TE RECOMIENDO LEER PRIMERO "EN TRES ETAPAS"
Después de despedirme de Vidal mis días se convirtieron en un mar de confusiones, dudas, ansiedades, nostalgia imperante. No sabía lo que sucedería, me hacía falta, me sentía sola, vacía, incompleta…
A mitad de semana recibí un correo electrónico de él que leía: “Te extraño” Y mis actitudes cambiaron, me llené de esperanzas, ilusiones, deseos… Yo, por ser muy sencilla con poco me conformaba. ¡Su mensaje me inyectó vida!
Lo recordaba constantemente, no podía dejar de pensarlo. Sus besos tan sabrosos, su sonrisa tan genuina, su agradable fragancia natural, su cuerpo, su compañía, el hombre… A pesar de no haber tenido intimidad completa todavía, me excitaban los recuerdos de los momentos vividos. Vidal disfrutaba muchísimo la forma de mis pezones, los sabía acariciar con delicadeza, sus caricias eran tan placenteras que en la privacidad de mi hogar me los acariciaba de igual manera. De sólo pensar en él mi entrepierna latía y me mojaba, hacía un esfuerzo por guardar toda esa energía sexual, todas esas ganas para él, pero el deseo superó mi paciencia y me acariciaba a ratos con la incertidumbre de no saber si lo volvería a ver. “El debe estar haciendo lo mismo”-pensé para no sentirme tan culpable…
Se cumplieron dos semanas de la partida de Vidal y seguía sin saber de él. No lo llamé, no me llamó, no me escribió más. La ansiedad y la duda me consumían….
Era domingo en la mañana y el teléfono timbró como a las 8 de la mañana. ¡Era Vidal! “¿Cuándo llegaste?-fue mi primera reacción. “Llegué anoche cerca de las dos de la madrugada, el vuelo se atrasó. ¿Cómo estás muñequita mía?-me preguntó en un tono que me acarició el oído. “Estoy bien mi amor. ¿Cómo estás tu?-respondí. “Estoy bien, un poco cansado, pero bien. ¡Loco por verte!”-exclamó eufórico. Guardé silencio. “¿Tienes planes para hoy?”-preguntó. “No mi amor, no tengo planes. ¿Qué tienes en mente?”-respondí. “Quisiera que pasáramos el día juntos, ¿te animas? Desayunemos juntos a ver que más nos inventamos”.-me preguntó. “Estaré lista en 30 minutos, ¿dime en dónde nos encontramos?-le pregunté con una sonrisa en los labios. Me indicó dónde me esperaría, me solicitó no demorar mucho.
A toda velocidad me duché, me vestí y me arreglé para mi galán. Salí de casa a toda prisa para cumplir con mis 30 minutos. Lo llamé de camino y le anuncié que estaba llegando. Me esperó en el estacionamiento con su acostumbra radiante y hermosa sonrisa. Mostraba alegría y me contagiaba. ¡Yo estaba tan feliz de volver a verlo! Nos besamos como adolescentes, nos abrazamos, sonreímos sin cesar, Vidal no me soltó ni un segundo desde que llegó, su hambre era obvia, era mutua, yo no me dejé soltar, se nos hacía difícil despegarnos... Era novedoso vivir esta atracción por una persona tan especial, con tantos detalles de cariño, tantas virtudes, tan esperado, tan deseado… hasta que el hambre nos retó y pasamos a desayunar. Vidal me tomaba de la mano en todo momento, me sorprendía, me complacía su ademán de propiedad y su orgullo por pasearme a su lado. Yo me sentía en una nube… Tantas situaciones hermosas, la continuación de donde nos quedamos por fin la estábamos viviendo…
Nos sentamos a la mesa, ordenamos el desayuno y entre miradas, guiños y sonrisas nos acariciábamos por debajo de la mesa. Sirvieron el desayuno, compartimos con tanta comodidad, disfrutábamos mucho en compañía. Vidal pagó la cuenta, me tomó de la mano y partimos hacia el estacionamiento. Cada uno iba en su auto, yo no sabía sus planes, pero me los sospechaba, nuestros deseos estaban conectados y las ganas se reflejaban hasta en nuestras miradas. Me acompañó hasta mi auto y me sugirió seguirme hasta mi casa para dejar el mío allí y continuar juntos el resto del día. Me pareció buena idea y partimos. En el camino a mi casa se me ocurrió “¿por qué salir? mejor nos quedamos en mi casa”. Cuando llegamos a mi casa me bajé del auto, me le acerqué y le dije: “Bájate, te quiero dar algo”.-se estacionó y me siguió.
Entramos a la casa, cerré la puerta y me le aferré a los labios con desesperación. Dejé caer mi bolso y mis llaves pues me fui relajando y entregando a las sabrosas sensaciones corporales que me provocaban nuestro contacto. Después de un prolongado beso lo miré a los ojos y le dije: “Estoy lista para darte mi cuerpo, eso es lo que te quiero dar, me quiero entregar a ti, hazme tuya Vidal…” Vidal no emitió palabras, sonrió, me acarició los costados del torso, los senos y me dijo: “Te deseo tanto mi amor”. “Yo también a ti”-le respondí y nos volvimos a devorar a besos.
Entre besos y caricias le solté el cinturón y le abría el pantalón, metí la mano en sus pantaloncillos y apretujé su miembro erecto, sólido, le di pequeños apretones a la cabeza de su miembro porque me encantaba, era grande, prominente y tan esponjosa como la recordaba. Se sacó el miembro de los pantaloncillos para facilitarme el contacto y me fue abriendo la blusa, me soltó el pantalón y me metió la mano entre las piernas. “Tu estás lista Lula, estás bien babosa, déjame beberme esos jugos”. Lo tomé de la mano y caminamos hasta mi habitación. Nos terminamos de desvestir y me acomodé en la cama para que me saboreara los jugos vaginales como me lo pidió. Su primer contacto me provocó gemir de gusto. Las caricias de su lengua en mi vagina, mi clítoris, los labios me volvían loca. Sentía sabroso, divino. Estaba muy excitada y sus caricias eran muy acertadas, con mucha destreza, él verdaderamente se esmeraba en complacerme. Me llevó a un punto tan elevado que mi deseo de alcanzar un orgasmo en tan corto tiempo se convirtió en inminente, movía mis caderas para aumentar el contacto con su lengua con rudeza, apretando ambos órganos para complacerme intensamente. Sentí la necesidad de ser penetrada y entre gemidos y lágrimas se lo pedí casi en tono de súplica y con los dientes bien apretados… “Penétrame por favor”. Vidal me besó la parte externa de la vagina unas cuantas veces, se puso de rodillas y me penetró con fuerza y velocidad para complacerme hasta llevarme a un orgasmo más que deseado; necesario. Mi cuerpo lo pedía a gritos, habíamos jugado mucho y esta era la etapa que faltaba para completar el ciclo de placer y responder a nuestros deseos.
Vidal disminuyó la velocidad y se lo disfrutaba entre empujón y empujón. Se mordía los labios, se quejaba de placer, cerraba los ojos y exhalaba cada vez que penetraba mi cuerpo. Le facilité la penetración para disfrutarla aún más colocándole las piernas sobre los hombros. Él se abrazó de mis piernas y haciendo balance sobre sus rodillas mantuvo sus movimientos constantes. Vidal momentáneamente se detuvo y mi necesidad por continuar el evento era mayor y lo seguí complaciendo moviendo mis caderas contra su miembro, yo estaba logrando la penetración que tanto me hacía falta y él me lo permitió. “¿Te gusta?”-le pregunté en un suspiro. “Me encanta, sigue”-respondió. Cuando su respiración me indicó que su conclusión se acercaba, me separó las piernas, me las llevó hasta abajo, se aferró a mis caderas y se manifestó como hombre, con una velocidad exagerada me penetraba, gritaba “ay que rico, que rico” una y otra vez… Sus impactos eran salvajes, me estimuló de tal manera que me acaricié el clítoris rápidamente porque sabía que podía alcanzar otro orgasmo en esos segundos tan intensos. Casi al unísono los dos liberamos esas ansias locas producto del clímax. Contraje los músculos de la vagina para que lo disfrutara más y desbordara su placer en mi cuerpo. Se mantuvo en movimiento, suavemente, terminando su eyaculación, disfrutando hasta el último momento, drenando hasta la última gota…
Los dos fatigados, casi sin aliento, pero ya relajados y satisfechos cruzamos miradas e intercambiamos sonrisas. Vidal abandonó mi canal de amor, se acomodó sobre mi cuerpo y me besó el los labios. Yo disfrutaba tanto sus besos que lo tomé por la parte posterior del cuello y lo fijé a mis labios para degustarlo una vez más. Pude probar los residuos de mis jugos alrededor de su boca y los lamí con gusto, reto y picardía, con los ojos abiertos, con mirada penetrante. Él sonreía y emitía un suave “mmmmmm”.
El domingo transcurrió con lentitud. Nos aseamos y regresamos a la cama. Abrazados y bien pegaditos nos contamos las anécdotas de las últimas dos semanas. Bostezábamos, nos dormimos…
Entiendo que debimos haber dormido unas horas. Me despertó la presión del miembro de Vidal en el trasero. Mi hombre quería más. Cuando me sintió despierta me besó los hombros, me mordió, me lamió. Extendió un brazo y me acarició los pezones ya erectos por su estimulante contacto. Me levanté y le pedí que se acostara sobre la espalda. Como nos gustaba besarnos comencé de arriba hacia abajo. Fui dejando besos en su piel hasta llegar a su entrepierna. Le separé las piernas y le lamí y succioné los testículos. Su erección era completa y su sexo latía. Me monté sobre él y con movimientos diestros acaricié mi vagina con su pene desde adelante hasta atrás. Su miembro regresaba solo a su postura de 90 grados. Me detuve, me ñangoté sobre él y me introduje su sexo con suavidad. Yo estaba abundantemente mojada y la penetración fue cómoda. Me senté sobre él unos segundos y en esa misma posición me despegaba y me dejaba caer sobre sus caderas. Vidal temblaba de gusto. Deseando extender el final, me moví frotando nuestros sexos. Me tomaba por el torso guiando mis movimientos. Cruzábamos miradas. Me sostuve mis robustos senos e intercambiaba lamidas entre pezón y pezón. Vidal sonrió y me dijo: “no dejes de hacer eso, ¡me vuelves loco!” Moví mi cabeza a ambos lados dejándole saber que no me detendría. Eventualmente me limité a acariciarme los pezones entre los dedos hasta que acomodé las manos a los lados de la cabeza de Vidal para darle lo mejor de mí. Me movía con rapidez, frotaba nuestros sexos con agresividad, esta vez era yo la que se mordía los labios y ambos lo disfrutábamos. Teníamos tanta compatibilidad en todo lo relacionado a la intimidad que nos sentíamos libres a la hora de compartirnos. “¿Lo quieres ya mi amor?”-me limité a preguntarle. “Un poco más, está muy rico”-me dijo. “Yo no te puedo esperar”-le dije y en ese mismo momento solté un grito de satisfacción. Manipulé mi vagina con su miembro adentro para disfrutar del placer de cada contracción mi sexo y mi cuerpo…. Vidal me dijo, “bájate, acuéstate”. Me acomodé rápido y se sentó sobre mis caderas con miembro en mano, de dos o tres sacudidas empezaron a caer sobre mi piel chorritos de fluidos tibios, los que empecé a recoger con mis dedos y saborearme. Vidal me preguntó: “¿te gusta el sabor?” A lo que respondí: “¡claro que me gusta!, tu y todo lo que sale de ti me gustan”. Esta vez fui yo la que le hizo un guiño.
Todavía sobre mi cuerpo se me acercó y me dijo: “Te adoro Lula. Te extrañé mucho estos días. Te deseaba tanto, estaba ansioso por verte. Necesitaba tenerte. Eres muy especial para mi.…” No pude evitar emocionarme con sus palabras y lágrimas brotaron de mis ojos y añadí a mis emociones: “Yo siento lo mismo mi amor. Tuve el temor de que no regresaras a mi, pero nunca perdí la esperanza de volver a verte. Me gustas Vidal, me haces feliz…” Y sellamos nuestras declaraciones sentimentales con nuestros acostumbrados y bien disfrutados besos.
En adelante nuestras vidas se unieron parcialmente. Yo en mi casa él en la suya. No salíamos prácticamente a ninguna parte. Apenas comíamos juntos. Era necesario entregarnos cada vez que teníamos la oportunidad, ninguno nunca se quejó y siempre queríamos más. Nos gustaba estar juntos y nos sabíamos complacer completamente. Nuestras energías y funciones eran plenas aún en nuestras cuatro décadas, quizás era eso lo que nos complacía más… Entre nosotros nunca se mencionaba la edad, no por vergüenza ni complejo, pero no era necesario, disfrutábamos el sexo y nuestra interacción como adolescentes y eso era suficiente.
Un día Vidal me dijo:
Lula, “soy lo que quieras que sea, llego adonde quieras que llegue, voy adonde quieras que vaya, soy tuyo siempre y aún cuando no me poseas te pertenezco aunque no me tengas, soy parte de ti aún si no te has hecho mi dueña”. La opción de elegir me la dejó a mí. Escogí ser su dueña, poseerlo y entregarme; hacernos uno. Nunca se mencionó la palabra relación, no hacía falta, nos sentíamos uno del otro y eso nos bastaba…
Artemisa©
*Agradezco la colaboración de mi gran amigo RG para desarrollar esta historia.

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