En una calurosa tarde de verano, con la temperatura por las nubes opté por ir al cine para refrescarme aunque fuera sólo por un rato.
Estaba haciendo turno para entrar al cine. Después de unos 30 largos minutos de espera bajo el candente sol todavía no había decidido que película ver. Cinco o seis turnos antes del mío había un chico que constantemente se daba la vuelta para mirarme. Llegó mi turno para seleccionar la película y sin pensarlo mucho pagué para ver la misma película que escogió el chico que me miraba. Caminé detrás de él guardando distancia, lo seguí hasta la sala de proyección, esperé a que se ubicara y me senté a su lado.
Cuando sintió mi presencia me miró con sorpresa, yo le sonreí y lo saludé: “hola”, se aclaró la garganta y me devolvió el mismo saludo. Las luces continuaban encendidas e hice el este comentario en voz alta: “ay que pena, si me levanto a comprar pop corn ahora voy a perder mi lugar”. Saltó en su silla y me dijo: “si guardas mi lugar yo te lo compro” “¡buena idea, trato hecho!”-le respondí.
Regresó con las manos llenas, compró un canasto de pop corn, sodas, almendras azucaradas y chocolates. “Compré de todo, vamos a compartirlo”-me dijo. “Claro que sí, gracias”-le respondí. La sala se oscureció, la película iba a comenzar, fijamos nuestras miradas en la gigantesca pantalla.
Todavía la película no había comenzado, se me acercó un poco y en susurro me dijo: “Me llamo Alex”. “Yo soy Isabel”.-le respondí. Comenzó la película y guardamos silencio.
Alex conservó el canasto de pop corn sobre sus muslos y lo compartíamos, en ocasiones nuestras manos tropezaban y nos reíamos en silencio. Los dulces iban de mano en mano durante el curso de la película. Se terminó el pop corn y con el resplandor de las imágenes vi cuando Alex puso el canasto en el suelo. Me hice la desentendida y malintencionadamente extendí mi mano para buscar más y busqué tropezar con su entrepierna, mi automática reacción fue decirle “ay discúlpame”, “no es nada, el pop corn se terminó, ¿quieres que busque más?”-preguntó. “No, no, no hace falta, gracias”-le respondí y continuamos enfocados en la película.
Yo tenía mi mano en el descanso que se comparte entre las butacas, cuando de repente Alex tomó mi mano y sigilosamente la ubicó en su entrepierna. Lo froté con suavidad y pude sentir la dureza de su miembro, simplemente nos miramos y sonreímos. Después de varias caricias retiré mi mano, la descansé sobre su muslo y me acerqué más a él. Alex extendió su brazo para ponerlo alrededor de mis hombros y yo recosté mi cabeza sobre él. Así permanecimos hasta el final de la película.
La película terminó, nos pusimos de pie, recogimos la basura y esperamos que se vaciara la sala para salir. Alex con timidez me preguntó: “¿Tienes planes para esta noche Isabel?”, “Pues no, vine aquí para refrescarme un rato porque tenía mucho calor”-le respondí. Comentamos sobre el clima y la temperatura y Alex me hizo otra pregunta, la pregunta que ya yo esperaba: “¿Ya que no tienes planes, que te parece si damos un paseo?” “Buena idea”-le respondí.
Partimos en su auto desconociendo nuestro destino… “Ponte cómoda”-me dijo. Para mi la comodidad es amiga de la confianza, así que coloque si mano sobre su muslo como lo había hecho en el cine, le acaricié el cuello, en fin deslicé mis manos por todas sus partes disponibles mientras conducía.
”¿Hacia dónde vamos?”-le pregunté. “Como hace mucho calor, te voy a llevar a refrescarte”. “¿Y a dónde?”-le pregunté. No me respondió más a allá de una mirada picarona y una sonrisa. Llegamos a lo que entendí era su residencia. Me abrió la puerta del auto muy cortésmente y me invitó a pasar. “Ponte cómoda”-me dijo. “Aquí hace calor”-protesté, “¿Me puedo quitar la blusa?”-pregunté. “Yo te invité a ponerte cómoda, pues ponte cómoda!”-exclamó con sarcasmo. Eso hice, me quité la blusa y me senté. Me ofreció una cerveza pero la rechacé, hacia mucho calor para consumir alcohol. “Jugo, agua, lo que tengas”-le pedí. Me sirvió un vaso de jugo y él destapó una cerveza. Se sentó a mi lado y conversamos acerca de la película y por un rato nos concentramos en el tema del cine compartiendo opiniones de otras películas, actores, nuestros gustos y demás.
Una vez más me quejé del calor y le dije con altanería: “¿Tu no me ofreciste llevarme a un lugar para refrescarme o se te olvidó? Me extendió la mano y caminamos hasta la parte posterior de su casa, salimos a un jardín repleto de vegetación. “Sigue caminando”-me indicó y escuché el chasquido de un interruptor. Continué mi camino hasta descubrir al fondo un jacuzzi con agua burbujeante rodeado de luces tenues. “¿Es esto lo suficiente refrescante para ti?”-me preguntó. Y entre sonrisas le respondí: “Ay Alex, que bien preparado estás, ¿me acompañas?”-le pregunté.
Alex se desvestía despacio, entendí que para ver cuanta ropa yo me iba a quitar y yo me desvestí por completo, entonces él se quito los pantaloncillos. Entramos al agua despacio porque estaba bien fría. “Ahhh que rico, esto era lo que necesitaba”.-dije Nos sentamos en el jacuzzi uno al lado del otro. Alex mostró timidez, lo que me sorprendió después de la interacción que tuvimos en el cine. Lógicamente me tocó a mí romper el hielo… Lo salpiqué con agua para obligarlo a cerrar los ojos, una vez se llevó las manos a la cara me sumergí y besé su sexo varias veces con el propósito de activarlo. Cuando salí del agua me estaba esperando con una sonrisa y me dijo: “¿A ti gusta hacer maldades…?” yo sonreí. Recosté mis brazos de frente al borde del jacuzzi dándole la espalda a Alex, se me acercó y me masajeó los senos. Como el agua estaba fría mis pezones estaban arrugados y rígidos, Alex los frotaba para darles calor. Me deslizó las manos por la espalda, se me acercó un poco más, despejó el cabello de mi cuello y me lamió, en ese momento presiono su órgano erguido y poderoso contra mi trasero, que sensación…
Me viré y lo miré fijamente intercambiando mi vista entre sus ojos y sus labios hasta que se me fue acercando a la boca y nos fundimos en un prolongado beso. Celebré en silencio que al fin Alex había tomado algo de iniciativa. Se me fue acercando mientras nos besábamos hasta hacer contacto entre su sexo y el mío. Separé mis piernas para sentirlo más cerca mientras Alex me devoraba el cuello a besos, se inclinó un poco para alcanzar mis senos y devorarlos. Al inclinarse perdimos contacto entre nuestros sexos así que llevé mi mano a su miembro y lo sujeté firmemente para atraerlo hacia mí. Se motivo otro poco y me empujaba su miembro entre las piernas rozando mi sexo con movimientos de entrada y salida. Se agarró del borde del jacuzzi para rozarnos con más fuerza. Yo cerraba mis piernas para que no se me escapara en el agua. En ese momento ya Alex había encendió su piloto automático y se manifestaba por iniciativa propia y me lo demostró penetrándome sólo con la punta de su miembro.
Lo separé de mí y le pedí que se sentara en un asientito que tenía el jacuzzi y me senté sobre él. Fue una penetración fácil gracias al agua. De inmediato no me moví, disfruté por unos instantes la presencia de su miembro dentro de mi cuerpo pero Alex no esperó mucho y comenzó a mover mis caderas, yo le tomé el paso y me movía al ritmo que él me llevara. Cambié el ritmo elevando mi cuerpo y dejándolo caer con fuerza sobre su miembro para lograr una penetración profunda y completa. Miré a Alex por encima del hombro y observé que lo estaba disfrutando tanto que dejó caer su cabeza hacia atrás para entregarse al momento. Me daba gusto y me excitaba aún más verlo disfrutar tanto como yo.
Alex no esperó mucho y se disfrutó su orgasmo emitiendo gemidos cortos en señal de satisfacción. Reconociendo que yo no había alcanzado el clímax extendió su brazo a mi entrepierna y comenzó a estimularme con los dedos. Deslizaba sus dedos entre el agua y mis fluidos con velocidad como se lo pedí. No le tomó mucho esfuerzo llevarme a alcanzar un satisfactorio orgasmo que me provocó gemidos en voz baja y me puso a temblar como una hoja. Tanto que protesté por el calor y ahora estaba tiritando de frío.
Nos incorporamos y compartimos un delicioso beso que interrumpí para decirle con picardía: “¡Alex, acabamos de hacer nuestra propia película!” Alex se rió a carcajadas y me dijo: “Yo creo que nos ganamos el Oscar”.
Alex notó que temblaba de frío y abandonamos el jacuzzi para entrar a la casa. Buscó toallas para secarme y me abrazó para darme calor. Le pedí un trago de licor fuerte para calentar mi cuerpo y con eso me fui aclimatando.
Alex me llevó a su habitación, nos acomodamos en su cama y me abrazó para mantenerme calentita. Me invitó a ver una película de connotación sexual y pensé, “que más da, para todo lo que he vivido hoy…”. La película comenzó con trama muy interesante hasta que la sensualidad floreció en la pantalla. Sentí excitación pero ignoré mi cuerpo pues me sentía muy a gusto acurrucada junto Alex. La excitación también se apoderó de él y me disfruté ver su sexo levantarse bajo las sábanas. Sin articular palabras extendí mi brazo y lo acaricié con movimientos suaves. La película inyectó mi mente con lujuria. Removí las sábanas con brusquedad y me acomodé sobre la espalda invitando a Alex a tomar mi cuerpo. Alex se posicionó sobre mí sin rozar mi cuerpo y me preguntó: “¿Quieres más?” y asentí con la cabeza. Me besó en los labios, lamió mis senos, besó mi estomago y siguió bajando hasta llegar a mi sexo para depositar en él un beso fuerte y ruidoso. Se acomodó sobre mí y me penetró con suavidad. Entraba y salía de mi cuerpo llevándome a un estado de excitación indescriptible. Según entraba yo movía mis caderas para lograr un mejor contacto sexo con sexo. Gemía con intensidad mostrando placer. Poco a poco Alex fue moviéndose más rápido y así mismo yo movía mis caderas, sus movimientos me volvían loca, me encantaba… Le dije “estoy lista” anunciando que mi orgasmo se avecinaba. “Yo también”-respondió con esfuerzo. Continuó penetrándome con movimientos bruscos hasta que no toleré más y esa particular y placentera electricidad se apoderó de mí contrayendo cada músculo de mi cuerpo… Alex me siguió en cuestión de segundos dejando escapar un soplido de placer y liberación. Permaneció sobre mí y dentro de mi cuerpo con la cabeza baja hasta recuperar el aliento. “¿Quieres ver otra película?-me preguntó, “necesito un receso”-añadió. Se retiró de mi cuerpo y le pregunté: “¿tienes alguna de comedia?” (De esa manera eliminaríamos la lujuria de nuestras mentes porque YO también necesitaba un descanso…) ¿tienes pop corn?-añadí
Artemisa©
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2 comentarios:
ME ENCANTO, Y ME DEJO PENSANDO QUE PASO DESPUES CON ELLOS ..
¿Que paso despues con ellos? Muy buena pregunta... Ahi es cuando TU haces tus propias conclusiones, continua TU la fantasia.
Mil cosas pudieron haber sucedido. Quizas mirado la pelicula de comedia que Isabel solicito, regresado al jacuzzi, dormido juntos, se pudieron haber enfrascado en otro evento sexual fogoso, ella pudo haber partido, quien sabe!
Mis protagonistas creen en "el amor libre y sin compromisos".... Partiendo de esa premisa, llega TU a una conclusion...
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