Vistas a la página totales

E HICIMOS EL AMOR


Me encotraba en un bar sola y aburrida.  Miré al extremo opuesto de la barra y mi vista captó un guapo y solitario hombre...  Me aseguré de que estuviera solo y decidí acercármele.


Caminé hasta él y esperé a que notara mi presencia.  Se sorprendió por mi insistente mirada.  Me sonreió y le devolví la sonrisa… Me ofreció un trago y lo acepté.  Comenzó a dialogar y yo simplemente hacía gestos con mis ojos.  Le seguía mirando insistentemente.  Me preguntó que quería de él y le respondí de manera parca y tajante: “te quiero a ti”.  Me miró fijamente a los ojos por unos segundos y me preguntó si estaba lista para partir.  Mi respuesta fue simple y clara:  una guiñada acompañada de una pícara sonrisa….


Caminamos hacia su auto en silencio.  Me abrió la puerta, yo estaba parada junto al auto y me empujó contra él y me besó con desesperación.  Nos montamos en el auto ambos en silencio.  Tenía mis piernas cruzadas,  acercó su mano sudada y temblorosa
 a mi muslo y suavemente baje la pierna, me subí la falda y llevé su mano y mi centro de pasión.  Se mantuvo ocupado hasta que llegamos a su casa.


Llegamos a su casa, abrió la puerta y me empujó contra ella para besarme con rudeza y sed.  Yo deseaba complacerlo de la mejor manera posible.  Abrí sus pantalones, me arrodillé frente a él y lamí y me comí su sexo como si fuera el último en el mundo.  Sus piernas temblaban.  Jugaba con mi cabello y empujaba su miembro prufundamente en mi garganta.


Me llevó a la sala y me acostó en el sofá sobre mi espalda.  Lamió mis pezones, besó mi cuello y continuó besándome hasta llegar a mi nido de placer para saborear mis jugos.  Sólo se escuchaban quejidos de placer.  Se montó sobre mi y me penetró con rudeza e intensidad…  Me llevó a desconectarme del mundo real y sólo tener sentidos para nuestros sexos.  Aceleraba el paso y lo disminuía, jugó así por largo rato.  Acarició mi sexo con sus dedos mientras me penetraba yo extendí mis brazos para alcanzar sus caderas, deseaba que se moviera más rápido para alcanzar un orgasmo, habَía jugado demasiado y sentía la urgente ansiedad de completar el acto.  No entendió mi mensaje así que le dije: “Muévete rápido y no te detengas”, no respondió con palabras, sino con actos… Se aferró con sus manos de los lados de mi cintura y aceleró el vaivén de sus caderas hasta provocarme gritos de placer.  Apreté sus brazos para mover mis caderas con el propósito de crear una penetración más brusca y profunda.  Sus movimientos acelerados eran espectaculares y a ese ritmo me llevó a experimentar un espectacular orgasmo que me obligó a relajar mi cuerpo y dejar caer mis brazos.  Mi corazón y mi sexo latían fuertemente, estaba fatigada.  César continuó sus movimientos, hasta que se detuvo, tomó su miembro en las manos y esparció sus fluídos tibios sobre mi vientre.  Se dejó caer en el sofá agitado y fatigado también.


Encendió un cigarrillo y me invitó uno.  Me miró por unos segundos y me preguntó mi nombre “Amanda”-le respondí.  Después de varias inhaladas tomó ambos cigarillos y los apagó.


Me tomó de la mano y subimos las escaleras directo a la ducha.  Allí nos besamos bajo el agua, nos relajamos y recargamos energías. Nos enjabonamos y nos acariciamos el uno al otro.  Acariciaba todo mi cuerpo con sensualidad, pausado, explorando. Yo lo observaba detenidamente, es una caracterísca muy peculiar mía y acostumbro hacerlo aún más cuando me gusta un hombre, transmito mis mensajes a través de las miradas.  El era un hombre de pocas palabras pero se comunicaba muy bien con las manos.  Salimos de la ducha, me trajo una toalla y me dijo: “sígueme”.


Me llevó al otro extremo de su habitación y abrió las puertas que llevaban a una majestuosa terraza con una espectacular vista a la ciudad.  Estaba fresco y acogedor.  Nos sentamos en un banco con las piernas abiertas frente a frente, nos miramos detenidamente, serios, en pausa hasta que acercamos nuestras bocas lentamente para besarnos.  Nos acariciábamos con suavidad y delicadeza… Me le acerqué un poco más y puse mis piernas sobre sus muslos.  Nos fundimos en otro prologado beso hasta que sentí su sexo despertar jugueteando entre mis piernas, como me hizo cosquillas  finalmente compartimos la primera sonrisa.  Lo empujé sobre su espalda y me monté sobre él para comenzar a bailar mis caderas en todas las direcciones posibles.  Esta vez jugaba con mis senos y luego me sujó por la cintura guiándome al ritmo perfecto.   Me provocó alcanzar un orgasmo tan espectacluar como el primero, pero una vez liberado mi orgasmo me provocaba cosquillas seguir moviéndome pero afortunadamente César tenía una fuerza en los brazos increíble, gracias a eso él terminó haciendo el resto del trabajo.  Después de liberar su orgasmo e incorporarse nos reímos a carcajadas por el detalle de mis cosquillas.


Que sensación tan placentera sentí al verlo reírse.  Era un hombre muy guapo pero demasiado serio, tenía una sonrisa hermosa y la ocultaba.


Le pedí un poco de agua y le solicité que me llevara a mi casa.  Me pedió pasar la noche con él y no me rehusé.  Nos dirigimos de vuelta a su habitación y nos abrazamos hasta quedarnos dormidos en paz y en calma, relajados y agotados…


Al próximo día me levanté primero que él y me fui a duchar, minutos después me acompañó.  No se dijeron palabras, no se hicieron preguntas.  Me hubicó contra la esquina de la pared y nos besamos.  Manipulé su sexo hacia al mío y jugué con ambos brevemente… Me sacó de la ducha y esta vez nos fuimos a su cama.  Parecíamos amantes primerizos besándonos y retozando entre sonrisas.  Repentinamente se detuvo, despejó el cabello de mi cara y me preguntó por qué no me había encontrado antes. Yo guardé silencio.  Sus palabras me hicieron sentir muy bien y lo que él no sabía era que yo estaba más feliz que él por haberlo conquistado.  Continuamos nuestro juego en  la cama.  Se esmeró en hacerme sentir bien, tocarme donde yo quisiera, besarme donde le pidiera, moverse a mi gusto e inundarme de placer y exitación.  No me permitió hacerle nada, “El momento es tuyo, disfrútalo”-me dijo.  Yo seguí sus instrucciones al pie de la letra porque todo lo que hacía lo hacía muy bien. De más está decirles que César me llevó más allá del cielo, me hizo sentir mujer y una muy especial.  En ese momento yo me había entregado a él completa, en cuerpo y alma…Es loco decirlo pero esta vez sentí diferente y sin temor a equivocarme me atrevo decir vez no tuvimos sexo, César me hizo el amor…


Después de descansar un rato bajamos a su cocina a desayunar.  César no era buen cocinero pero tenía todos los ingredientes necesarios para preparar un buen desayuno así que me esmeré en complacerlo.  Pasamos un rato muy acogedor y divertido en la cocina.  César me abrazaba por la espalda, me daba besos en el cuello, compartíamos besitos en los labios.  De repente me arropó la tristeza porque nos comportábamos como la “pareja perfecta” pero la magia terminaría pronto porque tarde o temprano yo tendría que partir…


Eventualmente llegó el momento de despedirnos.  Como yo prefería permanecer en el anonimato llamé un taxi.  Me preguntó si nos volveríamos a ver.  Tomé mi tiempo para responder pero finalmente contesté que sí, que nos volveríamos a ver, que esperara por mi… Me despedí de César sin mucha ceremonia porque estaba muy afligido de verme partir.  Lo que nació entre nosotros durante las horas que compartimos juntos me lo llevé en el corazón como un bonito recuerdo…


Durante las próximas dos semanas pensé en César a cada momento.  No podía sacarlo de mi cabeza.  Tenía tantas cualidades a mi favor y me hizo sentir tan bien… Recordaba su sonrisa y me provocaba sonreir… Ya aturdida de tanto pensamiento reconocí que me estaba torturando sin razón.  Yo sabía en dónde encontrarlo y en dónde vivía, sólo tenía que llegar hasta él.  Llegó la noche y me preparé para salir determinada a que lo volvería a conquistar.  Prefería ir primero al bar donde nos conocimos y allí lo encontré como la primera vez solo… Me senté a su lado y lo ataqué con mi punzante particular mirada hasta que notó presencia.  La alegría iluminó su rostro y me regaló una hermosa sonrisa. Le guiñé un ojo y le pregunté: “deseas a Amanda esta noche?”.  Se puso de pie para abrazarme, me tomó de la mano y partimos…




Artemisa©



TE INVITO A DEJAR UN COMENTARIO SOBRE ESTA HISTORIA O MARCA "LIKE" SI TE HA GUSTADO.
¡GRACIAS POR TU VISITA!

3 comentarios:

Artemisa dijo...

Tomamos decisiones en la vida por prestarle atencion a nuestro corazon, el mejor receptor y guia de nuestros sentimientos e impulsos. Nos tomamos el tiempo de analizar esas emociones, pero el corazon siempre gana.

Anónimo dijo...

Me encanto la historia...

Anónimo dijo...

Me ha encantado? Fascinante