comentario:
Uno, dos, tres, pescao.
No suelo ser apostador en el sentido monetario, pero en la ruleta de vida e sido bastante compulsivo y atinado.
Si de Vidal se trata apostaría todo a que regresa.
Después de todo una dama sedienta le partería el corazón al más insensible.
Como diría un poeta y loco que conozco.
"A una roza no se le niega el rocío de la madrugada"
Por lo menos yo seria incapaz....
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