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¿BAILAS?

Me apetecía bailar, sentir que la música me calentara la sangre, mover las caderas, sudar…

Visité el club de moda a la media noche. De seguro encontraría pareja para bailar entre tanta gente. Una vez que entré caminé como mejor pude para identificarme con el ambiente y buscar un buen bailarín, que estuviera solo y que luciera atractivo.


Modelé por los alrededores hasta identificar lo que parecía ser un buen candidato y lo invité a bailar. Aceptó sin reparos, tocaban música tropical y para mi decepción el chico no la sabía bailar. Le dije: “obsérvame primero y sigues mi ritmo”, le di una pequeña muestra de mis dotes de bailarina, le coloqué los brazos en la posición correcta y le pregunté, “¿estás listo? y comenzamos a bailar. El pobre chico no sentía el ritmo. Se me ocurrió pensar que no podía ser caribeño, esto a nosotros nos corre en la sangre y a él no le sale… Tomamos un receso y me siguió para conversar, pero no me daría por vencida.

Su nombre era Jorge y tuve razón, no era caribeño, era europeo así que le disculpé su falta de ritmo. Jorge era guapísimo, joven y encantador. Me contó que  había venido de visita por unos días y viajaba solo. Se excusó por no saber bailar nuestros ritmos y le dije: “no te preocupes, lo vamos a intentar de nuevo…”

Nos ubicamos en un área menos aglomerada e hicimos el mismo montaje anterior, “éste es el ritmo, manos aquí, manos allá”. Esta vez crucé mi pierna entre las suyas y él me imitó. Obviamente al no conocer el baile, hacía lo que le indicara, aún así me miró con sorpresa, expresión que ignoré. “Sigue mi ritmo Jorge, concéntrate en el movimiento de mis caderas”.-le dije. Esta vez el ritmo lo llevó un poco mejor, sonreía complacido. La mano que tenía en mi cintura se la bajé a mi trasero con la intención de que me acercara más a él. Entendió el mensaje muy bien y bailábamos bien pegaditos. Yo rozaba su entrepierna y el la mía. Aproveché los movimientos para tropezar con su sexo, de igual manera rozaba el mío contra su pierna hasta que nos fuimos excitando…

Durante ese proceso decidí escoger a Jorge como mi aventura de la noche y le iba a hacer ese mismo obsequio a él. Era turista, necesitaba llevarse un buen recuerdo de su estadía...

Jorge bailaba con rigidez pero continuamos haciendo el mejor intento por bailar hasta que sentí la dureza de su sexo sobre mi pierna y con más ritmo cruzaba mi pierna entre las del. Me seguía sujetando firmemente el trasero hasta que se fue relajando y acomodando a mis contornos para buscar mejor contacto entre su sexo y mi pierna. Tomó confianza y me viró de espaldas a él para presionar su sexo contra mi cuerpo. Me sujetó por la cintura y le subí las manos para que tocara mis pechos. Era evidente que lo estaba disfrutando tanto como yo. Aprovechó la oportunidad y me beso por el cuello mientras yo continuaba moviendo mis caderas para mantener su erección hasta que di media vuelta y busqué sus labios para besarlo sin despegarme de su cuerpo.

Repentinamente dejó de bailar y me tomó de la mano para llevarme hasta un área de descanso y nos sentamos en un sofá. Todo los que estaban allí estaban besándose y acariciándose. Me senté sobre su falda, de lado y nos envolvimos en el beso más prolongado de mi vida, un beso jugoso, baboso, salvaje, sabroso. Acomodé mi mano para seguir apretujando su sexo con ansias de poder sentirlo. Llevé las manos de Jorge de nuevo a mis pechos, esta vez por debajo de mi blusa para que sintiera mi piel. No soportaba más la excitación que me arropaba y cambié de posición para sentarme sobre sus piernas de frente a él.

Nos fundimos en otro prolongado, delicioso beso. En esa posición podía hacer contacto sexo con sexo, aún sobre la ropa. Cerré los ojos para ignorar el mundo y con energía me movía libremente para satisfacerme. Sentía la protuberancia de su sexo cada vez con más intensidad y lo presionaba para rozarlo con mi entrepierna. Jorge se entregó al momento tanto como yo y con sus manos sobre mis caderas me movía para complementar la fricción tan intensa que compartíamos. Continuábamos rozando nuestros sexos con fuerza, con la necesidad de terminar y terminar satisfechos. Jorge comenzó a levantar sus caderas y lo sentía cada vez más cerca de mí hasta que sentí que relajó su cuerpo dejando escapar un quejido de satisfacción y dejó caer sus brazos, yo continué frotando mi sexo con el suyo hasta que lo alcancé con un majestuoso orgasmo. Grité de placer como me dio la gana, que más da, el volumen de la música absorbió mis gritos.

Permanecí sentada sobre sus caderas y le cubrí la cara con mi cabello. Lo miré y él me sonrió, nos besamos apasionadamente y me interrumpió para ofrecerme un trago. Caminamos hasta la barra tomados de las manos ignorando las miradas. En el camino algunos hombres hasta lo felicitaron. Yo simplemente sonreía con picardía, arropada de sensualidad y con las pantaletas mojadas. Imagino que Jorge estaría sufriendo la misma incomodidad, pero esa incomodidad gusta, se disfruta, es la recompensa de un intenso compartir.

En la barra pedimos unos tragos y ya con el alcohol en la cabeza le pregunté, “¿bailas?” y asintió con una sonrisa. Esta vez se movió como caribeño adoptado, con ritmo y sin pisarme los pies. Una pieza de música tropical la convertimos en una pieza erótica, yo movía mi cuerpo con sensualidad y sacudía el cabello con coquetería, Jorge me tocaba todo el cuerpo como deseando sentir mi piel, pidiendo más. Se me acercó al oído y me solicitó que fuéramos a su hotel.

Partimos del club. Iba contenta y satisfecha, había conseguido lo que deseaba: bailé, sentí la música calentarme la sangre, moví las caderas y sudé… Además salí de allí con un premio y lista para compartir con Jorge una larga madrugada….

Artemisa©




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2 comentarios:

fulgen dijo...

Esa description del beso..."jugoso,baboso,sabroso" vale un millon...

Artemisa dijo...

"Cerré los ojos para ignorar el mundo..."